La victoria de la oposición desaloja a Viktor Orbán tras 16 años en el Gobierno. El nuevo líder busca la independencia energética de Rusia en 2035 y duplicar las renovables. El plan incluye mano dura contra las fábricas de baterías extranjeras y recuperar fondos de la UE.
Las elecciones húngaras de hoy, saldadas con una victoria aplastante de la oposición, han desalojado a Viktor Orbán del poder tras 16 años como primer ministro.
Después de haber llegado a calificar las ambiciones climáticas de la UE de "fantasía utópica", a las que culpaba de encarecer la energía y destruir a la clase media, Orbán respaldó con frecuencia políticas que chocaban con los objetivos de neutralidad climática fijados por su propio Gobierno.
¿Cambiará ahora el rumbo con el nuevo líder del Partido Tisza, Péter Magyar?
Aunque el político, de 45 años, fue miembro del partido Fidesz de Orbán, existe un optimismo prudente respecto a sus promesas de atajar la corrupción y recomponer las deterioradas relaciones de Hungría con la Unión Europea.
Durante la campaña electoral, este partido de centro derecha y proeuropeo prometió poner fin al regateo político con el medio ambiente, restableciendo mecanismos independientes de protección de la naturaleza e imponiendo una regulación más estricta a las industrias contaminantes.
"Las inversiones no pueden poner en peligro la salud de la población y la competitividad del país no puede construirse a costa del medio ambiente", afirmó el Partido Tisza en su página oficial de Instagram en febrero.
"Estamos construyendo un país habitable, no solo hasta las próximas elecciones, sino para las próximas generaciones".
El Partido Tisza de Hungría busca la independencia energética
El recién elegido Partido Tisza de Hungría promete aflojar los lazos del país con Rusia y acercarlo a las posiciones de la Unión Europea.
Se ha comprometido a poner fin a la dependencia húngara de la energía rusa en 2035 y a duplicar la cuota de energía renovable en 2040.
El Gobierno de Orbán se resistió en repetidas ocasiones a las sanciones europeas al petróleo ruso tras el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania en 2022 y optó por reforzar las importaciones baratas de Rusia. Aunque esta estrategia ha permitido a Hungría mantener algunos de los precios de la energía más bajos de Europa, ha dejado al país muy expuesto a posibles sobresaltos.
Aunque Hungría ha avanzado en la energía solar, que junto con el abandono progresivo del carbón ha contribuido a una reducción lenta pero constante de las emisiones, la mezcla energética del país sigue dominada por los combustibles fósiles.
Invertir más en energías renovables propias reforzaría la resiliencia de Hungría a largo plazo.
Una mejor cooperación con la Unión Europea también podría desbloquear miles de millones en fondos congelados destinados a la transición ecológica.
Mano dura contra las industrias contaminantes en Hungría
En esta prometida ofensiva contra las industrias contaminantes, el Partido Tisza ha señalado explícitamente a las fábricas de baterías.
Convertidas en una de las mayores polémicas ambientales del país, plantas de baterías de propiedad china, surcoreana y japonesa han ido apareciendo por todo el territorio en los últimos años, alentadas por las subvenciones estatales y una regulación laxa.
Las protestas y los pleitos se han multiplicado por la contaminación tóxica del aire, la degradación de los acuíferos y los vertidos ilegales de algunas de estas instalaciones, que han empañado los beneficios ambientales de la tecnología verde que producen.
Una mayor transparencia, controles anticorrupción y unas instituciones ambientales más sólidas e independientes darían a las autoridades capacidad para regular mejor o incluso cerrar las instalaciones más dañinas.
Proteger el agua como recurso nacional en Hungría
Como gran parte de Europa, Hungría se ha enfrentado a sequías y olas de calor que han sometido a una fuerte presión sus recursos hídricos y las perspectivas, con el cambio climático acelerándose, son poco alentadoras.
A comienzos de 2025, los caudales del Danubio y del Tisza se acercaban a mínimos históricos.
Una prolongada ola de calor y sequía en 2024 provocó daños por más de 100.000 millones de florines (273 millones de euros) en el sector agrícola del país. El deficiente tratamiento de las aguas residuales y la excesiva dependencia de los acuíferos para el consumo humano han hecho la situación todavía más precaria.
El partido de Magyar afirma que quiere mitigar la crisis mediante grandes infraestructuras de retención de agua, sistemas de riego modernizados y medidas de adaptación al clima en la agricultura.
Parte del terreno ya se ha preparado bajo el mandato de Orbán: un programa de renovación de infraestructuras lanzado en 2025 empezó a ampliar en 300 kilómetros la capacidad de los canales y a construir o modernizar más de 130 instalaciones hidráulicas para aumentar la capacidad de almacenamiento de agua destinada a la agricultura.
Está en juego algo más que el medio ambiente. Una mejor gestión del agua promete mejorar la seguridad alimentaria y apuntalar la economía rural, un electorado clave para Magyar, que ha trabajado intensamente para ganarse el apoyo de las comunidades agrícolas húngaras.
Con Orbán, las zonas rurales se ganaban a menudo con subvenciones a corto plazo, entre ellas el uso gratuito de agua para riego, en lugar de con las inversiones a largo plazo en infraestructuras que, según los expertos, el país necesita con urgencia.
La capacidad de Magyar para hacer realidad esa visión a largo plazo, al tiempo que reconstruye la confianza con Bruselas y desbloquea los fondos europeos congelados, será una de las grandes pruebas de su primer mandato.