El próximo gran desafío para la seguridad europea podría estar bajo el agua. Cables submarinos, tuberías y rutas marítimas sostienen desde las comunicaciones y las transacciones financieras hasta el suministro energético y el comercio.
En torno al 80% del comercio mundial se transporta por barco, mientras que la mayor parte de las importaciones y exportaciones de la UE llegan o salen por mar. Al mismo tiempo, más del 95% de las comunicaciones digitales internacionales pasan por cables de fibra óptica submarinos que se extienden por el fondo oceánico, junto a los oleoductos y gasoductos que transportan buena parte del petróleo y el gas del mundo.
Cualquier daño a estas redes, ya sea por sabotaje, drones, vehículos submarinos no tripulados o ataques militares convencionales, podría interrumpir casi de la noche a la mañana las cadenas de suministro, los sistemas financieros y la seguridad energética.
En consecuencia, la defensa marítima se centra cada vez más no solo en buques de guerra y submarinos, sino también en la vigilancia, las tecnologías autónomas y la protección de infraestructuras submarinas críticas.
La UE ha reaccionado situando la seguridad marítima como uno de los pilares centrales de su estrategia de Defensa. Desde la invasión rusa de Ucrania, el gasto en Defensa se ha acelerado gracias a iniciativas como la Brújula Estratégica, la actualizada Estrategia de Seguridad Marítima de la Unión Europea, la Estrategia Industrial de Defensa Europea y el Fondo Europeo de Defensa.
Al mismo tiempo, programas como EDIP, el instrumento de préstamos SAFE y la estrategia industrial marítima han canalizado fondos hacia la producción naval, los sistemas autónomos, los sensores avanzados y las capacidades antidrones.
Esta inversión se concentra en un puñado de países que constituyen la columna vertebral de la industria de defensa marítima europea. Francia, Alemania, Italia y España representan la gran mayoría de la producción naval de la UE, fabrican submarinos, buques de superficie y otros equipos de defensa marítima. A su vez, Países Bajos, Suecia y Polonia complementan estas capacidades con su experiencia en tecnologías de vigilancia, sensores y sistemas de seguridad marítima.
¿Es la defensa marítima un paso clave y fundamental? ¿Podrá la UE tomar la delantera? Nuestra encuesta es anónima y solo lleva unos segundos completarla. Los resultados se incluirán en la cobertura de XL en toda la UE, con vídeos, artículos y boletines, y ayudarán a orientar nuestra información mientras analizamos cómo puede Europa asegurar su posición en la era de la inteligencia artificial.