Tras cuatro ataques en 48 horas, un científico ha advertido de que el cambio climático podría aumentar el riesgo de mordeduras de tiburón. Le explicamos cómo el cambio climático influye en los ataques de estos animales.
Las mordeduras de tiburón acapararon titulares a principios de este año, después de que se registraran cuatro agresiones no provocadas en apenas 48 horas a lo largo de la costa este de Australia.
Una sucesión de incidentes inquietantes dejó a un niño de 12 años en Urgencias con heridas graves tras bañarse en el puerto de Sídney el 18 de enero. Más tarde falleció a causa del ataque.
Al día siguiente, un menor de 11 años vio cómo un tiburón destrozaba su tabla en Dee Why Beach. Horas después, un hombre fue atacado en el cercano barrio de Manly. El 20 de enero, un surfista "sufrió una herida en el pecho" tras el ataque de un tiburón unos 300 km más al norte.
Todo ello ha avivado las peticiones de realizar batidas de tiburones y ha dado alas al regreso de mitos persistentes sobre estos depredadores. No obstante, un científico insta a mirar más allá de los titulares sensacionalistas y a centrarse en cómo el calentamiento del planeta está afectando a las especies de nuestros océanos.
Cómo el cambio climático influye en los ataques de tiburón
El doctor Nicholas Ray investiga la dinámica poblacional del gran tiburón blanco en la Universidad Nottingham Trent del Reino Unido. En una reciente entrada de blog, sostiene que los medios tienden a englobar todos los incidentes con tiburones en una "única narrativa de peligro", pese a que Australia alberga más de 180 especies de tiburón. Cada una presenta comportamientos y hábitats distintos.
Los análisis de datos sobre mordeduras de tiburón de esta reciente oleada de ataques constataron que muchos incidentes se produjeron cerca de la orilla, especialmente en las proximidades de estuarios y alrededor del puerto de Sídney tras lluvias intensas.
Por cada 1ºC de aumento de la temperatura del aire, la atmósfera puede retener alrededor de un 7% más de humedad, lo que puede dar lugar a precipitaciones más intensas y torrenciales. Esto puede aumentar la probabilidad de inundaciones, que afectan a la salinidad, la temperatura y la visibilidad en los ecosistemas costeros.
Los tiburones toro, la especie implicada en la serie de ataques del mes pasado, se sienten atraídos por los sistemas inundados porque sus presas quedan desplazadas. La escorrentía urbana, las alteraciones en los cursos fluviales, los vertidos de aguas residuales y la actividad pesquera influyen en dónde se agregan las especies presa, lo que convierte nadar o surfear cerca de las desembocaduras tras las crecidas en una "actividad de alto riesgo".
"La escorrentía rica en nutrientes puede atraer peces pasto a nuevas zonas y los tiburones toro los siguen", afirma el doctor Ray. "Investigaciones realizadas en el este de Australia han documentado tiburones toro pasando largas temporadas en lugares como el puerto de Sídney durante los meses más cálidos, coincidiendo con el aumento de la temperatura del agua y un mayor aporte de agua dulce".
¿Cazan los tiburones a los humanos de forma intencionada?
Los tiburones blancos también están respondiendo al cambio climático, con estudios que muestran que sus desplazamientos están estrechamente ligados a la distribución de las presas y a condiciones oceánicas como los frentes de temperatura.
El doctor Ray desmonta el mito de que los tiburones "cazan a los humanos de forma intencionada", y explica que la mayoría de las mordeduras se clasifican como casos de confusión o de "comportamiento exploratorio". Se debe a que los tiburones dependen de sentidos como la electrorrecepción y la vibración más que de la vista.
"Las mordeduras de tiburón son el resultado de complejas interacciones entre el cambio climático, la dinámica de los ecosistemas y el comportamiento humano. Si seguimos presentando cada mordedura como prueba de que los tiburones 'se están volviendo contra nosotros', dejamos de plantearnos preguntas más pertinentes: qué condiciones ambientales hay, cómo hemos alterado los sistemas costeros y cómo podemos reducir el riesgo sin demonizar a la fauna", concluye.