Donald Trump fue recibido el miércoles por la noche en el Palacio de Versalles para una recepción y una cena privadas ofrecidas por el presidente francés Emmanuel Macron, tras la conclusión de la cumbre del G7 en Evian.
El presidente de Estados Unidos cruzó el patio del palacio y posó para los fotógrafos ante las célebres puertas doradas de Versalles antes de reunirse con Macron en el interior de este sitio declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. El acto conmemora el 250 aniversario de Estados Unidos y tiene lugar en un momento en que prosiguen las conversaciones entre Washington y sus aliados europeos sobre cuestiones como Irán, Ucrania y el comercio.
Trump afirmó que aceptó la invitación porque es "un admirador de los lugares bellos", mientras que Macron describió Versalles como "una herramienta diplomática y un instrumento de influencia". El dirigente francés ha intentado mantener un contacto estrecho con Trump mientras ambas partes afrontan una serie de retos internacionales.
La cena en uno de los monumentos más emblemáticos de Francia puso fin de forma ceremonial al encuentro del G7 y ofreció a ambos mandatarios la oportunidad de mantener conversaciones informales lejos de la mesa de la cumbre.