El Comité Federal del PSOE se reunió con la sombra de varios casos de corrupción. Sánchez reconoció el "enfado" interno pero reclamó resistencia. García-Page fue la única voz discordante en un órgano que cerró filas en torno al secretario general.
El PSOE celebró su Comité Federal con la corrupción como telón de fondo y con dos posiciones muy definidas dentro del partido: la mayoría, dispuesta a aguantar, y una minoría crítica que ya no se conforma con esperar.
Pedro Sánchez abrió la sesión asumiendo el daño. Reconoció ante las federaciones que entiende el "enfado" de los socialistas por los casos judiciales que salpican al partido, pero no dudó en marcar el tono de lo que quería transmitir: "coraje y determinación".
El secretario general defendió que no hay financiación ilegal en el PSOE y salió en defensa de su mujer y su hermano, ambos imputados, acusando a sus detractores de difundir "bulos, manipulaciones y fango".
También reivindicó el legado del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, cuya situación judicial incluye una citación a declarar por blanqueo, tráfico de influencias, organización criminal y falsedad documental en relación al caso Plus Ultra.
Sánchez admitió que su lucha contra la corrupción no ha logrado erradicarla del todo. Lo dejó claro poniendo nombres propios: Santos Cerdán, el ex número tres del PSOE, fue encarcelado en prisión provisional sin fianza por el juez Leopoldo Puente por pertenencia a organización criminal, cohecho y tráfico de influencias en el marco de la trama Koldo.
Y el exministro José Luis Ábalos, que también fue secretario de Organización, fue condenado a 24 años de prisión en el caso de las mascarillas. En ambos casos, insistió, el partido actuó con "contundencia". "Esto no es el y tú más", dijo en alusión al PP, partido al que acusó de "connivencia con la corrupción".
García-Page, la voz que no sigue el guión
Antes de que comenzara la reunión, el ambiente ya daba pistas de lo que iba a pasar. Casi todas las federaciones autonómicas llegaron con el mensaje preparado: apoyo a Sánchez, continuidad de la legislatura, sin sorpresas. La excepción fue Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha y secretario general del PSOE en esa región, que volvió a exigir elecciones o una cuestión de confianza, igual que hizo hace un año.
Page no se anduvo con rodeos. Habló de "mucho miedo" en el partido a dar la palabra a los ciudadanos, y afirmó que este es el "peor momento" de la historia reciente del PSOE, el "más grave". Instó, en una referencia que nadie interpretó como velada, a que el partido anteponga "los intereses del país a los propios" y los del partido "de mañana" a los de "cualquier dirigente".
Su frase más directa: "Hoy, España entera se pregunta solamente cuándo". Su única concesión fue decir que espera que las acusaciones contra Zapatero resulten falsas, porque supondría "un socavón inmenso" en la autoestima del partido.
Otra voz crítica esperada, la del presidente de Asturias Adrián Barbón, no llegó a estar presente. Según la delegada del Gobierno en la región, Adriana Lastra, no pudo acudir por un problema de vuelos. La propia Lastra, que habló en el comité, reconoció el "daño reputacional" que la corrupción ha causado al PSOE.
El bloque mayoritario busca aguantar y mirar a 2027
El grueso de las federaciones cerró filas sin fisuras. El ministro Óscar López mostró su "apoyo absoluto y cerrado" al Gobierno. Diana Morant, ministra de Ciencia y líder del PSOE valenciano, dijo que de esta crisis "saldremos más fuertes" y advirtió de que rendirse significaría dejar paso al PP y a Vox.
Salvador Illa, líder del PSC, llegó con "el ánimo muy alto" y se limitó a pedir "esperanza". Francina Armengol, presidenta del Congreso, ya miraba hacia las elecciones de 2027 y habló del comité como "un punto de partida importante".
Tras el comité, Sánchez renovó la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE, con Rebeca Torró como nueva secretaria de Organización, la nueva número tres del partido. También presentó un Protocolo Anticorrupción y Antifraude para reforzar la autonomía del sistema de cumplimiento normativo, haciéndolo depender directamente de la ejecutiva federal.
El mensaje colectivo quedó claro: ni elecciones anticipadas, ni cuestión de confianza, ni congreso extraordinario. La decisión, en todo caso, es del presidente. Y Sánchez, por ahora, no parece dispuesto a tomarla.