Se han analizado miles de mensajes en redes contra la energía eólica mientras los investigadores alertan de que la seguridad energética de Europa podría estar en riesgo.
Suecia es el país más afectado por un ataque coordinado contra la energía eólica, según un nuevo análisis. El año pasado, Suecia generó un impresionante 99 por ciento de su electricidad a partir de fuentes de bajas emisiones, la proporción más alta de toda la Unión Europea.
Este liderazgo correspondió a la energía hidroeléctrica (40%), seguida de la nuclear (27%), la eólica (23%) y la solar (dos por ciento). Según el grupo de expertos en energía Ember, Suecia solo dependió de los combustibles fósiles para el 1,2% de su electricidad en 2025, lo que situó las emisiones per cápita muy por debajo de la media de la UE.
Pese a este mix energético notablemente verde, una investigación en línea advierte de que la desinformación e información falsa sobre la energía eólica se han extendido por el país, hasta el punto de suponer un "riesgo sistémico para la seguridad de Europa".
El movimiento contra la energía eólica en Suecia
WindEurope, que se autodefine como "la voz de la industria de la energía eólica", se alió con CASM Technology para cartografiar por primera vez el sistema europeo de oposición a la energía eólica. El estudio analizó más de 42.000 publicaciones en redes sociales de Facebook, Instagram, X (antes Twitter), YouTube, TikTok y LinkedIn, entre el 1 de mayo de 2024 y el 28 de febrero de 2026.
Estas publicaciones generaron 6,3 millones de "interacciones activas", como 'me gusta' y contenidos compartidos, además de decenas de millones de visualizaciones. Más del 68% de las publicaciones analizadas se encuadraron en relatos contrarios a la energía eólica basados en información falsa o desinformación, y el resto se clasificó como contenido crítico no basado en desinformación.
Existe una diferencia importante entre información falsa y desinformación. La primera es información errónea o sacada de contexto que alguien presenta como si fuera cierta. La desinformación, en cambio, es falsa de forma deliberada y busca engañar a quien la recibe.
La mayor parte de las publicaciones con información falsa o desinformación se escribieron en Suecia, casi 7.000, seguida de Francia, Noruega, Finlandia, Reino Unido y Alemania. En conjunto, estos seis países concentraron el 75% del conjunto de datos.
"Sin embargo, los países que producen más contenido contrario a la energía eólica no son siempre los que suscitan más reacción", señala el estudio. "Polonia, Bulgaria, Eslovaquia, Italia, Grecia y la República Checa generaron menos contenido antieólico en el conjunto de la red, pero el que sí produjeron tendió a atraer más interacciones".
En realidad, Reino Unido fue el país con más interacción en sus publicaciones antieólicas, seguido de Alemania, Noruega y Francia. Suecia ocupó el séptimo lugar, con más de 419.000 interacciones activas.
Según el informe, este tipo de contenidos ha creado un "amplio ecosistema en toda Europa" formado por actores del mundo de la comunicación y la política, además de organizaciones de la sociedad civil y activistas individuales.
El ataque contra la energía eólica
El estudio agrupó los relatos de información falsa y desinformación sobre la energía eólica en cuatro categorías. Los "relatos de fraude y antidemocráticos" fueron los más habituales, presentan a los promotores y defensores de proyectos eólicos como "actores codiciosos dispuestos a asumir graves daños ambientales y sociales con tal de obtener beneficios" y como "una imposición de élites políticas o económicas lejanas sobre poblaciones locales que no la desean".
También se identificaron "relatos de destrucción ambiental", que buscan presentar los aerogeneradores como dañinos para la naturaleza y la fauna, creando la "equivocada impresión de que la energía eólica tiene un profundo impacto neto negativo sobre los ecosistemas".
Aunque la construcción de parques eólicos suele afrontar objeciones por motivos ambientales, la mayoría de los expertos coincide en que los beneficios para el medioambiente de reducir el uso de combustibles fósiles superan cualquier posible alteración para la vida silvestre.
Los críticos suelen sostener que los aerogeneradores ponen en peligro a las aves, pero un estudio reciente analizó más de cuatro millones de movimientos de aves con ayuda de radares y cámaras basadas en inteligencia artificial durante un año y medio. Concluyó que más del 99,8% de las aves migratorias esquivó sin problemas los aerogeneradores.
Por último, los "relatos sobre inviabilidad tecnológica y fracaso económico" sumaron más de 8.000 publicaciones. Presentan los aerogeneradores como elementos "desestabilizadores", los vinculan de forma falsa con apagones eléctricos y describen los proyectos eólicos como "económicamente absurdos".
A principios de este año, ENTSO-E, la red europea de operadores de sistemas de transporte de electricidad, publicó su informe final sobre el gran apagón que dejó sin suministro a parte de España y Portugal el 28 de abril del año pasado. Pese a las afirmaciones de que lo provocaron las energías renovables, el informe concluyó que los aerogeneradores no figuraban entre las causas de origen.
Aunque estas afirmaciones han sido desmentidas, la información falsa y la desinformación están influyendo en la percepción de la ciudadanía. "Una mayoría de alemanes, belgas, neerlandeses, franceses y suizos cree ahora que la transición hacia las renovables encarecerá la factura eléctrica de los hogares, pese a que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) sostiene lo contrario", señala el informe.
"En Francia, Polonia, Bélgica y Suiza, aproximadamente la mitad o más de la población cree que los coches eléctricos son igual de perjudiciales para el planeta que los de gasolina o gas, pese a que existe un sólido consenso académico de que los vehículos eléctricos tienen un impacto ambiental significativamente menor que los de gasolina o diésel".
Según una encuesta de la Unión Europea sobre redes sociales, más del 80% de los ciudadanos comunitarios cree haber estado expuesto a desinformación o noticias falsas en la última semana, y en torno al 50% afirma que le resulta difícil distinguir en las redes entre información fiable y desinformación sobre el cambio climático.
¿Cuáles son las consecuencias de la desinformación?
El estudio sostiene que la información falsa y la desinformación suponen una grave amenaza para la democracia y el debate público, y que los rivales de la UE pueden utilizarlas como arma para "atacar el modelo de negocio de las empresas europeas".
En plena guerra con Irán, los autores advierten de que retrasar la transición de Europa hacia energías renovables propias y competitivas no solo afecta a las empresas europeas, también lastra la competitividad económica del continente y su seguridad energética en sentido amplio.
Los responsables políticos pueden aprovechar estos sentimientos contrarios a la energía eólica para obtener réditos electorales, algo que históricamente ha llevado a aplazar o incluso bloquear proyectos de energías renovables. En Estados Unidos, Donald Trump está aplicando medidas para frenar la eólica marina con el argumento de que supone un riesgo para la seguridad nacional.
"El municipio búlgaro de Vetrino se convirtió en el primero de Europa en imponer una moratoria total a la energía eólica, lo que bloqueó de facto el desarrollo del parque eólico terrestre Dobrotich de 500 MW, valorado en aproximadamente 1.200 millones de euros", explica el informe.
"La oposición al proyecto se alimentó de afirmaciones demostrablemente falsas, entre ellas que los aerogeneradores causan cáncer, plagas o el colapso de la agricultura. Redes organizadas en Telegram desempeñaron un papel central en la difusión de estos relatos y en la movilización de la oposición".
En los casos más extremos, los autores alertan de que la información falsa y la desinformación sobre la energía eólica pueden llegar incluso a provocar ataques violentos contra proyectos eólicos.
"Los relatos radicales de información falsa y desinformación que presentan los proyectos eólicos y solares como ilegítimos, corruptos o una amenaza existencial pueden contribuir a escalar desde la oposición política y legal hasta la violencia física contra las infraestructuras de energías renovables y sus trabajadores. Una vez que estos relatos calan, el sabotaje y la intimidación tienden a presentarse cada vez más como formas de resistencia justificadas en lugar de como actos delictivos", señala el informe.