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El sector turístico europeo ante la ausencia de rusos: cómo lo ha notado y cómo ha reaccionado

A couple sunbathe in the sea in Barcelona, Spain, Friday, July 9, 2021.
A couple sunbathe in the sea in Barcelona, Spain, Friday, July 9, 2021. Derechos de autor AP Photo
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Por Joshua AskewDavid Mac Dougall & Laura Llach con AFP
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Tras la devastadora invasión de Ucrania por parte Kremlin, los turistas rusos en Europa son ya cosa del pasado. ¿Qué ha significado este cambio?

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Si este verano, durante sus vacaciones en Europa, le da por buscar turistas rusos, es probable que le cueste realmente mucho dar con uno.

Y es que los datos son muy claros: según Schengen Visa Info, en 2022 hubo un 90 % menos de visitantes rusos en Europa, y a medida que se acerca la temporada turística de verano, parece poco probable que esa cifra vaya a cambiar mucho.

Si bien sí es cierto que los rusos más ricos siguen visitando la zona occidental del continente, los turistas de clase media han desaparecido casi por completo, alegando tanto las crecientes dificultades logísticas como los costes.

La razón es, por supuesto, la mortífera invasión rusa de Ucrania, que ha llevado a Occidente a erigir barreras no vistas desde los oscuros días de la Guerra Fría.

¿Qué efecto está teniendo esta pérdida de turistas rusos en Europa? Para averiguarlo, nos fijamos en cuatro destinos: dos fronterizos con Rusia y dos que solían acoger a un sinfín de turistas de este país.

Letonia

Letonia ha sido durante mucho tiempo un imán para los viajeros rusos, debido a su ubicación y a sus lazos históricos.

La vibrante industria turística del minúsculo país báltico se vio, con tantas otras, afectada por la pandemia del COVID. Pero la pérdida de visitantes rusos supuso después un golpe casi igual de duro.

En solidaridad con Ucrania, en septiembre de 2022 el Gobierno letón prohibió la entrada de turistas rusos. El ministro de Asuntos Exteriores del país, Edgar Rinkevics, tuiteó en su momento: "No sois bienvenidos aquí, ¡Poned fin a la guerra contra Ucrania y marcharos de ese hermoso país!".

Michal Dyjuk/Copyright 2022 The AP. All rights reserved
La gente visita la zona del tripoint, donde se unen las fronteras de Polonia, Lituania y el óblast ruso de Kaliningrado, en Zerdziny, Polonia, 7 de julio de 2022Michal Dyjuk/Copyright 2022 The AP. All rights reserved

"Rusia era un mercado importante", revela a Euronews Vladislavs Korjagins, director general de Baltic Travel Group. "Así que, por supuesto, lo echamos de menos. Desde el punto de vista económico, puede que esta decisión no haya ayudado a las empresas locales. Pero, en el plano político, apoyamos a Ucrania".

Korjagins tiene claro que se trata de "la decisión correcta". "La gente entiende que no podemos dar la bienvenida a los turistas rusos mientras sus soldados atacan a los ucranianos".

La guerra de Ucrania supuso que muchos occidentales sintieran que el Báltico era un lugar inseguro, posiblemente el "próximo objetivo" de las tropas rusas. Se trata en verdad de una percepción errónea que, explica Korjagins, ahora está mejorando.

Tras la invasión de febrero de 2022, alrededor del 70 % de las reservas grupales fueron canceladas, según estimaciones del sector turístico letón. Sin embargo, el sector no aceptó estas pérdidas de brazos cruzados, y decidió diversificarse hacia nuevos mercados sin explotar, como el Golfo, volviéndose a su vez más eficiente al reducir los costes laborales. "La verdad es que nos hemos adaptado", confiesa Korjagins.

Finlandia

Alrededor de 1,2 millones de turistas rusos cruzaban cada año la frontera con Finlandia oriental, en autobús o coche, antes de la invasión a gran escala del Kremlin.

Algunos se alojaban en hoteles, pero la mayoría gastaba dinero en los supermercados locales: En la ciudad de Lappeenranta, la media era de 170 euros al día.

Pero lo cierto es que gran parte de la infraestructura turística del distrito finlandés de Lakeland no dependía necesariamente de los turistas rusos, a pesar del gran volumen que estos suponían.

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"La gente que realmente atendía al tráfico transfronterizo ya no está en el negocio", nos explica Mirka Rahman, directora de Turismo de Lappeenranta. "Había muchos minibuses y autobuses que traían a los visitantes diarios, pero eran todos rusos, no empresas finlandesas".

City of Lappeenranta
ARCHIVO: Turistas en la fortaleza de Lappeenranta, verano de 2019City of Lappeenranta

"Compraban ropa, detergente, chocolate, pescado... La mayoría eran alimentos del supermercado, ya que las marcas finlandesas son conocidas por su alta calidad", cuenta Rahman. "Una parte era para llevársela a casa, y otra para venderla".

La avalancha de visitantes que antes de la guerra cruzaba la frontera más larga de la UE con Rusia se ha reducido hoy por hoy a un simple goteo, limitado a los ciudadanos con doble nacionalidad o a aquellos que tienen un visado que les permite entrar y salir.

La región de Carelia del Sur, cuya ciudad más grande es Lappeenranta, ha perdido unas 100 000 pernoctaciones rusas desde el comienzo de la guerra.

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Ahora la zona está más orientada hacia los finlandeses como destino vacacional nacional, mientras se trata igualmente de captar a clientes de Alemania, Italia y los países del Benelux. Estos son turistas que gastan mucho más al día, según Rahman, que sus homólogos rusos.

"Las tendencias han cambiado", afirma la experta. "Aquí nadie hace cálculos sobre el regreso de los rusos".

España

No sólo los países fronterizos con Rusia se ven afectados.

Aunque el país nunca fue una fuente importante de visitantes a España, lo cierto es que los rusos fueron uno de los grupos de mayor crecimiento en los últimos años.

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Solo en 2019, alrededor de 1,3 millones de viajeros rusos llegaron al país del sur de Europa, lo que representa el 1,3 % del total, según el Instituto Nacional de Estadística de España.

Aun así, su ausencia se sigue notando, sobre todo porque algunas zonas dependían más de los turistas rusos que otras, como por ejemplo la Costa Dorada, donde estos visitantes representaron entre el 10 y el 15 % del total.

JOSE JORDAN/AFP or licensors
Los veranenantes disfrutan del sol en la playa de Torrevieja, cerca de Valencia, el 1 de mayo de 2023JOSE JORDAN/AFP or licensors

"El año pasado los efectos de la falta de turismo fueron claros, y este año también se nota", reconoce a Euronews Albert Savé, presidente de la Asociación Hotelera de la Costa Dorada.

Según Savé, en 2019 hubo 1 290 000 pernoctaciones en la zona, y ese número ha pasado ahora a cero, salvo "uno o dos rusos" que venían en coche a través de Turquía o Finlandia.

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Lo que diferenciaba a los rusos, continúa Savé, era su alto nivel de consumo de lujo, muy beneficioso para los negocios locales especializados.

"Cuando estaban aquí, los rusos gastaban porque venían de lejos... Hacían muchas excursiones, y compraban productos de la zona, por el atractivo del vino, el aceite, los embutidos, la ropa...", explica el hotelero español. "Su comportamiento era diferente al de los británicos, que vienen por el sol".

República Checa

Las ciudades balneario checas han experimentado un fuerte descenso de visitantes rusos adinerados.

Las ciudades de Karlovy Vary, Marianske Lazne y Frantiskovy Lazne vieron un rayo de esperanza cuando la UNESCO las declaró Patrimonio de la Humanidad en 2021. Pero su alegría duró poco.

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Cuando los tanques rusos cruzaron la frontera ucraniana, el país centroeuropeo se sumó a las sanciones europeas impuestas al país.

La cuota de clientes rusos —sus mayores gastadores, que además se quedan mucho más tiempo que los locales— cayó de 61 000 en 2019 a apenas unos miles el año pasado.

"El turista checo medio gasta unas 700 coronas (30 euros) al día. Los huéspedes de habla rusa gastan más de 3500 coronas (150 euros)", revela el director de CzechTourism, Jan Herget.

Sin embargo, la pérdida de turistas rusos es sólo una parte de sus problemas. Las ciudades balneario también se enfrentan a la escasez de personal, con un desempleo checo del 3,5 % en los dos últimos años y una inflación que en septiembre alcanzaba un récord del 18 %.

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