Responsables de la Protección Civil italiana afirman que el terreno sigue inestable y que podría producirse otro derrumbe.
Los escombros de viviendas ya destruidas se acumulan al pie del acantilado, y las autoridades advierten de que otro tramo de terreno podría ceder, poniendo en riesgo más edificios.
Se utilizan drones e imágenes por satélite para vigilar la zona roja y medir la velocidad del deslizamiento.
La Policía patrulla unas calles casi vacías mientras los equipos de emergencia permanecen en alerta.
Niscemi, una localidad de unas 25.000 personas asentada sobre frágiles capas de arenisca y arcilla, sufrió un deslizamiento similar hace casi 30 años.
Los expertos advierten de que estos desastres pueden hacerse más frecuentes a medida que el cambio climático provoca un tiempo cada vez más extremo.