Al visitar la ciudad del noroeste, el Papa volvió a centrar la atención internacional en el conflicto en las regiones anglófonas, que se mantiene desde 2017 y ha dividido profundamente al país. Las carreteras estaban abarrotadas de gente llegada de toda la región, entre ellos muchos desplazados por la violencia, mientras pedía unidad en la fe y advertía contra un mundo "asolado por un puñado de tiranos", y condenó que se desvíen recursos hacia las armas en lugar de destinarlos al desarrollo humano.
Antes, en Bamenda, Leo XIV presidió un encuentro interreligioso en la catedral de Saint Joseph junto a un jefe tradicional, un líder protestante, un imán y una monja católica, en una inusual demostración de cooperación en una región marcada por tensiones políticas y sectarias.
El encuentro reflejó los esfuerzos locales por poner fin a una violencia que ha causado más de 6.000 muertos y ha obligado a desplazarse a más de 600.000 personas, según el International Crisis Group.
Los organizadores señalaron que decenas de miles de personas asistieron a la misa en el aeródromo, muchas de comunidades desplazadas en repetidas ocasiones desde 2017, lo que subraya el peso simbólico de la visita del Papa y su mensaje de diálogo y reconciliación.