Los vídeos difundidos desde la zona mostraban explosiones sucesivas y un gran incendio, mientras que los primeros informes apuntaban a que el ataque había impactado cerca de infraestructuras estratégicas e industriales.
El último bombardeo se produjo tras ataques previos esta misma semana contra Esfahan, un importante nodo de transporte e industrial, lo que pone de relieve la presión sostenida sobre las zonas centrales del país a medida que el conflicto entra en su segundo mes.
El ataque se produjo mientras Israel mantenía operaciones en todo Irán y Teherán lanzaba misiles hacia Israel y contra instalaciones en países del Golfo, lo que avivó el temor a una confrontación regional de mayor alcance.
Sin un balance confirmado de víctimas en Baharestan, el impacto inmediato sobre la población civil seguía siendo incierto, aunque el conflicto ha dejado ya más de 3.000 muertos y ha sacudido los mercados energéticos mundiales.
El precio del petróleo volvió a dispararse esta semana, con el Brent por encima de los 108 dólares por barril, mientras los inversores reaccionaban a la prolongación de la amenaza sobre las rutas de suministro y las infraestructuras en todo Oriente Medio.