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De los corales al saiga, así se recupera la fauna amenazada

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Por Ruxshona Raxmatullayeva & Toby Gregory
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Desde los corales resistentes al calor del golfo de Omán hasta los antílopes saiga de la meseta de Ustyurt, científicos y conservacionistas recurren a la investigación, la tecnología y la protección directa para salvaguardar fauna amenazada.

Científicos estudian el océano del futuro

En la costa oriental de Emiratos Árabes Unidos, científicos del Sharjah Marine Science Research Centre estudian los ecosistemas marinos y recrean condiciones que podrían hacerse más frecuentes en los océanos del futuro.

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Algunos de los tanques del centro simulan aguas más cálidas y más ácidas, con niveles de oxígeno más bajos. El director del centro, el profesor Stephen Widdicombe, asegura que ofrecen una idea de cómo podría responder la vida marina a medida que cambian las condiciones del océano.

"Los océanos son increíblemente importantes, representan el 90 % del espacio habitable para la vida en este planeta", señaló Widdicombe. Pero advirtió de que se enfrentan a presiones que van desde el cambio climático y la contaminación hasta otras actividades humanas.

Una línea de investigación se centra en las tortugas marinas. Cada tortuga tiene un dibujo único de escamas en la cara, muy parecido a una huella dactilar humana. El biólogo marino, el doctor Jon Lapeyra, fotografía cada semana las tortugas a lo largo de aproximadamente un kilómetro de costa y utiliza inteligencia artificial para ayudar a reconocer a cada animal.

"La inteligencia artificial ha supuesto para nosotros, y para este proyecto en particular, un cambio radical", afirmó Lapeyra.

Cuando la misma tortuga vuelve a aparecer, los investigadores pueden elaborar un registro de dónde pasa el tiempo y cómo se desplaza. En seis meses, el 95 % de las tortugas que Lapeyra fotografió personalmente eran juveniles, algo que describe como una señal alentadora para la población.

Los arrecifes de coral son otro de los focos de estudio. Los corales del golfo de Omán ya soportan temperaturas que pondrían bajo un estrés severo a muchos arrecifes de otras partes, lo que los convierte en un valioso objeto de investigación para entender cómo pueden responder los arrecifes a océanos más cálidos.

"Los estudios que realizamos aquí en los arrecifes de coral pueden, por supuesto, decirnos algo sobre escenarios futuros en otros lugares del mundo", explica el profesor Henrik Stahl, responsable de investigación e innovación del centro.

Los investigadores también trabajan en la restauración. Pequeños fragmentos de coral se colocan en mesas de cría ancladas al fondo marino, donde pueden crecer hasta formar colonias más grandes si las condiciones son adecuadas. La protección de las especies amenazadas suele depender de comprender no solo a los propios animales, sino también los hábitats y recursos que necesitan para sobrevivir.

Proteger la fauna en vastos paisajes

En la meseta de Ustyurt, en Uzbekistán, el santuario paisajístico complejo de Saygachiy, de más de 600.000 hectáreas, protege parte del área de distribución del saiga, un antílope migratorio que habita en Asia Central.

"Cuando llegamos por primera vez, solo veíamos dos o tres antílopes saiga", recuerda el inspector jefe Ortiqbek Saydullayev. "Hoy hemos conseguido establecer una población residente."

Mantener unas condiciones adecuadas exige trabajo durante todo el año. El personal proporciona grano y otros forrajes cuando la nieve cubre la vegetación en invierno, mientras que en los meses secos de verano se bombea agua a los puntos de abrevadero. Saydullayev indica que hay 83 pozos repartidos por todo el santuario.

Los saigas también pueden cruzar fronteras nacionales en busca de alimento y de un clima más benigno. Sus desplazamientos implican que la conservación depende no solo de las condiciones dentro del santuario, sino también de los paisajes por los que migran.

Cuando los hábitats protegidos pierden agua

Más al oeste, en Karakalpakstán, el sistema lacustre de Sudochye ilustra otro desafío al que se enfrenta la fauna protegida.

Antiguamente conectado al mar de Aral, Sudochye se convirtió en un sistema lacustre independiente a medida que el mar se retiraba y sigue siendo una importante escala para las aves migratorias.

"Los niveles de agua en los lagos han ido disminuyendo año tras año", explica Aymuradov Tokhtamurad, principal especialista del santuario estatal de fauna Sudochye-Akpetki. "A medida que disminuyen las aportaciones, aumenta la salinidad. Esto afecta a la fauna y puede obligar a los animales a abandonar la zona."

Los cambios se observan a lo largo de la orilla, donde la vegetación permanece verde en las zonas a las que todavía llega el agua, mientras que los juncos y plantas más alejados se han secado.

Los responsables del santuario señalan que Sudochye es el único lugar de anidación de flamencos en Uzbekistán. Si los niveles de agua siguen bajando, advierten, los lagos podrían dejar de funcionar como zona de reproducción y convertirse principalmente en un punto de paso durante la migración.

La condición de espacio protegido puede reducir ciertas presiones, pero no puede sustituir el agua de la que depende un ecosistema.

Seguir la recuperación en las montañas

En las montañas Kugitang, en el sur de Uzbekistán, la reserva natural estatal de Surkhan protege al markhor, una cabra salvaje conocida por sus cuernos en forma de tirabuzón, y al urial de Bujará, una oveja salvaje.

La reserva se creó en 1986, después de que las poblaciones de ambas especies se desplomaran. Actualmente se realizan censos de fauna dos veces al año.

"En noviembre de 2025 contamos 981 markhor y 137 uriales de Bujará", señala el subdirector Muhiddin Mamatqulov.

Los investigadores complementan esos recuentos con 32 cámaras trampa distribuidas por toda la reserva. El investigador sénior Umidjon Murtazayev explica que estos dispositivos registran la fauna las 24 horas y ayudan a los científicos a estudiar especies raras, su comportamiento, la dinámica de sus poblaciones y sus desplazamientos.

La tecnología no ha sustituido el trabajo de campo. El guarda Bobur Eshoniyev comenta que los equipos suelen permanecer en las montañas hasta el anochecer, cuando muchos animales se vuelven más activos.

Los responsables de la reserva afirman que la población de markhor está creciendo, aunque persisten amenazas como la caza furtiva, la presión del ganado y la fragmentación del hábitat.

En todos estos proyectos, la conservación combina cada vez más el trabajo de campo a largo plazo con tecnologías que van desde la inteligencia artificial hasta las cámaras remotas. La próxima prueba será comprobar si las poblaciones en recuperación pueden seguir creciendo mientras los hábitats de los que dependen se enfrentan a presiones ambientales cambiantes.

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