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El peligroso avance de la tuberculosis

El peligroso avance de la tuberculosis
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Un catarro persistente. Fatiga. Pérdida de peso. Los síntomas de la tuberculosis no son obvios, pero sí sus consecuencias: tres muertos en todo el mundo cada minuto. Es una epidemia y los expertos estiman que a un tercio de las personas afectadas no se les ha detectado ni tratado la enfermedad, por lo que además se la contagian a otros.

Algunos de los que están atendidos no mejoran. La resistencia de la bacteria a la medicación está aumentando y el Fondo Global para la Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria advierte de que hay un riesgo catastrófico para la seguridad sanitaria global. "La tuberculosis se transmite por vía aérea. Se puede contraer en cualquier sitio. Creo que la mejor manera de evitar que un país o un pueblo contraigan la tuberculosis es combatirla en el lugar de procedencia porque cualquiera puede contraerla debido a la migración que hay. Por lo tanto, creo que los países deben despertar", explica el doctor Eliud Wandwalo, coordinador para la tuberculosis de la institución.

Con el tiempo, las bacterias y los virus aprenden a resistir a los tratamientos. El efecto se agrava cuando los medicamentos no se toman a tiempo. Es el caso de la tuberculosis, que obliga a los pacientes a cumplir varias fases de antibióticos durante al menos seis meses, con éxito limitado y a menudo con la aparición de efectos secundarios.

A medida que disminuyen los medicamentos efectivos, son necesarios nuevos diagnósticos, vacunas y tratamientos. Pero la tuberculosis afecta mucho más a gente y países pobres y las empresas encuentran pocos incentivos para invertir. El nuevo antídoto que Johnson & Johnson puso en el mercado en 2012 fue el primero que se aprobó en cuarenta años, debido, se´gún el científico jefe de la empresa, Paul Stoffels, a que "cuesta lo mismo desarrollar un medicamento contra la tuberculosis que uno contra el cáncer, un medicamento inmunológico. Se necesita el mismo tiempo y esfuerzo. Pero si no hay un mercado real, es muy difícil poner mil millones de dólares detrás de un programa de desarrollo contra la tuberculosis".

Pero el problema es demasiado grande como para ignorarlo. La tuberculosis resistente a los tratamientos mata cada año a unas 250.000 personas, alrededor de un sexto de total, atendiendo a cifras de 2017. La enfermedad está expandiendo con rapidez y ya ha llegado a las puertas de Europa, a Bielorrusia, Rusia y Kazajistán, donde un cuarto de los nuevos casos son resistentes a los medicamentos. El año pasado, la Asamblea General de la ONU se comprometió a acabar con la enfermedad para 2030, pero el fondo Global considera que en la situación actual se está lejos de poder alcanzar esa meta.