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La violencia machista, y cómo el abuso se escuda detrás del "amor"

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Por Amaranta Zermeno Jimenez
Una actriz camina cerca de una fila de zapatos rojos que representan a las mujeres asesinadas, 9/3/2020, Ciudad de México, México
Una actriz camina cerca de una fila de zapatos rojos que representan a las mujeres asesinadas, 9/3/2020, Ciudad de México, México   -   Derechos de autor  Fernando Llano/Copyright 2020 The Associated Press. All rights reserved.

Son cerca de las 10.00 horas de la mañana en un juzgado de Violencia sobre la Mujer de Madrid, en España. Empieza el primer juicio rápido por malos tratos y preguntan a la mujer si quiere contar lo que ha sucedido, pero ella renuncia a hacerlo. No es extraño que ocurra, casi es habitual. "¿Quiere contarnos lo que ha sucedido?", le pregunta la jueza, a lo que ella responde: “No puedo, le quiero".

Según los últimos datos del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) español, correspondientes al segundo trimestre del año, las víctimas de violencia machista que rehusaron declarar en España fueron 4.231, un 33,89 % más que hace un año.

No obstante, pese al incremento, acorde con el experimentado por el número total de víctimas, la ratio de mujeres que se acogieron a la dispensa fue muy similar al de hace un año: 10,53 víctimas por cada cien casos frente a las 10,31 de cada cien en el mismo periodo de 2020.

¿Por qué abandonan la denuncia?

En el largo proceso judicial de una denuncia nacida de algún tipo de violencia machista, no es raro que las víctimas decidan abandonar la causa. Eso puede deberse a diversos factores relativos al bienestar físico, psicológico, o a la misma integración social: Miedo a las represalias, vergüenza, tendencia a minimizar el abuso, miedo a las reacciones de familiares y amigos.

Matt Dunham/Copyright 2021 The Associated Press. All rights reserved
Una mujer sostiene un cartel que lee "culpa al sistema, no a la víctima", 15/3/2021, Londres, Reino UnidoMatt Dunham/Copyright 2021 The Associated Press. All rights reserved

Para algunas víctimas, el problema se encuentra en el sistema de justicia penal, ya que dudan sobre su eficacia (según un estudio de la organización estadounidense Red Nacional contra la Violación, el Abuso y el Incesto (RAINN), de cada 1.000 violaciones, sólo seis violadores pasan un día en la cárcel).

Pero para otras víctimas, el problema no es necesariamente el abuso en sí, sino el abusador, y la relación que podrían tener con él.

El Síndrome de Estocolmo y la violencia de pareja

Especialistas en psicología han buscado cuestionar los vínculos paradójicos entre víctima y agresor, sobre todo aquellas que implican vínculos afectivos o emocionales.

Según Andrés Montero, de la Sociedad Española de Psicología de la Violencia, existe una teoría en el desequilibrio de poder y la intermitencia en el tratamiento bueno-malo, que generan en la mujer maltratada el desarrollo de un lazo traumático que la une con el agresor a través de conductas de docilidad. El abuso crea y mantiene en la pareja una dinámica de dependencia debido a su efecto asimétrico sobre el equilibrio de poder, siendo el vínculo traumático producido por la alternancia de refuerzos y castigos.

Otra teoría para explicar el comportamiento paradójico de una víctima de abuso, sería el más conocido Síndrome de Estocolmo, basada en la idea de que el síndrome es el producto de un tipo de estado disociativo que lleva a la víctima a negar la parte violenta del comportamiento del agresor mientras desarrolla un vínculo con el lado que percibe más positivo, ignorando así sus propias necesidades y volviéndose hipervigilante ante las de su agresor.

Un estudio sobre el “Síndrome de Estocolmo en Mujeres Mexicanas Víctimas de Violencia de Pareja”, encontró que efectivamente, varias mujeres víctimas de violencia en pareja presentan síntomas del síndrome: “los puntajes del síndrome de Estocolmo están relacionados íntimamente con la frecuencia y severidad de la violencia, aunque se encontró que esto depende también de otros factores, tales como el tipo de relación de pareja y de violencia experimentados.

Más allá de un simple cambio de parecer, las víctimas de violencia machista terminan por estar involuntariamente sujetas a sus propias reacciones psicofisiológicas. Escudado detrás de la palabra “amor”, el abuso termina por adoptar muchas formas. Una ficción que lamentablemente, no siempre está bajo el control de la justicia.

Fuentes adicionales • Berta Pinillos