Los científicos apuntan que los efectos del cambio climático podrían haberse pasado por alto al estudiar determinadas enfermedades durante la Revolución Industrial.
Un cementerio de varios siglos de antigüedad está arrojando luz sobre cómo los choques climáticos pueden haber contribuido a las enfermedades durante la Revolución Industrial.
La economía británica basada en la agricultura se transformó en una potencia manufacturera, aproximadamente entre 1760 y 1840. Durante este periodo, la intensa extracción y quema de carbón para alimentar fábricas y ferrocarriles cubrió las ciudades con una oscura capa de smog.
Esta contaminación, junto con las duras condiciones de trabajo, las viviendas hacinadas y el poco tiempo al aire libre, redujo la cantidad de luz solar que recibía la población.
La luz solar aporta radiación UVB que la piel utiliza para producir vitamina D, necesaria para la fortaleza de los huesos.
El raquitismo, una enfermedad en la que el esqueleto en crecimiento no se mineraliza correctamente, era frecuente entre los niños. Durante años se ha atribuido a la urbanización, la latitud y factores socioeconómicos.
Pero la industrialización tuvo lugar durante la Pequeña Edad de Hielo, un periodo de enfriamiento que se prolongó aproximadamente del siglo XIII al XIX. Se atribuye principalmente a descensos de la actividad solar y frecuentes erupciones volcánicas, que liberan aerosoles que bloquean la luz del sol.
Nuevas investigaciones sugieren que estos choques climáticos naturales pueden haber sido un factor pasado por alto.
Científicos analizan dientes de un cementerio abandonado
Los investigadores han vuelto a estudiar dientes de un cementerio en desuso desde hace mucho tiempo en el nordeste de Inglaterra, llamado Coach Lane, para investigar si la fluctuación climática (cambios en la temperatura de la Tierra, las precipitaciones y las condiciones atmosféricas) contribuyó a las deficiencias de vitamina D en la infancia durante aquella época.
"La mayoría de las personas enterradas en Coach Lane vivieron en periodos afectados por diferencias ambientales en la disponibilidad de luz UV, lo que puede explicar las altas tasas de raquitismo y los defectos en la dentina de los dientes, y sugiere un grave problema de deficiencia de vitamina D", afirma la doctora Ellen Kendall, investigadora arqueológica en la Universidad de Durham y primera autora del estudio.
"Darnos cuenta de que los registros de enterramiento nos permitirían reconsiderar la cronología climática de esta población nos pareció un nuevo enfoque para comprender la deficiencia histórica de vitamina D en la infancia".
Los investigadores analizaron 30 dientes de 21 personas no identificadas que fueron enterradas en el cementerio entre 1711 y 1829. Por aquel entonces, la región empezaba a transformarse de pueblo pesquero en puerto industrial.
Los investigadores estudiaron fallos de mineralización. Se trata de casos en los que la dentina, la capa interna del diente, no llega a convertirse por completo en tejido duro y calcificado.
Estos defectos son frecuentes y pueden tener varias causas, de modo que por sí solos no demuestran una deficiencia de vitamina D. Pero pueden apuntar a una carencia estacional si aparecen a intervalos aproximadamente anuales y están separados por dentina normal.
Como los dientes se forman y crecen siguiendo un calendario natural fijo, los investigadores pudieron determinar a qué edades la dentina dejó de mineralizarse en la comunidad: desde los primeros años de vida hasta el inicio de la edad adulta en algunos individuos.
Estudios anteriores de los esqueletos hallados en el lugar detectaron raquitismo en el 44% de los jóvenes examinados.
La inestabilidad climática no es "nada nuevo"
El registro de enterramientos del cementerio recogía las edades y años de fallecimiento de 109 miembros de la comunidad. Como estas fechas no podían vincularse a individuos concretos, ya que las tumbas no estaban marcadas, los investigadores analizaron a la comunidad en su conjunto.
Los datos mostraron que, de las 109 personas con año de nacimiento conocido, 91 habían nacido durante una gran erupción volcánica o en los 10 años posteriores. De ellas, 41 nacieron en periodos en los que coincidían una baja actividad solar y la actividad volcánica.
Aunque el estudio no intenta medir en qué medida los choques climáticos modificaron la cantidad de luz UV que llegaba al nordeste de Inglaterra, la doctora Kendall señala que el equipo está "bastante seguro" de que el clima fue un factor importante que contribuyó a la deficiencia de vitamina D en los siglos XVIII y XIX, especialmente a través de unas temperaturas más frías que cambiaron el comportamiento de las personas.
El artículo plantea la hipótesis de que pudieron combinarse dos efectos: los aerosoles volcánicos y la baja actividad solar redujeron la luz UV que llegaba al suelo, mientras que los veranos fríos y lluviosos probablemente mantenían a los niños en interiores y más abrigados, limitando aún más la exposición de la piel.
Pero los investigadores subrayan que este no fue el único ni siquiera el principal motivo de las deficiencias de vitamina D. La disponibilidad de radiación UV, las precipitaciones y la temperatura interactuaban con la clase social, la dieta, la ocupación, la latitud y la contaminación.
“La arqueología no suele ofrecer certezas”, afirma la doctora Kendall. Con tantos factores que interactúan, los investigadores apuntan que solo pueden ofrecer explicaciones coherentes con las pruebas disponibles. Sostienen que el clima ha quedado eclipsado por la industrialización y la urbanización en las explicaciones anteriores de la deficiencia de vitamina D.
Por ello, tener en cuenta la variabilidad del clima, tanto natural como provocada por el ser humano, es importante para construir una visión más completa de los factores que han configurado la salud de las personas.
"Pensamos en la inestabilidad climática como un desafío moderno, pero en realidad no es nada nuevo en lo que se refiere a los problemas humanos", explica la doctora Kendall.
"Ya sean pandemias, crisis económicas o cambio climático, es importante comprender cómo se han adaptado las personas a problemas similares en el pasado y utilizar esa información para ayudar a que la gente prospere en el futuro".