Fieles que cargaban cruces de madera y vestían atuendos bíblicos recorrieron el 3 de abril barrios como Yaba e Ikeja, deteniéndose para orar y reflexionar sobre las últimas horas de Jesús.
Este ritual anual se celebra de forma generalizada en todo el país, pero este año muchos participantes dijeron que les llegó más hondo, en un momento en que los hogares lidian con la subida de los precios, la inseguridad laboral y una violencia que no cesa. El Viernes Santo es día festivo en Nigeria y uno de los momentos más visibles del calendario cristiano.
El simbolismo fue especialmente intenso en Lagos, donde la inflación y el coste del transporte siguen marcando la vida cotidiana. Informes recientes sobre los mercados muestran que los alimentos básicos siguen siendo caros en toda la ciudad, aunque algunos precios han bajado desde los máximos anteriores. En ese contexto, el Vía Crucis se convirtió tanto en un acto religioso como en una expresión pública de resistencia.
Nigeria alberga una de las mayores comunidades cristianas de África, y las procesiones de Pascua congregan habitualmente a grandes multitudes. Este año, sin embargo, el mensaje que se escuchaba en las calles no hablaba solo de sacrificio y redención, sino también de resistencia en un país sometido a una presión económica constante.