Los precios del gas en Europa han subido un 70% y las reservas se agotan. Los cortes de suministro, la inflación al alza y la posible subida de tipos del BCE avivan el temor a repetir la crisis energética de 2022.
En cuestión de semanas, el conflicto en Irán ha redefinido el cálculo energético de Europa. El precio de referencia del gas natural TTF holandés ha pasado de 38€/MWh a 54€/MWh en lo que va de mes, un aumento del 70% que sitúa a marzo de 2026 camino de registrar la mayor subida mensual de los precios del gas en Europa desde septiembre de 2021. Es una cifra que tiene implicaciones que van mucho más allá de los mercados energéticos.
La vulnerabilidad gasista de Europa no se reparte por igual
Europa ha entrado en esta crisis ya en una posición frágil. A 24 de marzo, las reservas subterráneas de gas se situaban apenas en el 28,4%, o 325 teravatios hora, cinco puntos porcentuales por debajo del nivel del mismo día del año pasado y claramente por debajo de la media estacional de los últimos cinco años, según Kyos European Gas Analytics.
Alemania figura entre los países más expuestos, con unas instalaciones de almacenamiento solo al 22,3% de su capacidad, casi siete puntos menos que hace un año. Francia presenta una situación similar, con un nivel del 22,1%.
Países Bajos es el caso más delicado del continente: allí el almacenamiento ha caído hasta solo el 6,0%, es decir, 9 TWh, menos de un tercio del nivel del año pasado y claramente por debajo del mínimo histórico para esta época del año.
El contraste con la península ibérica no podría ser mayor. Portugal afronta la crisis con los depósitos al 85,3% de su capacidad, mientras queEspañase sitúa en el 55,5%; ambos países se benefician de una mayor infraestructura de importación de GNL, de una menor dependencia del gas en su mix eléctrico y del despliegue de renovables, que ha reducido estructuralmente su exposición a las oscilaciones del precio mayorista del gas.
¿Hasta dónde pueden subir los precios del gas en Europa?
El shock de oferta en origen es estructural, no transitorio. Catar, segundo exportador mundial de GNL con 84.000 millones de metros cúbicos anuales y proveedor clave de varios Estados miembros de la UE, entre ellos Italia, Bélgica y España, ha confirmado que ya no puede cumplir sus obligaciones contractuales tras los ataques de Irán a principios de este mes contra la ciudad industrial de Ras Laffan.
Las reparaciones de la capacidad dañada podrían prolongarse hasta cinco años. En una nota de investigación fechada el 22 de marzo, Goldman Sachs elevó su previsión para el TTF en el segundo trimestre de 2026 hasta 72€/MWh desde 63€/MWh, y advirtió de que los almacenamientos europeos tendrán que atraer cargamentos de GNL que de otro modo irían a compradores asiáticos competidores para llenarse adecuadamente antes del próximo invierno.
En un escenario adverso, en el que los flujos energéticos por Ormuz se mantuvieran deprimidos durante 10 semanas en lugar de seis, la media del TTF en el verano de 2026 podría superar los 89€/MWh, según el banco.
En un escenario gravemente adverso, que contemplara daños más duraderos en las infraestructuras cataríes, el TTF podría situarse por encima de 100€/MWh durante todos los meses de verano. Una encuesta entre analistas energéticos realizada por Montel News pone cifras aún más contundentes a esos riesgos. Si el estrecho de Ormuz permaneciera cerrado durante tres meses, el contrato TTF del mes siguiente podría subir hasta alrededor de 90€/MWh, según Wood Mackenzie y Montel Analytics.
En el extremo superior de las previsiones, Ole Hvalbye, analista de materias primas del banco sueco SEB, advierte de que en ese escenario los precios podrían moverse entre 115 y 155€/MWh, ya que se retirarían del mercado mundial unos 28.600 millones de metros cúbicos de GNL.
Un cierre de seis meses, según sugiere la encuesta, llevaría el TTF medio hasta casi 160€/MWh, lo que Hvalbye describe como una "presión similar a la de 2022 o incluso peor", con precios potencialmente entre 145 y 240€/MWh y con el llenado de los almacenamientos para el próximo invierno volviéndose "casi imposible". A modo de referencia, el TTF alcanzó un máximo de 345€/MWh en agosto de 2022 tras la invasión rusa de Ucrania.
Qué supone esto para las facturas energéticas de los hogares
Para los hogares europeos, el impacto es real, pero se traslada de forma desigual a las distintas partidas de la factura. En una entrevista exclusiva con 'Euronews', Giuseppe Moles, director ejecutivo de Acquirente Unico, el organismo público italiano que gestiona el suministro energético de los clientes del mercado regulado, explicó cómo se transmite el shock.
En el caso del gas, la traslación es directa. El regulador italiano ARERA había fijado para febrero el componente energético para los clientes protegidos en 35,21€/MWh, pero advirtió de que esa cifra aún no reflejaba la escalada de precios posterior al estallido de la crisis.
Los precios de la electricidad también están subiendo, ya que el mayor coste del gas se traslada al mercado mayorista, pero el impacto a nivel minorista es más amortiguado. "El mercado eléctrico ya está incorporando parte del shock del gas", señaló Moles, que cifró el efecto en las facturas domésticas en unos pocos puntos porcentuales, perceptible, pero muy lejos del salto del 60-70% registrado en el gas al por mayor.
En los carburantes, la presión va más allá del crudo, con mayores costes de transporte marítimo, primas de seguro y restricciones de refino que elevan los precios en toda la cadena de suministro. "El verdadero cuello de botella es el refino", afirmó Moles.
Italia ya está aumentando el suministro de gas desde Argelia, ¿será suficiente?
Aunque Italia está en una posición mejor que la media de la UE, con niveles de almacenamiento de gas en el 43,9%, Moles advirtió de que la amenaza inmediata es de precios más que de falta física de suministro.
Ese contexto ayuda a explicar los contactos de la primera ministra Giorgia Meloni con Argelia, ya principal proveedor de gas de Italia por gasoducto. Moles calificó la iniciativa como "una decisión racional e importante" y destacó el papel de Argelia a la hora de reforzar la seguridad de suministro.
Pero también pidió no sobrestimar su impacto. "Argelia puede atenuar el golpe para Italia, pero no puede por sí sola neutralizar los efectos de una crisis sistémica en el Golfo", afirmó, subrayando cómo las perturbaciones en torno al estrecho de Ormuz siguen condicionando los precios energéticos globales más allá de cualquier relación bilateral concreta.
"No espero una repetición del escenario de 2022, sino más bien una fase de elevada volatilidad con picos de precios persistentes. Mucho dependerá de la resistencia de la oferta y de la trayectoria de la demanda mundial en los próximos meses", apuntó Moles.
¿Cuál puede ser el impacto en la inflación?
La tendencia desinflacionista que ha vivido Europa en los últimos tres años se ha terminado, al menos a corto plazo. Goldman Sachs espera que la inflación general de la zona euro repunte hasta el 2,7% interanual en marzo, frente al 1,89% de febrero, impulsada casi íntegramente por la energía, cuyo componente pasaría en solo un mes del -3,1% al +5,9% interanual.
La trayectoria a medio plazo también ha cambiado de forma abrupta: Goldman Sachs prevé ahora que la inflación general promedie el 2,9% en 2026 y alcance un máximo del 3,2% en el segundo trimestre, un escenario que a principios de año se consideraba un riesgo de cola.
La inflación subyacente, que excluye energía y alimentos, también se espera algo más alta, hasta el 2,5% en el tercer trimestre, a medida que los costes energéticos empiecen a trasladarse a los precios de los servicios y al transporte.
Ese traslado no será uniforme: Alemania se enfrenta a un shock en el precio del diésel de en torno al 25% mensual a finales de marzo, mientras que España ha amortiguado parcialmente el golpe al reducir a la mitad el IVA sobre la mayoría de fuentes energéticas.
"Esperamos que la inflación general alemana medida por el índice armonizado de precios de consumo (IPCA) aumente hasta el 3,0% interanual en marzo desde el 2,0% interanual en febrero", señaló esta semana en una nota la economista de Goldman Sachs Katya Vashkinskaya. Pero la dirección es la misma en todas partes. La ventana en la que el BCE podía sostener con credibilidad que iba camino de su objetivo del 2% se ha cerrado.
Qué implica una inflación más alta para los tipos de interés y el crecimiento
Para el Banco Central Europeo, el cálculo se ha invertido en cuestión de semanas. Antes del estallido de la guerra en Irán, los mercados descontaban nuevos recortes de tipos hasta 2026. Esa expectativa ha desaparecido.
Goldman Sachs y ABN AMRO prevén que el Consejo de Gobierno suba los tipos en 25 puntos básicos en su reunión del 30 de abril y de nuevo en junio, lo que llevaría la facilidad de depósito a un máximo del 2,5%.
El presidente del Bundesbank, Joachim Nagel, ya había defendido públicamente un alza en abril si las presiones de los precios energéticos no remitían.
Según los mercados de predicción, existe un 77% de probabilidad de que el BCE suba los tipos de interés este año. En un escenario adverso, Goldman Sachs calcula que los tipos podrían tener que subir en total entre 75 y 100 puntos básicos; en un escenario muy adverso, hasta entre 150 y 200 puntos básicos.
El momento no podría ser más incómodo. Goldman Sachs ha revisado a la baja el crecimiento del PIB de la zona euro para el conjunto del año al 0,7%, casi la mitad de la trayectoria prevista antes del conflicto, ya que el endurecimiento de las condiciones financieras se suma al shock de demanda provocado por el aumento de las facturas energéticas.
El índice PMI compuesto de la eurozona para marzo apenas se situó por encima del umbral de estancamiento, con los costes de los insumos aumentando al ritmo más rápido de los últimos tres años. "El BCE ya no está en una posición cómoda", afirmó Chris Williamson, economista jefe de S&P Global, al comentar el PMI adelantado de marzo de 2026.
¿Es tan grave como en 2022?
Todavía no, y posiblemente nunca llegue a serlo, según Bill Diviney, responsable de análisis macroeconómico de ABN AMRO. "Es poco probable que el shock sea ni de lejos tan intenso como la crisis energética de 2022-2023 derivada de la invasión rusa de Ucrania, y no afectará a las economías de la zona euro de forma tan uniforme como entonces", señaló en una nota reciente.
La señal más clara está en los mercados eléctricos: aunque los precios del gas han subido un 80% en lo que va de año, los precios mayoristas medios de la electricidad en las cinco mayores economías de la zona euro apenas se han movido desde el inicio del conflicto y siguen alrededor de un 14% más bajos en lo que va de año.
Este desacoplamiento refleja la aceleración del despliegue de renovables en Europa desde 2022 y el regreso de la flota nuclear francesa a plena capacidad, un cambio estructural que ahora actúa como amortiguador parcial.
La respuesta fiscal también será previsiblemente más limitada: los gobiernos están más constreñidos, los mercados de deuda son menos indulgentes y los responsables políticos son más conscientes que en 2022 de los riesgos inflacionistas asociados a las ayudas energéticas indiscriminadas.
La crisis de 2022 fue un shock sistémico que dejó al descubierto todas las vulnerabilidades que Europa había acumulado tras décadas de gas ruso barato. La actual es más focalizada, más desigual y, por ahora, más manejable. La incógnita es cuánto tiempo seguirá siendo así.