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La grave amenaza del cambio climático para las costas europeas

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Por Hans von der Brelie
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Witness   -   Derechos de autor  euronews

El cambio climático degrada las costas europeas, el nivel del mar aumenta y la erosión se acelera. En la región francesa de Normandía, se desmoronan gigantescos acantilados, y en la costa alemana del Mar del Norte, numerosas marismas e islas protegidas por la UNESCO corren grave peligro. A continuación, en este episodio del programa Euronews-Witness, el periodista Hans von der Brelie relata, en primera persona, la experiencia vivida en lugares amenazados por los efectos del calentamiento global.

Me encuentro frente a un montón de bloques gigantescos de roca y tiza, que me recuerdan a una especie de pirámide antigua destrozada. Estoy en la playa de Le Tilleul, en Normandía, en el norte de Francia. Bueno… para ser sincero, debo decir que… ¡ya no hay playa! Resulta increíble constatar que gran parte del acantilado se haya venido abajo, y haya transformado la preciosa playa en una especie de ‘terrorífico paisaje’.

Raphaël Lesueur, alcalde de la localidad, ha sido mi guía en un corto paseo de bajada. Han puesto algunas señales de advertencia y han emitido una orden municipal que prohíbe el acceso a la zona de peligro. ¡Mire! ¿Lo ve? El alcalde me muestra otra grieta en los acantilados de tiza. "Eso es peligroso. Pronto se producirá otro desprendimiento de rocas", afirma.

¿Cuánto tiempo podrán resistir los acantilados de tiza de Normandía los efectos del calentamiento global? Los cambios brutales de las temperaturas, las precipitaciones extremas... y las olas del mar, cuyo nivel aumenta, baten cada vez más fuerte y a más altura, contra la base de los acantilados.

Para obtener una visión completa de la situación, Stéphane Dodivers me lleva a dar un ‘paseo’ en su lancha motora, a lo largo de la costa. Llevamos a bordo a Bruno, un piloto de drones que vive en la zona. Demasiado viento, demasiadas olas. Al cabo de unos minutos, estoy completamente empapado, y mi cámara MoJo activa la función de emergencia para dejar de grabar, debido a la entrada de agua en el aparato. Mientras el capitán Dodivers se divierte, poniendo a prueba la notable potencia del motor de la embarcación, yo saco mi segunda cámara de la mochila.

Dodivers se ha criado en la zona, y conoce todos los acantilados y las fisuras que se pueden apreciar en cada uno de ellos. “Es el cambio climático”, dice, subrayando que los desprendimientos son más frecuentes ahora. Mi colega Bruno guía su dron hacia la parte alta de los acantilados y me muestra el monitor. Observo una imagen de asombrosa belleza y, a la vez, veo también entristecedores desprendimientos.

Un poco más lejos, en Criel-sur-Mer, unas preciosas casas se alinean, directamente, al borde del acantilado. "Allí están a salvo", señala el alcalde de la localidad, Alain Trouessin. Las gruesas capas de guijarros de la playa protegen de las olas esa parte de la zona habitada. Pero, unos metros más allá, la base de los acantilados ha quedado desnuda.

El cambio climático es uno de los peligros más importantes a los que tienen que hacer frente los acantilados de tiza, ya que ha provocado que se acelere el proceso natural de erosión. Para mostrarme su impacto, Alain Trouessin me invita a caminar cuesta arriba, a través de un acogedor barrio. Pero, de repente, nos encontramos con un camino bloqueado. En realidad, ¡ya no hay camino! Simplemente… no hay nada. La mitad de la carretera ha quedado destrozada recientemente. "En los próximos 20 años, unas doce casas se verán afectadas", me cuenta Trouessin. "Dentro de 50 años, tendremos que desplazar las construcciones del acantilado y colocarlas unos 150 o 200 metros, tierra adentro", asegura. El alcalde de barba canosa, contempla la medida como un "repliegue estratégico". Trouessin tiene por delante una ardua tarea. Las familias que se niegan a abandonar la zona de peligro son expropiadas. "En unas semanas, vamos a destruir aquella casa de allí ", me señala.

Me dirijo a Varengeville-sur-Mer, donde la erosión costera media, en el plazo de un año, alcanza ya los 60 centímetros. Desde el siglo XI, la iglesia de Varengeville desafía al viento y a la climatología, a 80 metros de altura, al borde del acantilado. La hermosa vidriera, obra de Georges Braque y Raoul Ubac, ‘ilumina’ la iglesia mientras, cuesta abajo, el mar se abalanza sobre la costa.

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Iglesia de Varengeville-sur-Mer, amenazada por la erosión de la costa normanda.Euronews-WITNESS

El edificio, monumento histórico, podría desaparecer dentro de unos 30 años. ¿Cómo salvarlo? Las autoridades locales y regionales siguen debatiendo el asunto. ¿Colocar la iglesia sobre raíles y trasladarla hacia el interior? La factura sería de entre 15 y 20 millones de euros o, quizá, más dinero todavía. ¿Desmontarla y volver a unir las piezas en otro lugar? O, simplemente, tal vez, esta también es una opción que se plantea, dejar que el tiempo, el agua y el cambio climático sigan su curso…

El cambio climático es global y el peligro de sus efectos, también. Si el calentamiento global sigue adelante, grandes partes de la costa de Alemania quedarán totalmente sumergidas en 2050. Hoy, todavía están protegidas por diques. Pero, no hay duda de que el nivel de riesgo está aumentando rápidamente.

¿Existe una amenaza inminente para las islas y los islotes del mar de Wadden? La reserva de la biosfera, protegida por la UNESCO, es el hogar de 10 000 especies y de más de 200 personas que viven en las llamadas Halligen, zonas de marisma, llenas de turba y rodeadas por las aguas del Mar del Norte.

Cada dos semanas, el guarda del Parque Nacional, Martin Kühn lleva a cabo un recuento de las aves que se encuentran en esta zona costera. Y, además, controla a los turistas para que respeten las normas vigentes en el lugar. Pero, su principal preocupación es el cambio climático. "Para mí, lo que se avecina es como una especie de película de terror. El gran problema es el aumento del nivel del agua. La superficie del mar de Wadden quedará reducida, con lo que disminuirán las llanuras en las que se alimentan millones de aves migratorias que hacen escala aquí. Ya observamos los primeros cambios. Algunas especies están disminuyendo. El ostrero euroasiático, por ejemplo, ha perdido la mitad de sus ejemplares en los últimos veinte años".

No es fácil llegar a los islotes. El capitán Johann Petersen, encargado del servicio postal, me lleva a bordo de su embarcación. Hace un siglo, se construyó un estrecho camino para carros, que permitía llegar a Oland, la pequeña isla en la que nació Petersen. Oland tiene tres kilómetros de largo y unos 800 metros de ancho. Pero, cuando las tormentas provocan crecidas, solamente queda por encima del agua el montículo habitado en el que hay 18 viviendas.

Las Halligen están situadas en una zona de depresión tectónica del terreno, un problema que se agudiza, ahora, por la subida del nivel del mar debido al cambio climático, me cuenta Petersen. "Debido a la depresión tectónica, cada año nos hundimos de 3 a 5 milímetros. Es decir, unos 40 centímetros hasta el cambio de siglo. Los impactos del cambio climático añadirán alrededor de un metro a esto, hasta 2100. Así, todo junto suma 1,40 metros que tenemos que tratar de recuperar".

Hasta ahora, la pequeña Oland ha podido mantenerse por encima del agua gracias a los sedimentos que llegan con las crecidas. Pero, si la capa de hielo de Groenlandia se derrite, supondrá un grave problema. "Para equilibrar la depresión natural del suelo, Oland necesita cada año entre 6 000 y 8 000 toneladas de sedimentos", señala Johann Petersen. "Teniendo en cuenta los efectos del cambio climático, necesitamos 20 000 toneladas al año. El Parque Nacional del mar de Wadden se ahogará. No podemos corregir esta situación", añade.

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Vista de una de las islas que forman las Halligen, en el mar de Wadden, en Alemania.Euronews-WITNESS

Una de las familias que viven en la zona del mar de Wadden emprendió acciones legales contra el Gobierno, y le puso una demanda por no hacer lo suficiente para proteger el clima. Así, la familia Backsen llevó su caso hasta el Tribunal Constitucional, y ganó. El Gobierno regional tuvo que reforzar las leyes y se vio obligado a establecer una hoja de ruta precisa para la protección del clima.

¿Qué va a pasar con los islotes, las islas y toda la región de las marismas, si no se frena el calentamiento global?, le pregunto a Silke Backsen. "Una cosa es el aumento del nivel del mar", responde. "Y, la otra, es el aumento de los períodos de precipitaciones extremas. Esto provocará problemas masivos de drenaje. Creo que existe el riesgo de que todo se inunde, realmente. Todo el mundo lo sabe, pero nadie se atreve a decirlo abiertamente. Ambas cosas terminarán ‘ahogando’, por así decirlo, al mar de Wadden, incluyendo toda su flora y fauna, y a las Halligen y los islotes del Parque Nacional del mar de Wadden. Porque no se pueden construir diques, cada vez más altos, sin ningún tipo de límite", advierte.

Me he dado un ‘paseo’ por Oland y he llegado hasta Langeness, la isla más cercana. Allí la comunidad construye un proyecto piloto: un montículo de viviendas más alto que el resto, para soportar las tormentas en el futuro. En este lugar me encuentro con el granjero Johannsen, que también es uno de los tenientes de alcalde. Me enseña el gigantesco montón de arena con el terraplén creado para absorber la energía de las olas provocadas por las inundaciones. Se trata de un ‘montículo de arena' de nueve millones de euros. Y, encima de él, otros nueve millones de euros destinados a la construcción de las casas. Además, hay planes para un centro de salud, un supermercado y pisos de alquiler.

El ganadero Johannsen y su hijo Tade creen en el futuro de las Halligen y de los islotes, conocidos también como holms. Desde hace tres años, Langeness cuenta con una conexión a Internet de alta velocidad. El nuevo montículo de viviendas crea puestos de trabajo y más espacio para vivir. Pero, ¿qué hay del calentamiento global?

"El cambio climático es un tema que los medios de comunicación tratan de forma exagerada, para asustar a los jóvenes", declara Honke Johannsen. Luego se dirige a su hijo, Tade, tratando de tranquilizarlo: "Las Halligen y los holms no van a desaparecer. Crecerán. Cada tormenta nos trae sedimentos, llega lodo y arena a la isla. Estamos creciendo al mismo tiempo que el aumento del nivel del mar. No es mucho, ni siquiera un milímetro al año, pero no perderemos terreno. ¡Creceremos!", señala.

Sin embargo, el capitán Petersen también tiene razón. No, los holms no ganan terreno si el nivel del agua del mar sube demasiado rápido. Es una cuestión de tiempo. Por eso, el Gobierno regional de Schleswig-Holstein ha elaborado un plan, llamado Estrategia del mar de Wadden 2100. No hay duda, el mar de Wadden va a cambiar. La única pregunta que queda por hacer es: ¿a qué ritmo?

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El capitán Johann Petersen, encargado del servicio postal en las Halligen, prepara los paquetes que va a entregar a los habitantes de las islas.Euronews-WITNESS

Para retrasar el hundimiento, a medio plazo, un sistema de relleno hidráulico de arena podría ayudar. Pero, ¿qué sucederá a largo plazo? El capitán Petersen, encargado del servicio postal, tiene una visión sombría sobre este asunto.

"A largo plazo, evacuaría las Halligen y los holms, sin duda. Podemos suponer que nosotros, las Halligen, los holms, toda la región de marismas… seremos los primeros en caer, en desaparecer del mapa. En Europa seremos los primeros en dejar de existir, a causa del cambio climático".

El capitán Petersen da a las Halligen y a los holms 50 años de existencia, no más. Y, sin embargo, su embarcación se llama "Esperanza".