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De Bolsonaro y Bukele a Fujimori y De la Espriella: Trump y el auge de la derecha en América Latina

Ilustración del presidente Donald Trump rodeado por cuatro de sus aliados en las Américas: Jair Bolsonaro, Nayib Bukele, Keiko Fujimori y Abelardo de la Espriella
Ilustración del presidente Donald Trump rodeado por cuatro de sus aliados en las Américas: Jair Bolsonaro, Nayib Bukele, Keiko Fujimori y Abelardo de la Espriella Derechos de autor  Derechos de autor AP y 'Euronews'
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Por Rafael Salido
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Poco después de que el presidente estadounidense se instalara por primera vez en la Casa Blanca, sus políticas y su abierto respaldo por algunos candidatos, han inspirado a toda una generación de líderes latinoamericanos que están esbozando las nuevas líneas a seguir del continente.

Algunos son políticos veteranos curtidos en mil batallas que ya no son presidentes, como era el caso del brasileño Jair Bolsonaro; otros, por el contrario, amasaron su gran popularidad casi de manera inesperada, como Nayib Bukele en El Salvador. Todos ellos, sin embargo, tienen algunas características en común: un discurso nacionalista, un populismo sin complejos y, sobre todo, un claro modelo a seguir: Donald Trump.

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Los últimos ejemplos de este auge de la derecha en América Latina se encuentran en Colombia y Perú, donde Abelardo de la Espriella y Keiko Fujimori parecen que serán quienes pongan fin a dos de los pocos gobiernos de izquierda que aún quedaban en una región que, durante años, se ha caracterizado por sus tendencias más socialistas.

En el caso de Colombia, este abogado y empresario de 47 años, sin carrera política previa, ha ganado las elecciones al imponerse al senador izquierdista Iván Cepeda por una diferencia de apenas 200.000 votos. El próximo 6 de agosto, De la Espriella se instalará en la Casa de Nariño, en lugar de Gustavo Petro, una figura para la izquierda colombiana y uno de los críticos más vocales de Trump.

De la Espriella, por el contrario, mantiene una excelente relación con el estadounidense, quien le expresó su apoyo a lo largo de la campaña electoral y se apresuró a llamarle el mismo domingo, poco después de conocerse su victoria en las urnas. En las redes sociales, el estadounidense celebró el resultado con un escueto mensaje junto a un artículo sobre la victoria "del candidato apoyado por Trump": "¡Ganó, a lo grande!".

"La Administración Trump espera colaborar estrechamente con su próxima Administración para impulsar la cooperación en materia de seguridad regional, poner fin a la inmigración ilegal a Estados Unidos y fortalecer nuestros lazos económicos", auguró el secretario de Estado, Marco Rubio, en redes sociales. "El futuro de Colombia está por venir".

En el caso de Fujimori, esa afinidad es más política que personal. Tras más de 15 años aspirando a la presidencia de Perú, un cargo que también ostentó su padre, Alberto Fujimori, antes de acabar en la cárcel por corrupción y crímenes de lesa humanidad, entre otros delitos, la líder del partido Fuerza Popular lidera el escrutinio frente a Roberto Sánchez, tras haber realizado una campaña centrada en la mano dura contra el crimen y contra la inmigración irregular.

Asimismo, Fujimori se ha comprometido a acercar posturas con Washington en caso de hacerse con la victoria en las urnas, en el que sería su cuarto intento. "Mi rol, de ser elegida presidenta, será motivar a que los Estados Unidos vuelvan a participar más activamente", comentó en abril, en declaraciones recogidas por AFP.

La afinidad de los trumpistas: Bolsonaro, Bukele y Milei

Estos son solo los dos últimos casos en una larga lista que, además de los ya mencionados, incluye nombres como el de Javier Milei en Argentina, José Antonio Kast en Chile, Daniel Noboa en Ecuador, Rodrigo Paz en Bolivia y Santiago Peña en Paraguay.

Esta racha de victorias de la derecha en América Latina se remonta a 2019, año en que tanto Bukele como Bolsonaro se hicieron con la presidencia de sus respectivos países, Desde entonces, son varias las naciones cuyos votantes han apostado por un viraje hacia la derecha.

En el caso de Bolsonaro, los paralelismos entre su Administración y el primer Gobierno de Trump llegaron a tal extremo que no solo coincidieron en políticas clave como facilitar el acceso a las las armas o su postura contra las vacunas durante la pandemia del Covid-19, sino que en el caso del brasileño, con el objetivo de aferrarse a la presidencia, llegó a orquestar un alzamiento en Brasilia en 2023 muy similar al que tuvo lugar en Washington dos años antes. El también exmilitar acabó siendo condenado por lo sucedido y actualmente se encuentra cumpliendo condena. Trump llegó incluso a amenazar con imponer un 50% de aranceles a Brasil si no se sobreseía el proceso judicial contra el exmandatario.

En el caso de Bukele, fueron sus propias políticas y formas las que captaron la atención del inquilino de la Casa Blanca. Su decisión de decretar un estado de emergencia en todo el país con el propósito de poder actuar más libremente contra los grupos criminales, así como su tono combativo, que le llevó incluso a denominarse a sí mismo como "el dictador más 'cool'", y su apuesta por las criptomonedas le acabaron granjeando la simpatía de personajes clave en el entorno de Trump, como Stephen Miller, con quien se ha reunido varias veces.

El presidente Donald Trump conversa con el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, en el Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington, el 14 de abril de 2025.
El presidente Donald Trump conversa con el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, en el Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington, el 14 de abril de 2025. AP Photo

En reiteradas ocasiones Trump ha alabado el trabajo de Bukele en El Salvador, donde según datos del Banco Mundial el número de homicidios se ha desplomado desde los 108 por cada 100.000 habitantes, en 2015, hasta los 8 de 2022, cuando entró en vigor por primera vez el estado de emergencia. Trump le ha tildado de "gran aliado" y ha asegurado que lo considera una de sus "personas favoritas".

Otro líder con quien mantiene no solo una marcada afinidad política sino también una estrecha relación personal es con el presidente de Argentina. Al igual que el propio Trump, Milei fue una figura televisiva antes que política, acostumbrado a los aspavientos y a los discursos grandilocuentes.

Sus viajes a Estados Unidos, ya sea de carácter oficial o privado, han sido frecuentes y sus políticas internas han recibido sistemáticamente el respaldo de la Administración Trump, especialmente su cruzada contra los funcionarios públicos, simbolizada por su ya tradicional motosierra, adoptada por el propio Elon Musk cuando Trump le encomendó hacer lo propio en Washington.

Elon Musk muestra la motosierra que recibió del presidente argentino Javier Milei a su llegada para hablar en la CPAC, el 20 de febrero de 2025, en Oxon Hill, Maryland.
Elon Musk muestra la motosierra que recibió del presidente argentino Javier Milei a su llegada para hablar en la CPAC, el 20 de febrero de 2025, en Oxon Hill, Maryland. AP

Esa sintonía entre ambos ejecutivos llegó a su punto más álgido el año pasado, cuando el Gobierno estadounidense, a pesar de la agenda nacionalista del Partido Republicano, preparó un rescate financiero de más de 17.000 millones de euros para Argentina, que solo sería entregado en caso de que la formación de Milei, la Libertad Avanza, se hiciera con la victoria en las elecciones legislativas, como así acabó sucediendo.

¿Doctrina 'Donroe' o simple injerencia política?

Acostumbrado a no dejarse constreñir por las normas establecidas, desde que descendió por la escalera dorada de la Trump Tower, allá por 2015, para anunciar su candidatura, el republicano no ha dudado en expresar sus filias y fobias, tanto a nivel local como a nivel internacional.

Sin embargo, en cuanto a política exterior se refiere, si algo ha diferenciado a la primera Administración Trump (2017-2021) a esta segunda, que comenzó en enero de 2025, es su falta de complejos a la hora de tomar partido en los procesos electorales de otros países, especialmente, los de Centro y Sudamérica.

Ese cambio de estrategia quedó patente el pasado mes de noviembre, cuando la Casa Blanca desveló su nueva Estrategia de Seguridad Nacional, en la que, basándose en la conocida como 'doctrina Monroe', apostaba por volver un mundo dividido en "esferas de influencia"

"Los vínculos que se forjen entre Estados Unidos y sus socios beneficiarán a ambas partes, dificultando a la vez que los competidores de fuera del hemisferio aumenten su influencia en la región", reza el documento, al que muchos en Washington se refieren como la 'doctrina Donroe', en referencia a Donald J. Trump. "Debemos buscar expandir nuestra red en la región. Queremos que otras naciones nos consideren su socio preferente y, por diversos medios, desalentaremos su colaboración con otros".

Ese intervencionismo, no obstante, también ha puesto en la encrucijada a algunos de sus más firmes valedores en la región, como es el caso de Kast, quien se hizo con la presidencia de Chile en marzo, tras una campaña llena de guiños hacía el mandatario estadounidense. Desde entonces, el político ultraconservador intenta mantener un complicado equilibrio que le permita mantener buenas relaciones diplomáticas con Washington, al tiempo que mantiene los fuertes lazos comerciales de su país con China.

"No es incompatible tener las mejores relaciones con China y con Estados Unidos", aseguró el chileno tras encontrarse con Trump en Miami, con motivo de la inauguración del Escudo de las Américas. "Tomaremos todas las medidas que correspondan para resguardar nuestra soberanía, nuestra seguridad y nuestras relaciones comerciales".

Esa búsqueda de influencia en los procesos electorales de terceros países con el objetivo de promover gobiernos afines, que también ha quedado de manifiesto en otras regiones, como sucedió con las elecciones húngaras en Europa, ha llevado a Washington a lo largo de los últimos meses a posicionarse abiertamente a favor de diversos candidatos por toda América Latina, como han sido los casos del paraguayo Peña y del boliviano Paz.

En la mayoría de estos casos, el respaldo de Estados Unidos implica condicionar los fondos en asistencia o una mayor cooperación en materia de seguridad y de inteligencia al hecho de que las elecciones las gane el candidato favorito de Washington.

Sin embargo, en otros casos, la implicación por parte de la Administración ha sido menos transparente e, incluso, controvertida. En el caso de Honduras, por ejemplo, una investigación publicada en exclusiva por 'Canal RED' sacó a la luz una serie de conversaciones que ponían de manifiesto que el Ejecutivo estadounidense, con apoyo y financiación del de Israel, maniobraron para devolver al expresidente Juan Orlando Hernández a la presidencia del país.

Hernández fue condenado en 2024 a 45 años de prisión por conspirar para importar cocaína a Estados Unidos y por haber recibido sobornos del Cártel de Sinaloa. Sin embargo, Trump lo indultó días antes de las elecciones del 30 de noviembre de 2025, en un movimiento que, según los audios filtrados, no fue un gesto de clemencia sino el pago inicial de un acuerdo de mayor alcance.

Los audios revelan, además, que, según el plan la presidencia de Nasry 'Tito' Asfura, declarado ganador de las elecciones, sería apenas una etapa de transición. Su función: despejar los obstáculos judiciales que aún pesan sobre Hernández en Honduras y allanar el terreno para su candidatura en el siguiente ciclo electoral.

En Colombia, la campaña electoral se ha visto marcada por los ataques desde la Casa Blanca. Trump ha calificado de "marxista de izquierda radical" a Cepeda, el candidato progresista llamado a continuar con la labor de Petro en la Casa de Nariño.

A lo largo de la campaña, el aún presidente colombiano no ha dudado en denunciar las "injerencias" de Washington en los comicios de su país. El último episodio, fue la detención por parte de las autoridades migratorias estadounidenses de Beto Corral, un activista de izquierdas que hizo campaña por Cepeda en Estados Unidos, donde reside a falta de que se tramite su petición de asilo. Petro calificó lo sucedido de "persecución política" y acusó a De la Espriella de estar detrás de su arresto.

Con la victoria ya oficial de De la Espriella en Colombia, una nueva ficha de dominó ha caído del lado de la derecha en ese tablero geopolítico que es América Latina, un tablero que tradicionalmente se venía inclinando hacia la izquierda y que, sin embargo, a lo largo de esta última década ha visto como, bajo el aparente influjo de Trump, está optando por virar en sentido contrario.

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