La construcción de un nuevo aeropuerto, llamado a recortar drásticamente los tiempos de viaje hasta la antigua ciudadela inca, lleva años sobre la mesa. El Gobierno asegura que el proyecto estará acabado el próximo año.
Machu Picchu es, sin lugar a dudas, la mayor atracción turística de Perú y en 2024 recibió más de 1,5 millones de visitantes. Esa cifra podría dispararse el próximo año, cuando está previsto que un nuevo aeropuerto facilite el acceso a la antigua ciudadela inca.
Aunque su apertura es bien recibida por los visitantes, ya que el sitio es famoso por su difícil acceso, los vecinos de la zona, los arqueólogos y, sobre todo, los ecologistas llevan mucho tiempo protestando contra la construcción.
El largo viaje hasta Machu Picchu
Actualmente, los viajeros que quieren contemplar los restos de Machu Picchu, del siglo XV, tienen por delante un largo desplazamiento. La mayoría vuela al aeropuerto de Lima, la capital de Perú, y luego toma un vuelo nacional a Cuzco. Después hay que coger un tren o un autobús hasta el pueblo de Aguas Calientes, seguido de un trayecto de autobús de 25 minutos o de una caminata hasta la ciudadela.
Otra opción es una caminata de cuatro días por los Andes, a través del conocido como 'el camino del inca'. Para algunos viajeros, la llegada a pie forma parte de la experiencia, teniendo en cuenta que la ciudadela se construyó deliberadamente oculta y a una gran altitud. Pero para muchos, un viaje tan largo simplemente no es viable.
Un nuevo aeropuerto planeado para Machu Picchu
Un nuevo aeropuerto que recortaría drásticamente los tiempos de viaje a Machu Picchu lleva mucho tiempo sobre la mesa. Tras décadas de retrasos, por la falta de financiación y los escándalos de corrupción, el proyecto podría estar por fin acelerándose.
El aeropuerto internacional de Chinchero se ubicará en las afueras de Chinchero, una histórica ciudad andina, lo que permitirá a los viajeros evitar las escalas en Lima y Cuzco, lo que supondrá ahorrar horas de viaje. En el lugar de las obras apenas ha habido actividad hasta ahora, pero las autoridades han anunciado que el aeropuerto estará terminado a finales de 2027.
El nuevo aeropuerto amenaza el legado inca
El nuevo aeropuerto está diseñado para acoger hasta ocho millones de viajeros al año y podría atraer un 200 % más de visitantes a la zona, según la 'BBC'. Sus defensores destacan el impulso económico que supondrá para una región poco desarrollada, desde empleos en la construcción hasta alojamientos y servicios turísticos.
Pero las comunidades indígenas, los arqueólogos y los conservacionistas han advertido desde el principio de los riesgos culturales y medioambientales. Machu Picchu ya ha impuesto límites diarios de aforo gestionados mediante un estricto sistema de reservas debido a la masificación.
Más visitantes ejercerán una enorme presión sobre las frágiles ruinas, alertan los arqueólogos. Los críticos señalan que los aviones volarán bajo sobre la cercana Ollantaytambo y su parque arqueológico, con daños potencialmente irreversibles para los restos incas.
Quienes se oponen al aeropuerto subrayan también el peligro que supone para el cercano Valle Sagrado. El paraje, que fue el corazón del mayor imperio del mundo en el siglo XV, está salpicado de caminos, construcciones y redes de riego incas y de una mina de sal, muchos de ellos aún en uso. Los terrenos que hay que despejar para la construcción amenazan directamente este patrimonio.
"Este es un paisaje construido por el hombre; hay terrazas y caminos diseñados por los incas", explicaba en 2019 al diario 'The Guardian' Natalia Majluf, historiadora del arte peruana en la Universidad de Cambridge. "Construir un aeropuerto aquí lo destruiría".
El nuevo aeropuerto agravará la escasez de agua
Las tradiciones agrícolas y el entorno natural también están en riesgo, advierten los conservacionistas. Desde que se anunció el nuevo aeropuerto, las familias productoras de maíz de los alrededores de Chinchero han ido vendiendo sus tierras de cultivo, según la 'BBC'.
El tráfico aéreo y de vehículos hacia el aeropuerto cambiará de forma drástica el carácter de la zona, mientras hoteles y alojamientos turísticos sustituirán a la tradición agrícola en sus alrededores.
Existe el temor de que la construcción agrave la escasez de agua al agotar la cuenca del lago Piuray, del que la ciudad de Cuzco depende para casi la mitad de su suministro. Los sistemas de gestión de residuos ya están al límite y no existe infraestructura de reciclaje.
Quienes se oponen al aeropuerto solo pueden confiar ahora en que, como viene ocurriendo desde hace décadas, la construcción siga enfrentándose a nuevos obstáculos.