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Lukasenko ordena la detención de una decena de opositores en la víspera de las elecciones

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La policía detiene a un hombre en Minsk, Bielorrusia, el 8 de agosto de 2020.
La policía detiene a un hombre en Minsk, Bielorrusia, el 8 de agosto de 2020.   -   Derechos de autor  AP / Sergei Grits
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Comenzaron las votaciones en Bielorrusia. Las elecciones presidenciales se viven bajo un ambiente de crispación ya que Alexander Lukasenko se juega su sexta reelección mientras que la oposición busca acabar con su hegemonía que comenzó en 1994.

Ante la incertidumbre de su destino, Lukasenko se ha dedicado a endurecer su diatriba. La policía detuvo al menos una decena de personas que participaban en demostraciones contra su gobierno.

Las detenciones tuvieron lugar en la víspera de los comicios presidenciales que tiene en vilo a la comunidad internacional.

"Las cosas serán como el gobierno quiere que sean. Pero nadie sabe qué pasará el día 10", dice Maria, entrevistada en las calles de Minsk.

Aunque las encuestas están prohibidas, los analistas creen que el mandatario ya no cuenta con el mismo respaldo popular que antaño, en gran medida debido a su gestión de la COVID-19, ya que nunca admitió la magnitud de la pandemia y los riesgos de un contagio, lo que provocó un gran descontento popular. Ante la efervescencia de la disidencia en el país, Lukasenko ha endurecido su mano contra sus contricantes, ordenando la detención de los dos principales candidatos opositores y el rechazo del registro de un tercero, que huyó al exilio.

Ahora todo podría quedar resumido entre él y su principal rival, Svetlana Tijanóvskaya, candidata de la oposición unificada quién también denuncia la persecución de sus colaboradores.

La oposición se ha aglutinado en torno a Tijanóvskaya, cuyo marido, Serguéi Tijanovski, el bloguero más popular del país, está en prisión desde hace tres meses.

Con 26 años en el poder, Alexander Lukasenko, busca su sexta reelección. Sin embargo, con una economía en números rojos y un gran descontento social por la perpetuidad de su gestión, no le ha sido fácil convencer a los bielorrusos en esta oportunidad.

Detrás de la pista de un posible fraude

El alto representante para la Política Exterior de la Unión Europea, Josep Borrell, elogió el viernes la movilización política "pacífica" entre los bielorrusos en favor de unas elecciones democráticas y condenó como "inaceptables" las restricciones a la libertad de reunión y la detención de opositores, observadores y periodistas.

"La soberanía e independencia de un país sólo se puede fortalecer con unas elecciones pacíficas, libres y justas", dijo.

Por primera vez en la historia de las elecciones bielorrusas, en los comicios no habrá observadores de la OSCE, ni tampoco de reconocidas organizaciones de derechos humanos, como la bielorrusa Vesná.

La comisión electoral rusa tampoco ha enviado en esta ocasión observadores al país vecino, donde únicamente supervisarán la votación representantes de países del antiguo espacio postsoviético.

Las autoridades explicaron la reducción del número de observadores por las medidas de lucha contra el nuevo coronavirus, mientras los activistas denunciaron falta de transparencia e imposibilidad de garantizar un recuento justo en circunstancias actuales.

Estos temores aumentaron después de que la Comisión Electoral Central del país rechazara la propuesta de instalar cámaras de videovigilancia en los colegios electorales.

Para evitar el fraude, la oposición ha llamado a sus partidarios a votar sólo el domingo y fotografiar su papeleta con el fin de realizar un recuento paralelo en Minsk y las principales ciudades del país a través de un programa informático en el que se han registrado casi un millón de personas.