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El BCE ante la estanflación: la guerra en Irán complica la bajada de tipos de interés

La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, se dirige a los medios durante una rueda de prensa en Fráncfort, Alemania, el 19 de marzo de 2026
La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, se dirige a los medios durante una rueda de prensa en Fráncfort, Alemania, el 19 de marzo de 2026 Derechos de autor  AP Photo/Michael Probst
Derechos de autor AP Photo/Michael Probst
Por Quirino Mealha
Publicado Ultima actualización
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El Banco Central Europeo afronta una creciente incertidumbre antes de decidir sobre los tipos de interés, mientras Christine Lagarde advierte de que la guerra en Irán complica las perspectivas económicas.

Mientras el Banco Central Europeo (BCE) entra en su periodo de silencio previo a la reunión en la que decidirá los tipos de interés el próximo jueves, los responsables de política monetaria se enfrentan a un panorama económico cada vez más deteriorado marcado por la estanflación y la inestabilidad geopolítica.

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Con las principales economías europeas, entre ellas Alemania e Italia, recortando sus previsiones de crecimiento y con unos costes energéticos al alza, Fráncfort debe apuntalar una economía en desaceleración y, al mismo tiempo, mantener la inflación bajo control.

La presidenta del BCE, Christine Lagarde, evitó dar una orientación clara al subrayar la dificultad de evaluar la situación actual y de sopesar una decisión sobre los tipos, en un discurso pronunciado el lunes con motivo del 75 aniversario de la Asociación de Bancos Alemanes en Berlín.

"El carácter intermitente del conflicto (guerra, alto el fuego, conversaciones de paz, su ruptura, un bloqueo naval, su levantamiento, su reimplantación) hace excepcionalmente difícil calibrar la duración y la profundidad de las consecuencias", explicó Lagarde.

Los bancos centrales suelen recortar los tipos cuando la economía se frena para estimular el crédito y el gasto. Sin embargo, con una inflación que sigue siendo persistente y que probablemente aumente mientras los precios de la energía sigan volátiles por la guerra en Irán, una relajación inmediata podría correr el riesgo de alimentar aún más la inflación.

Otro miembro del consejo de gobierno del BCE, Mārtiņš Kazāks, gobernador del Banco de Letonia, afirmó que "la incertidumbre sigue siendo muy elevada". En declaraciones al 'Financial Times', aseguró que, a la luz de los datos actuales, no hay una necesidad urgente de subir los tipos desde el 2%.

La opción de un 'hold', es decir, de mantener los tipos sin cambios, es también el consenso actual del mercado de cara a la decisión del BCE de la próxima semana, y se da por hecho que el banco central dejará los tipos de interés donde están.

Pese a las presiones estanflacionarias derivadas de la guerra en Irán, los responsables de política parecen optar por una estrategia de "esperar y ver" para determinar si la actual inflación impulsada por la energía derivará en efectos de arrastre más peligrosos.

En sus últimas perspectivas, el Fondo Monetario Internacional ha dibujado un panorama poco alentador de la economía mundial, especialmente en lo que respecta a Europa. En sus últimas proyecciones, publicadas este mes, el FMI rebajó su previsión de crecimiento de la zona euro al 1,1% desde una estimación anterior del 1,4%.

La organización citó explícitamente la guerra en Irán como principal motivo de la revisión, y advirtió de que un conflicto prolongado podría traducirse en un aumento duradero de las primas de riesgo energéticas.

La Reserva Federal y el Banco de Inglaterra

Al otro lado del Atlántico, la Reserva Federal se enfrenta a un problema de inflación igualmente obstinado, aunque acompañado de una economía interna más resistente.

La inflación en EE.UU. repuntó hasta el 3,3% en abril, según los últimos datos, impulsada por los mismos choques de precios energéticos que afectan a Europa. Esto ha disipado en gran medida las esperanzas de que la Reserva Federal que preside Jerome Powell acometa un recorte de tipos la próxima semana.

El tipo de los fondos federales en EE.UU. se sitúa actualmente en una horquilla objetivo del 3,5% al 3,75%, después de que los responsables de política decidieran mantenerlo sin cambios en su reunión de marzo.

La Reserva Federal ha señalado en anteriores ocasiones que un recorte de tipos sigue siendo posible en 2026, ya que el mercado laboral estadounidense continúa tensionado y el consumo se mantiene a pesar del encarecimiento de la financiación.

Sin embargo, las previsiones que apuntaban a múltiples recortes este año se han desvanecido, mientras la idea de tipos más altos durante más tiempo vuelve a ganar fuerza.

Los responsables de política han adoptado un tono más restrictivo y señalan que la persistencia de la inflación y la inestabilidad geopolítica hacen cada vez más incierto el calendario de cualquier relajación.

El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, abandona la reunión del Comité Monetario y Financiero Internacional (IMFC) en Washington, 17 de abril de 2026
El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, abandona la reunión del Comité Monetario y Financiero Internacional (IMFC) en Washington, 17 de abril de 2026 AP Photo/Jose Luis Magana

En cuanto al Banco de Inglaterra, se encuentra en una situación similar a la de sus homólogos europeos. La inflación en el Reino Unido alcanzó también el 3,3% este mes, según los datos publicados esta semana, impulsada en gran medida por el encarecimiento de las importaciones de energía.

Las perspectivas económicas británicas siguen siendo frágiles, y el banco central mantiene una postura de política restrictiva pese a un crecimiento anémico. El tipo de referencia del Banco de Inglaterra se sitúa actualmente en el 3,75%, sin cambios desde el último recorte de diciembre de 2025, y los mercados dan por muy probable que se mantenga en la reunión de la próxima semana.

El relato seguirá centrado en la inflación importada vinculada a la guerra en Irán. Aunque los operadores habían descontado antes varios recortes para la primavera y el verano, las expectativas han virado hacia un enfoque 'reunión a reunión'.

Sobre un telón de fondo de fragilidad económica y mercados energéticos volátiles, el consenso predominante en los mercados apunta a una pausa coordinada de los tres grandes bancos centrales la próxima semana.

Con el BCE, la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra previsiblemente manteniendo los tipos de interés en sus niveles actuales, la atención de los inversores probablemente se traslade de las decisiones en sí al lenguaje que empleen los responsables de política.

Los analistas analizarán con lupa cada palabra en busca de pistas sobre cuánto tiempo se prolongará esta postura restrictiva, mientras la economía mundial sigue condicionada por la imprevisibilidad de la guerra en Irán.

En última instancia, la trayectoria de la política monetaria en lo que queda de 2026 continúa marcada por una situación geopolítica que se desarrolla muy lejos del control de los gobernadores de los bancos centrales.

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