Los asaltantes entraron en una sucursal de Crédit Agricole en el centro de Nápoles alrededor del mediodía, se hicieron con el control de las instalaciones y retuvieron a empleados y clientes durante unas dos horas. Posteriormente, todos los rehenes fueron liberados ilesos, pero los sospechosos huyeron antes de que las unidades de la Policía accedieran al edificio, lo que ha suscitado dudas sobre el grado de planificación y las brechas de seguridad.
Los investigadores creen que el túnel se preparó con antelación durante varias semanas, lo que permitió a los ladrones acceder a cajas de seguridad cuyo contenido resulta difícil de rastrear.
Un vehículo con matrícula temporal encontrado cerca del lugar está siendo sometido a análisis forenses en busca de restos de ADN y datos de GPS. La Policía italiana y varias unidades especializadas dirigen la investigación, centrada en posibles cómplices y en el uso de infraestructuras subterráneas en la delincuencia urbana.
El caso pone de relieve un cambio hacia atracos bancarios más organizados en Italia, con bandas que recurren a una planificación a largo plazo y al acceso subterráneo. Robos recientes mediante túneles y cámaras acorazadas perforadas han despertado preocupación por su creciente sofisticación.