El impacto se produjo en el moshav cercano a Beit Shemesh, al oeste de Jerusalén, lo que provocó el rápido despliegue de equipos de emergencia, fuerzas de seguridad y servicios de rescate. Magen David Adom señaló que atendió y evacuó a siete personas con heridas leves, mientras unidades del Mando del Frente Interior rastreaban la zona del impacto y comprobaban si había más víctimas. El ataque puso de relieve la presión constante sobre las zonas civiles a pesar del sistema israelí de defensa aérea en múltiples capas.
El ataque israelí se produjo en medio de una escalada más amplia que mantiene a las comunidades en alerta desde que la guerra comenzó el 28 de febrero. Las autoridades señalaron que el misil o bien esquivó o bien no fue neutralizado por completo por las defensas aéreas, y que la Fuerza Aérea israelí está revisando el fallo en la interceptación. Los hospitales de Jerusalén, entre ellos Shaare Zedek y Hadassah, recibieron a los heridos.
El bombardeo coincidió además con informaciones sobre lanzamientos de misiles desde Yemen, lo que subraya el riesgo de que se abra un frente regional más amplio. En Eshtaol, donde los vecinos corrieron a los refugios en cuestión de minutos, el impacto inmediato se tradujo en viviendas dañadas, familias conmocionadas y un nuevo recordatorio de lo expuesto que sigue estando el centro de Israel.