Las turberas son mucho más que reservas de carbono y refugios de biodiversidad. En un contexto de creciente tensión geopolítica, varios países europeos las consideran también una barrera natural capaz de dificultar el avance de posibles agresores.
Cuando se habla de defensa, lo primero que suele venir a la mente son los carros de combate, los drones o las instalaciones fronterizas. Las turberas rara vez figuran en esa lista. Sin embargo, su humedad permanente, su difícil acceso y la escasa transitabilidad del terreno las convierten en un factor cada vez más relevante para la seguridad.
Los Estados bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) estudian, en el marco de la Línea de Defensa del Báltico, cómo integrar las turberas y otros humedales como barreras naturales en la defensa de sus fronteras. En Alemania, el debate afecta al mismo tiempo a la protección del clima, la biodiversidad, la gestión del agua y la planificación militar, ya que las turberas intactas almacenan carbono, retienen agua y pueden dificultar los movimientos sobre el terreno.
Las turberas como frontera natural
Quien avanza con material pesado por un terreno pantanoso pierde velocidad y capacidad de maniobra. Lo que durante décadas se consideró un obstáculo se revaloriza ahora desde una perspectiva estratégica. El profesor Hans Joosten, cofundador del Greifswald Moor Centrum y uno de los mayores expertos mundiales en turberas, explica a 'Euronews':
"Las turberas han configurado históricamente las zonas fronterizas en todo el mundo. Se observa que muchas fronteras, ya sea entre Alemania y Países Bajos, entre Tomsk y Novosibirsk o en torno al lago Chad, están marcadas por humedales o turberas. Estas zonas son más fáciles de defender".
Para el material militar pesado son casi como un campo de minas, "solo que más humano", afirma Joosten. Existen pasos transitables, pero están muy concentrados y, por tanto, pueden controlarse mucho mejor. Jan Peters, director gerente de la Fundación Michael Succow, socia del Greifswald Moor Centrum, considera que el mayor impacto en materia de seguridad se lograría sobre todo fuera de Alemania:
"Dentro de Alemania es un argumento más difícil de defender. Los recursos pueden emplearse con mayor eficacia en los países bálticos y en Polonia, porque allí, en la frontera exterior de la UE y de la OTAN, existe una amenaza directa. Además, aún hay muchas superficies que pueden restaurarse y los precios del suelo y los conflictos de intereses son claramente menores que aquí".
Aun así, el debate gana peso también en Alemania, entre otras razones porque la Bundeswehr (las Fuerzas Armadas alemanas) está desplegando en Lituania su primera brigada permanente en el extranjero, lo que refuerza los vínculos con esas regiones.
Entre clima y seguridad
En Alemania, la política sobre turberas ha estado vinculada tradicionalmente a la protección medioambiental. El Gobierno federal quiere rehumedecer las turberas drenadas para reducir emisiones, aumentar la capacidad de almacenamiento de agua y preservar hábitats naturales.
Joosten ilustra la magnitud del problema: "En todo el mundo, las turberas drenadas representan alrededor del 5% de las emisiones globales. En Alemania son el 7%, y en Mecklemburgo-Pomerania Occidental alcanzan incluso el 40%". Desde el punto de vista climático, insiste, la rehumidificación no es una cuestión de "si", sino de "cuándo":
"A largo plazo, y desde la perspectiva climática, tendremos que rehumedecer todas las turberas durante los próximos 30 años. No es opcional". La cuestión, añade, es determinar hasta qué punto la protección del clima puede combinarse con las necesidades de defensa allí donde resulte útil.
Jan Peters, que trabaja en políticas relacionadas con las turberas, destaca sus beneficios más amplios: "Ese es, por supuesto, el gran valor añadido: todos esos efectos positivos". Entre ellos cita la protección del clima, la conservación de la biodiversidad y la disponibilidad de agua. Ahora, señala, la defensa se suma como un argumento adicional.
Un portavoz de la Oficina Federal de Infraestructura, Protección del Medio Ambiente y Servicios de la Bundeswehr explicó a 'Euronews' que los obstáculos naturales en forma de zonas húmedas influyen en la movilidad tanto de las fuerzas propias como de las enemigas y se tienen en cuenta en la planificación operativa.
La rehumidificación de las turberas puede resultar "ventajosa, pero también perjudicial para la conducción de las propias operaciones". Como principal nudo logístico para los movimientos de tropas de la OTAN hacia el este, Alemania depende de corredores de transporte abiertos. Por ello, cualquier actuación debe ponderarse frente a las necesidades militares.
Báltico y Polonia: el paisaje como parte de la defensa
En los países bálticos la situación es más inmediata. Su proximidad a Rusia y Bielorrusia hace que la defensa territorial se plantee en términos más espaciales y estratégicos. Allí, la restauración de las turberas ya forma parte de las discusiones sobre planificación defensiva.
Según 'The New York Times', Lituania planea restaurar 6.000 hectáreas de turberas como parte de su estrategia de defensa total. El viceministro de Defensa, Tomas Godliauskas, describió estos ecosistemas como una "línea defensiva integral".
La rehumidificación resulta más barata que otras barreras tradicionales, como zanjas anticarro o campos de minas. Por su parte, el Ministerio de Medio Ambiente lituano prevé renaturalizar estas áreas durante los próximos 30 años, en línea con el reglamento europeo de restauración de la naturaleza.
Polonia también apuesta por las barreras naturales. El denominado 'East Shield' (Escudo Oriental) contempla un sistema defensivo de 700 kilómetros junto a la frontera oriental del país. Aproximadamente un tercio de esa línea estaría formado por espacios naturales prácticamente impenetrables.
Importancia histórica
La discusión tiene también una dimensión histórica. Joosten recuerda las turberas de Prypjat, entre Bielorrusia y Ucrania. Cuando en las décadas de 1960 y 1970 se planteó su desecación, fue precisamente el Ministerio de Defensa soviético uno de sus mayores críticos.
"Estas turberas frenaron a Napoleón, frenaron a Hitler". Pese a ello, los proyectos siguieron adelante. La guerra en Ucrania ha vuelto a poner de relieve esta realidad. Las zonas inundadas, los pantanos y los terrenos intransitables han contribuido en algunos casos a ralentizar o desviar ofensivas militares.
En una nota informativa publicada en mayo de 2025, el Greifswald Moor Centrum recordaba ejemplos históricos que van desde los campesinos de Dithmarschen hasta la defensa de Kiev en 2022. Las turberas pueden actuar como fosos naturales, dificultando los movimientos rápidos de tropas y obligando a los atacantes a avanzar por corredores previsibles.
Infraestructura natural para la seguridad
El profesor Stefan Bayer, director de investigación del German Institute for Defence and Strategic Studies, un centro de estudios vinculado a la Bundeswehr en Hamburgo, y miembro del Consejo Alemán para el Desarrollo Sostenible, considera que la restauración de las turberas encaja plenamente en la política de seguridad.
En declaraciones a 'Euronews' afirma: "Además de sus beneficios ambientales y económicos, medidas de este tipo podrían aumentar la eficiencia del gasto en Defensa si se diseñan adecuadamente".
Bayer señala que la Bundeswehr ya ha incorporado esta cuestión a la planificación de la defensa nacional y considera que países del flanco oriental de la OTAN, como Estonia, Lituania, Rumanía o Ucrania, deberían intensificar este tipo de actuaciones.
También detecta cierta reticencia ideológica a la hora de valorar estas medidas. La defensa suele asociarse a grandes sistemas de armamento, mientras que la restauración de turberas se ha considerado tradicionalmente una cuestión ambiental.
A su juicio, este debate demuestra que la 'Zeitenwende', el cambio de paradigma impulsado en Alemania tras la invasión rusa de Ucrania, aún no ha llegado a todos los ámbitos de la sociedad.
La protección del clima sigue siendo la prioridad
Pese al creciente interés en materia de seguridad, el principal motivo para restaurar las turberas sigue siendo la lucha contra el cambio climático. Las turberas intactas son enormes depósitos de carbono y también importantes reservas de agua. Ayudan a mitigar las sequías, reducir el riesgo de inundaciones y conservar hábitats esenciales para numerosas especies.
Según Joosten, alrededor del 95% de las turberas alemanas están drenadas y, sin rehumidificación, será imposible alcanzar los objetivos de neutralidad climática. Precisamente por eso resulta llamativa esta nueva perspectiva: no enfrenta la protección de la naturaleza con la defensa, sino que muestra que ambos ámbitos pueden converger en determinadas cuestiones.
Bayer subraya que la restauración de las turberas refuerza simultáneamente la protección del clima, fomenta la biodiversidad y contribuye a la defensa nacional. Quienes interpretan esta estrategia como una "militarización de la protección de la naturaleza", sostiene, pasan por alto que una sola medida puede ayudar a afrontar varias amenazas al mismo tiempo.
Un beneficio políticamente delicado
Con todo, Jan Peters pide prudencia en el lenguaje. La restauración de las turberas no debe entenderse como un cierre frente a los socios de la UE y la OTAN, sino como una tarea compartida dentro de la alianza. Para Alemania, afirma, el asunto solo tiene pleno sentido si se aborda desde una perspectiva europea.
Un pantano no detiene por sí solo un dron ni un misil de crucero. Pero integrado en una arquitectura defensiva de varias capas, puede ofrecer algo que ningún muro de hormigón garantiza por sí mismo: una protección duradera, de bajo coste y compatible con la lucha contra el cambio climático.