Más de 100 pavos reales se han extendido por el municipio costero de Punta Marina, donde los vecinos intentan gestionar el aumento de la población sin dañar a las aves. Los pavos reales deambulan ahora por las calles, se posan en los balcones y se concentran en la playa, y se han convertido en un elemento insólito de la vida cotidiana de esta comunidad costera.
Los vecinos aseguran que las aves han vivido durante años en un complejo aeronáutico abandonado cercano al municipio, pero que su número aumentó de forma notable durante la pandemia de la COVID-19. Algunos residentes se quejan de que los pavos reales bloquean calles, dañan jardines e inquietan a la gente con sus gritos y su comportamiento. Otros los consideran parte de la identidad del municipio y disfrutan del colorido y la atención que atraen.
Las autoridades y los vecinos debaten ahora soluciones respetuosas para controlar la población, proteger a las aves y reducir las molestias en el municipio.