Desde las protestas contra un proyecto de relleno que destruye manglares hasta la organización de limpiezas de playas, la juventud maldiva defiende su hogar y su identidad.
Un grupo de jóvenes de Maldivas remó recientemente en kayak para protestar contra unas obras de relleno de tierras que estaban cortando humedales de manglar protegidos en una reserva de la biosfera de la UNESCO, y llegaron incluso a pintar con espray la palabra “ECOCIDE” sobre una zona ya ganada al mar.
La organización sin ánimo de lucro Project ThimaaVeshi, que significa “uno mismo y su entorno”, forma parte de una nueva generación de activistas en este país insular del océano Índico que aborda problemas presentes en su vida diaria, como la erosión costera, la contaminación por plásticos y los ecosistemas degradados por el desarrollo.
En Addu City, en el sur, los activistas se han centrado en el exceso de construcción, documentando el impacto sobre los humedales y los arrecifes. En la capital, Male, otros se ocupan de los residuos plásticos que asfixian calles, lugares de reunión y zonas de baño.
Mientras se unen a surfistas y otros colectivos en labores de limpieza, retirando líneas de pesca de los arrecifes de coral y acumulando botellas de agua desechadas, estos grupos enseñan a los jóvenes que tienen derecho a un entorno limpio y saludable.
Les une la conciencia de que, a diferencia de generaciones anteriores, el cambio climático y el deterioro ambiental han dejado de ser una amenaza lejana.
Las Maldivas se han presentado como un país que lucha contra su propia vulnerabilidad al cambio climático y a la subida del nivel del mar, pero el Gobierno sostiene que en ocasiones hay que hacer sacrificios en favor del desarrollo, y los activistas denuncian que las medidas de protección no avanzan con la rapidez necesaria.
Los expertos señalan que el país, situado al sur de India y Sri Lanka, podría quedar en torno a un 80 por ciento inhabitable en los próximos 50 años debido a la subida del nivel del mar.
La juventud planta cara a la sensación de impotencia
“Éramos solo nosotros y un puñado de esperanzas y sueños”, cuenta Yameen Maumoon, cofundador de Project ThimaaVeshi de 21 años.
Maumoon, junto con Mishal Mushahid, comenzó su activismo como líder estudiantil colaborando con el consejo de Addu City. Lo que empezó como un grupo de amigos se convirtió en un movimiento y, tras graduarse en el instituto, en una organización sin ánimo de lucro registrada.
En Male y la vecina Hulhumale, otro grupo juvenil que busca el registro formal, Ripple, nació cuando unos amigos se dieron cuenta de la cantidad de basura que se acumulaba en las zonas donde se reunían.
“Un día, mientras jugábamos a Minecraft, bromeábamos diciendo que deberíamos empezar a hacer TikToks y a organizar limpiezas”, recuerda la cofundadora, Mariyam Maasha Waheed. Lo que comenzó como una limpieza informal creció después de que sus vídeos en TikTok empezaran a ganar seguidores.
El grupo organiza ahora limpiezas semanales y campañas contra la contaminación por plásticos, colaborando con otros para reciclar el plástico que recogen.
Sus fundadores afirman que quieren que la acción medioambiental resulte menos intimidante y más comunitaria.
Yania Hussain Ishan, cofundadora del grupo más reciente que busca el registro, Barnacles, se interesó por las cuestiones medioambientales mientras preparaba una presentación en el colegio sobre la protección de la naturaleza. El grupo se centra en la educación climática y el liderazgo juvenil.
Ishan explica que el discurso constante, en las redes sociales y otros espacios, sobre la emergencia climática ha alimentado en su generación la sensación de no tener capacidad de influir.
Los grupos afrontan críticas por su juventud
La edad de los activistas ha suscitado comentarios, incluso de responsables gubernamentales, que equiparan la juventud con ingenuidad e ignorancia. A los tres grupos les han dicho que su trabajo no sirve de nada y que algo tan sencillo como limpiar una playa no resolverá los grandes problemas.
El año pasado, en un foro público, el ministro de Cambio Climático del país, Ali Shareef, afirmó que los jóvenes “tienen demasiadas emociones y no se les puede confiar la toma de decisiones”.
Los activistas son conscientes de que no pueden resolver por sí solos los problemas de Maldivas, pero consideran que esperar a que se solucionen las grandes cuestiones no es una opción. Quieren forjar una generación que conozca sus derechos y transmita esa responsabilidad a las siguientes.
“Estamos decidiendo qué tipo de antepasados seremos”, afirma Ishan. “Estamos defendiendo nuestro hogar, nuestro patrimonio y el derecho de cada niño maldivo que aún no ha nacido a ponerse en estas orillas, mirar al mar y sentir el mismo asombro y la misma seguridad que definen quiénes somos”.