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El nuevo canciller de Alemania | Olaf Scholz o la estrella de un político aburrido

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Por Beatriz Beiras  & Euronews  con euronews
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Olaf Scholz es felicitado por los parlamentarios recién elegido canciller federal por el Bundestag, Berlín, Alemania 8/12/2021
Olaf Scholz es felicitado por los parlamentarios recién elegido canciller federal por el Bundestag, Berlín, Alemania 8/12/2021   -   Derechos de autor  AP Photo

En política Olaf Scholz estuvo sobre todo a las duras más que a las maduras. Comenzó su andadura con 17 años cuando entra en las “Jusos” la potente organización juvenil del Partido Socialdemócrata alemán. Abogado laboralista defiende a los trabajadores atrapados en el torbellino del desmantelamiento de las empresas de la ex-RDA tras la reunificación de Alemania.

Ahora con 63 años llega a la cumbre de la acción política sin haberse saltado ni un sólo peldaño. Secretario general del SPD en 2002 le tocó dar la cara para defender las impopulares reformas del entonces canciller Gerhard Schröder. Ahí se ganó el apodo “Scholzomat” o el autómata Scholz...

En la Gran Coalición con Merkel al frente, se encargó del ministerio de Trabajo durante la crisis financiera de 2008, luego fue alcalde de Hamburgo, y vuelve a la Gran Coalición para ocupar elpoderoso ministerio de Finanzas que había dirigido con mano de hierro el cristiano-demócrata Wolfgang Schäuble.

Tildado de “aburrido” por el influyente semanario Der Spiegel, apenas conocido por el común de los alemanes, Scholz se pone al frente de la lista electoral del SPD, un partido dado por desahuciado. Hace una campaña centrada en los problemas de la gente, con mensajes que dan en la diana: los salarios, la vivienda, las pensiones.

Y lo consigue, después de 16 años el SPD vuelve a la Cancillería en Berlín, al frente de una coalición inédita con los Verdes y los Liberales.

Un acuerdo tejido minuciosamente en tan sólo 35 días, con discreción y rigor, con el propósito de modernizar Alemania. 177 páginas de un contrato que blinda el origen renovable del 80% de la electricidad en ocho años, el salario mínimo a 12 euros la hora, la jubilación como máximo a los 67 años y la legalización del cannabis.

A veces en política mola más el gris del aburrimiento que los colores chillones del carisma.