El presidente chino Xi Jinping aprovechó la visita a Pekín de Donald Trump para tranquilizar a los dirigentes empresariales estadounidenses sobre el compromiso de China de seguir abriendo su economía a la inversión extranjera.
El presidente chino Xi Jinping trató de adoptar un tono conciliador con los líderes empresariales estadounidenses durante la visita de Estado a Pekín del presidente de Estados Unidos Donald Trump, y aseguró a los ejecutivos que China "solo abrirá aún más su puerta" y que "los lazos económicos y comerciales entre China y Estados Unidos son mutuamente beneficiosos, una relación en la que ambas partes salen ganando".
Esta declaración llega en un momento en que China intenta aprovechar la visita de Trump para proyectar estabilidad económica y presentarse como un destino atractivo para la inversión extranjera, en un contexto de desaceleración del crecimiento y mayor incertidumbre geopolítica.
Según los comunicados difundidos por el ministerio de Exteriores chino y la agencia oficial 'Xinhua', Xi afirmó que Pekín seguirá ampliando el acceso al mercado y mejorando las condiciones para las empresas extranjeras que operan en el país.
El presidente chino llegó incluso a afirmar que "las empresas estadounidenses están profundamente implicadas en los esfuerzos de reforma y apertura de China" y que el país acoge con satisfacción una mayor cooperación mutuamente beneficiosa con su principal rival económico.
Xi describió además la globalización económica como una "tendencia histórica irreversible", mientras la cobertura de la cumbre en los medios estatales chinos ponía el acento en la cooperación económica y presentaba a China como defensora de unos mercados globales abiertos y de cadenas de suministro estables.
A pesar del tono positivo que rodeó la visita de Trump, los principales desacuerdos entre Washington y Pekín siguen sin resolverse, especialmente en el sector tecnológico.
Tanto la Administración Biden como la de Trump impusieron restricciones a las exportaciones de tecnología avanzada de semiconductores a China por motivos de seguridad nacional. Pekín ha criticado reiteradamente estas medidas, alegando que restringen de forma injusta el desarrollo tecnológico chino.
Por el momento no se han hecho públicos avances concretos hacia un acuerdo que alivie estas restricciones o que resuelva los problemas en otros sectores.
Aun así, ambos Gobiernos parecían empeñados en presentar la visita como constructiva, y Pekín aprovechó la presencia de destacados ejecutivos estadounidenses para reforzar su mensaje de que China sigue abierta a los negocios pese a las tensiones persistentes con Washington.
Los directores ejecutivos se reúnen con el primer ministro chino Li Qiang
Además de la reunión principal entre el presidente chino Xi Jinping y el presidente de Estados Unidos Donald Trump, varios altos ejecutivos estadounidenses mantuvieron encuentros separados con el primer ministro chino Li Qiang y otros altos responsables económicos en Pekín.
Según informaron los medios estatales chinos, estas reuniones bilaterales se centraron sobre todo en el acceso al mercado, las condiciones de inversión y la cooperación en sectores tecnológicos avanzados.
Ejecutivos como el consejero delegado de Tesla, Elon Musk, el consejero delegado saliente de Apple, Tim Cook, y el consejero delegado de Nvidia, Jensen Huang, junto a otros representantes de grandes grupos financieros e industriales, abordaron con sus interlocutores chinos cuestiones relativas a las cadenas de suministro, la inteligencia artificial, los vehículos eléctricos y la política de semiconductores.
Aunque no se han anunciado públicamente acuerdos concretos, los responsables chinos hicieron hincapié en la continuidad y la estabilidad económica.
Según las cuentas vinculadas al Estado que circularon tras los encuentros, el primer ministro Li Qiang reiteró el mensaje de Xi de que China seguirá mejorando el entorno de negocios para las empresas extranjeras y ampliará sus políticas de apertura.
Estas reuniones empresariales bilaterales reflejan la estrategia más amplia de Pekín de desvincular las relaciones comerciales de las disputas políticas de mayor alcance con Washington, y ponen de relieve el papel cada vez más central que desempeñan las grandes multinacionales en la diplomacia entre Estados Unidos y China.
Para Pekín, acoger a destacados ejecutivos estadounidenses coincidiendo con la visita de Trump permite a los dirigentes chinos proyectar confianza en un momento de presión económica y de creciente escrutinio por parte de los gobiernos occidentales.
Para las empresas implicadas, el viaje ofrece una rara oportunidad de interlocución directa con la cúpula china en medio de la continua incertidumbre sobre aranceles, controles a las exportaciones y trabas regulatorias.
Sin embargo, analistas citados por varios medios internacionales advirtieron de que, aunque la imagen fue positiva, estas conversaciones difícilmente resolverán las tensiones estructurales de fondo que marcan la relación entre las dos superpotencias.