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La mala planificación urbana agrava los daños de las borrascas en Portugal

Residentes colocan tablas para evitar que el agua entre en las casas inundadas tras el desbordamiento del río Sado debido a las fuertes lluvias en Alcácer do Sal, sur de Portugal, el viernes.
Residentes colocan tablas para evitar que el agua entre en las casas inundadas tras el desbordamiento del río Sado debido a las fuertes lluvias en Alcácer do Sal, sur de Portugal, el viernes. Derechos de autor  AP Photo
Derechos de autor AP Photo
Por Ana Filipa Palma
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Las borrascas que han golpeado Portugal cuestionan la planificación urbana y la preparación de las ciudades frente al cambio climático y fenómenos extremos cada vez más frecuentes.

Casas destruidas, árboles caídos, carreteras arrasadas, calles enteras inundadas como si el río viviera allí. Miles de desplazados que ya no distinguen entre las lágrimas y el agua de lluvia, que no ha cesado en los últimos días. Este es el triste escenario de un país que, según los expertos, ha vuelto a fallar y ha dejado espacio para que ocurra lo peor.

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"Falló la planificación", afirma Maria do Rosário Partidário, profesora de Planificación, Urbanismo y Medio Ambiente del Instituto Superior Técnico de la Universidad de Lisboa, en una entrevista concedida a 'Euronews'.

A pesar de las miradas incrédulas ante las imágenes que han llegado, la realidad no es nueva. "Esto ocurre desde hace años. Solo muy recientemente ha habido una preocupación real", señala. Para muchos, ya es demasiado tarde.

Portugal se ha visto afectado por sucesivas borrascas que han causado daños incalculables en distintas partes del país, con inundaciones y cortes de electricidad, agua y comunicaciones. Más de una docena de personas han fallecido directa o indirectamente a causa de las fuertes lluvias y las rachas de viento.

Vecinos llevan sus pertenencias por una calle tras el desbordamiento del Sado. Alcácer do Sal, viernes 6 de febrero de 2026
Vecinos transportan sus pertenencias por una calle tras el desbordamiento del Sado. Alcácer do Sal, viernes 6 de febrero de 2026 AP Photo

"Las ciudades deben adaptarse", sostiene la experta en planificación estratégica. Las tormentas han devastado decenas de regiones y han puesto de manifiesto las debilidades en la ordenación del territorio. "Hay un desprecio absoluto por la permeabilidad del suelo", explica Partidário, que también es consultora en Evaluación Ambiental Estratégica. Y lo resume de forma sencilla: "No hay espacio para el agua".

"Es como abrir un grifo: es la diferencia entre que el agua fluya por un colador o caiga en un vaso. En el colador, se filtra; en el vaso, llega un momento en que se llena y rebosa", ejemplifica.

La profesora reconoce que el ciclo del agua y la fuerza de la naturaleza no pueden controlarse; sin embargo, si se hubieran adoptado medidas preventivas teniendo en cuenta el cambio climático, muchas consecuencias podrían haberse evitado. "La construcción de decenas de aparcamientos, rotondas, centros comerciales… esta acumulación solo contribuye a sellar el suelo", advierte.

La edificación sin dejar respirar el terreno, la construcción en zonas de riesgo y la ausencia de balsas de retención o planes eficaces de drenaje son algunos de los errores cometidos en la gestión territorial y urbanística que ahora dificultan contener el agua y frenar el desastre.

"He visto derrumbes de carreteras en los que resulta evidente que no hubo una evaluación adecuada en la planificación", afirma. La profesora lleva tiempo defendiendo que es necesario "volver a lo básico", es decir, "reintroducir la naturaleza en las ciudades". "Plantar más árboles y crear más espacios verdes es fundamental", subraya.

Los árboles son esenciales para afrontar los desafíos climáticos: mejoran la calidad del aire, reducen el efecto de las olas de calor y ayudan al suelo y a las raíces a absorber el agua.

El problema no es solo la construcción descontrolada, sino también el tipo de edificación y los materiales utilizados. "La construcción precaria está proliferando en muchas ciudades", denuncia Partidário, que critica un mercado inmobiliario inasequible que favorece soluciones rápidas y frágiles, como la autoconstrucción. "Hemos visto muchos polígonos industriales con cubiertas de zinc que no han resistido", recuerda.

La falta de mantenimiento y de revisión de la capacidad de las infraestructuras es otro factor señalado. La profesora pone como ejemplo las torres eléctricas de REN, diseñadas para soportar vientos de hasta 150 kilómetros por hora. Sin embargo, la tormenta Kristin registró rachas superiores a los 180 kilómetros por hora, inutilizando 774 kilómetros de líneas de muy alta tensión y derribando 61 torres. "Quizá tampoco estamos evaluando los riesgos a la luz del cambio climático", sugiere.

Al final de la jornada del miércoles, un dique del río Mondego, ya al límite, cedió en Coimbra. A pesar de las lluvias torrenciales de los últimos días, que agravaron las inundaciones en la región, hubo voces que apuntaron a la falta de mantenimiento de la infraestructura hidráulica.

Jorge Avelar Froes, ingeniero agrónomo que formó parte del equipo del proyecto del dique del Mondego, declaró a 'Público' que la estructura sigue siendo robusta, pero que años de "abandono y negligencia" pueden haber provocado daños. El sistema de diques se creó para evitar que el Mondego inundara los campos agrícolas de sus orillas, algo habitual en el pasado.

En 2019 ya se produjo un derrumbe en Montemor-o-Velho que obligó a repararlo, seguido de otro en 2020. Para Avelar Froes, es necesaria una evaluación estructural completa que garantice que el sistema, construido entre finales de los años setenta y mediados de los ochenta, sigue siendo adecuado.

**"**Ojalá algún día alguien haga cuentas"

En 2007, Portugal aprobó una directiva del Parlamento Europeo que dio lugar a la Evaluación Ambiental Estratégica (EAE), un instrumento para analizar los posibles efectos ambientales de planes y programas públicos, incluida la ordenación del territorio.

Partidário, que ha trabajado como consultora de EAE en municipios como Cascais, Montijo, Alcochete, Palmela y Lourinhã, recuerda que se han realizado numerosos estudios: "Hace diez o 15 años había varios proyectos. Se introdujeron medidas para adaptar las ciudades a las olas de calor y a la concentración de lluvias". El problema, señala, es que muchos planes "no pasan del papel" o, si se ejecutan, "no tienen seguimiento".

Las cuestiones climáticas y de riesgo están presentes en la planificación urbanística, pero, a su juicio, "siguen relegadas a un segundo plano" por algunos ayuntamientos. "Basta con ver la construcción masiva sobre la línea de agua", afirma.

El Plan General de Drenaje de Lisboa, iniciado en 2016, es un ejemplo de proyecto destinado a afrontar el impacto de las lluvias intensas. Sin embargo, "no fue una medida preventiva, sino reactiva, tras años de inundaciones", apunta. Valorado en 250 millones de euros, incluye varias balsas de retención y dos túneles que conectarán Monsanto con Santa Apolónia y Chelas con Beato, estructuras destinadas a recoger el agua desde puntos elevados de la ciudad.

La elevada inversión necesaria es, según la experta, una de las razones por las que estas medidas no se adoptan con mayor frecuencia. "Una balsa de retención es cara y sus resultados no son inmediatos; se ven años después", explica. "Pero me gustaría que algún día alguien hiciera cuentas de los daños acumulados y los comparara con lo que costaría invertir en prevención".

El embalse que protegió Setúbal

Proyectada en 2018, la balsa de retención del Parque Urbano de Várzea ha sido señalada como ejemplo de medida eficaz tras las últimas tormentas. "Las acciones preventivas de limpieza de drenajes fueron importantes, pero, dada la cantidad de lluvia, fue sobre todo la cuenca de retención de Várzea la que protegió el centro de la ciudad y evitó inundaciones", afirmó Paulo Maia, concejal de Protección Civil del Ayuntamiento de Setúbal.

El proyecto se desarrolló en terrenos de antiguas quintas hoy abandonadas, donde se construyeron cuencas similares a lagos para reducir el riesgo de inundaciones. Para Partidário, este tipo de soluciones son fundamentales. "Es una solución natural a nivel del suelo", explica.

En el marco de programas europeos como POSEUR, Portugal 2020 y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional, también se crearon dos pozos de captación y se plantaron alrededor de 1.290 árboles para ayudar a prevenir la erosión. Los senderos se construyeron con hormigón poroso, que permite la infiltración rápida del agua y la circulación del aire.

Con las fuertes lluvias de la tormenta Leonardo, la cuenca solo utilizó el 20% de su capacidad. Según el Ayuntamiento, junto con otras estructuras menores, que suman una capacidad total de unos 300.000 metros cúbicos, sigue cumpliendo su función de evitar inundaciones.

El Parque Urbano de Várzea demuestra que es posible aplicar medidas ambientales que mejoren la resiliencia urbana y la calidad de vida. Para Partidário, la implicación ciudadana es clave para que las comunidades comprendan, participen y se sientan responsables de su territorio.

En el futuro, concluye, será esencial repensar la planificación urbana situando la protección del medio ambiente y el bienestar de las personas en el centro de todas las decisiones.

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