El viernes, columnas de humo se alzaron sobre las montañas cercanas mientras el estruendo de los bombardeos resonaba a lo largo de la frontera, lo que obligó a los civiles a huir de los campos temporales y de las aldeas próximas. Los civiles que viven junto a los campos de refugiados escaparon durante la noche por miedo a nuevos ataques. El vecino Waqas Shinwari explicó que la población a ambos lados está agotada y confía en una reconciliación tras meses de inestabilidad.
Las autoridades afganas acusaron a Pakistán de disparar morteros contra zonas civiles, mientras que las fuerzas afganas lanzaron ataques de represalia contra posiciones militares al otro lado de la frontera.
Pakistán llevó a cabo después bombardeos aéreos en Kabul y otras provincias, el ataque más amplio desde el regreso de los talibanes al poder en 2021. Islamabad vincula esta escalada con ataques de militantes a través de la frontera, unas afirmaciones que Kabul rechaza.
Los pasos fronterizos siguen en gran medida cerrados, lo que paraliza el comercio y los desplazamientos familiares. Con la diplomacia bloqueada pese a los esfuerzos de mediación, el riesgo de una confrontación prolongada parece ahora mayor que en ningún otro momento de los últimos meses.