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De paraíso a riesgo: la ganadería intensiva contamina las zonas de baño europeas

Mary O’Hagan asegura que nadar en el lago Neagh, en Irlanda del Norte, transformó su salud mental y física, hasta que las algas verdeazuladas se lo impidieron.
Mary O’Hagan afirma que nadar en Lough Neagh, en Irlanda del Norte, transformó su salud mental y física, hasta que las algas azul verdosas la obligaron a dejarlo. -  Derechos de autor  Joe Laverty
Derechos de autor Joe Laverty
Por Selene Magnolia Gatti, Santi Donaire and Clare Carlile
Publicado •última actualización
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Una 'baba verde' está apareciendo en las costas europeas a medida que el calentamiento del mar, las aguas residuales y los vertidos agrícolas alimentan el crecimiento de algas tóxicas.

"Recuerdo nuestra hermosa playa antes de la contaminación", afirma el vecino de Bretaña Jean Hascoet, que encabeza el grupo local Baie de Douarnenez Environnement. "Ahora, con miles de cerdos cerca de nuestro pueblo, todo es distinto".

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En Francia y España, los litorales europeos se están viendo asfixiados por proliferaciones tóxicas de algas. La comunidad científica tiene claro el origen: décadas de sustancias químicas filtrándose a los cursos de agua. El tratamiento deficiente de las aguas residuales humanas, junto con los fertilizantes y los excedentes de estiércol de unas macrogranjas en expansión constante, son los responsables.

Los mares calentados por el cambio climático están alimentando aún más el rápido crecimiento de estas algas, que alteran frágiles ecosistemas y acaban con peces y plantas. Algunas especies también pueden provocar náuseas, vómitos y erupciones cutáneas en humanos, lo que ha llevado a centenares de prohibiciones de baño en todo el continente este verano.

El medio de investigación climática DeSmog (fuente en inglés) ha visitado algunos de los lugares más afectados de Europa, donde ha hablado con pescadores, bañistas y propietarios de negocios cuya subsistencia y bienestar dependen de unas aguas sanas.

Mar Menor
Mar Menor Santi Donaire

"La zona de sacrificio" de España: la agricultura amenaza una laguna protegida

"Jamás volverán a verme bañándome en esa agua", dice Fina.

Esta murciana de 84 años vive con su marido en primera línea de playa en Los Urrutias, en la orilla occidental del Mar Menor, la mayor laguna salada de Europa. Algas putrefactas se amontonan en la orilla y desprenden un hedor insoportable.

"Esto antes era un paraíso. El mar estaba lleno de caballitos de mar", recuerda Fina.

Fina y su marido posan en la puerta de su casa frente al mar en Los Urrutias, en el Mar Menor, en Murcia.
Fina y su marido posan en la puerta de su casa frente al mar en Los Urrutias, en el Mar Menor, en Murcia. Santi Donaire

En la última década se ha producido un fuerte aumento de algas que asfixian la vida marina en el Mar Menor, un destino muy concurrido por turistas españoles e internacionales.

Pese a que en 2022 el Gobierno español le otorgó la consideración de "personalidad jurídica", que le reconoce derechos de protección y restauración, la laguna sigue sometida a la presión de los vertidos procedentes de la agricultura.

Las cianobacterias, conocidas también como algas verdeazuladas, necesitan nutrientes como nitrógeno y fósforo para crecer. La agricultura intensiva en la región del Mar Menor les proporciona un suministro constante de estiércol, purines y escorrentías de fertilizantes ricos en nutrientes.

Los estudios estiman (fuente en inglés) que la agricultura es responsable de en torno al 85% de los nutrientes que llegan a la laguna, mientras que el resto procede de fuentes urbanas.

"La tierra no puede absorberlo todo", señala Pedro Luengo, biólogo y portavoz del colectivo Ecologistas en Acción en Murcia. "Somos una zona de sacrificio".

Protesta organizada por varios colectivos ciudadanos y ecologistas en la Playa de Los Espejos, en Los Alcázares, contra la contaminación del Mar Menor.
Protesta organizada por varios colectivos ciudadanos y ecologistas en la Playa de Los Espejos, en Los Alcázares, contra la contaminación del Mar Menor. Santi Donaire

Incluso en el este de la laguna, la zona más alejada de los campos de cultivo, las autoridades locales tienen que esforzarse para mantener un paraíso artificial para los turistas. En los tres primeros meses de 2026 han recogido más de 4.000 toneladas de algas en las orillas del Mar Menor y en aguas cercanas, el equivalente aproximado al peso de 1.000 elefantes.

Las autoridades locales recogen algas en las orillas del Mar Menor.
Las autoridades locales recogen algas en las orillas del Mar Menor. Santi Donaire

Pero estos esfuerzos no han protegido a quienes dependen de la laguna para ganarse la vida.

"Antes pescábamos muchas más doradas y gambas. Ahora las capturas son mucho menores", explica Rubén Albaladejo, pescador de Lo Pagán. "El Mar Menor es un desagüe en el que todo el mundo tira su basura y sus residuos".

El aumento de la temperatura del agua está dificultando aún más la capacidad reproductiva de estas especies: "Hemos llegado a los 30 grados, algo que no habíamos visto nunca", añade Albaladejo.

Rubén Albaladejo, en su barco de pesca, amarrado en la cofradía de pescadores de San Pedro del Pinatar, Murcia.
Rubén Albaladejo, en su barco de pesca, amarrado en la cofradía de pescadores de San Pedro del Pinatar, Murcia. Santi Donaire

En agosto, científicos advirtieron de que el cambio climático provocado por el ser humano ha añadido alrededor de 2°C a las temperaturas máximas del mar Mediterráneo y unos 1,4°C en los mares de Europa occidental, según World Weather Attribution. El Mediterráneo registró en julio una media récord de 27,07°C.

El Ministerio para la Transición Ecológica está financiando ocho proyectos con más de 11,5 millones de euros para reducir la contaminación ganadera, entre ellos nuevos métodos de tratamiento de purines de cerdo y el traslado de rebaños de ovejas a pastos abiertos. Forman parte de un programa nacional de 675 millones de euros para recuperar la laguna, pero a finales de 2025 solo se había ejecutado en torno al 16% de ese presupuesto.

"El Lough está muerto": los pescadores de Irlanda del Norte afrontan su peor año

A 2.000 kilómetros de allí, en Irlanda del Norte, Declan Coney ha visto cómo el Lough Neagh, el lago más grande del Reino Unido, queda devastado cada verano por las algas verdeazuladas desde 2023.

"La pesca la llevo en la sangre, generación tras generación", cuenta Coney. Pero "este año ha sido el peor de todos para pescar. El lago está muerto".

Las poblaciones de trucha y anguila han disminuido en los últimos años, en parte por estas algas que consumen oxígeno y cuyo peso hace que las redes de Coney se cierren, impidiendo que los peces entren.

Desde los años 2000, el lago está tomado por los mejillones cebra invasores. Al apropiarse del fitoplancton, estos moluscos privan a otras especies de una fuente de alimento vital, además de adherirse a las redes de pesca y rasgarlas.

"Ya no se gana dinero [con la pesca]", señala Coney, que trabaja en el lago desde 1975. "Ya no es un medio de vida".

Como en España, las floraciones de algas del Lough Neagh son el resultado de décadas de contaminación por nutrientes. El sector ganadero de Irlanda del Norte ha crecido rápidamente, respaldado (fuente en inglés) por planes de expansión del Gobierno desde 2013: el número de aves de corral ha aumentado en un tercio y el de cerdos, un 74%.

A comienzos de este año, la organización sin ánimo de lucro Watershed Investigations y el diario británico 'The Guardian' encontraron (fuente en inglés) indicios de presencia de heces de vaca, cerdo y humanas en muestras de agua del lago, que se extiende casi 400 kilómetros cuadrados y suministra el 40% del agua potable de Irlanda del Norte.

Mary O'Hagan se vio obligada a dejar de bañarse en el Lough Neagh por la contaminación de algas. | El pescador Declan Coney afirma que ya no puede ganarse la vida en el Lough Neagh.
Mary O'Hagan se vio obligada a dejar de bañarse en el Lough Neagh por la contaminación de algas. | El pescador Declan Coney afirma que ya no puede ganarse la vida en el Lough Neagh. Joe Laverty

La normativa destinada a mejorar la calidad del agua del Lough Neagh, que incluye la reducción de los niveles de fósforo y nitrógeno en los piensos animales y límites a la aplicación de estiércol, debe reforzarse y aplicarse mejor, concluyó en abril un informe (fuente en inglés) de la Office for Environmental Protection. El documento recoge inversiones y esfuerzos positivos por parte de los ganaderos, pero señala que se necesita más apoyo y supervisión en las explotaciones.

Mary O'Hagan vive en la orilla noroeste del lago. Durante la pandemia de COVID-19 creó un grupo de baño en aguas abiertas y descubrió que el agua fría le aportaba enormes beneficios, desde mejorar la salud mental hasta aliviar dolores crónicos.

"Cuando tenía treinta y tantos años, apenas tenía vida, no me cuidaba. Nadar en el Lough Neagh me cambió la vida por completo", relata O'Hagan. "Teníamos una comunidad".

Pero tras el segundo año de floraciones de algas, se vio obligada a disolver el grupo de baño.

"Era como un Armagedón. Ver las orillas cubiertas hasta donde alcanzaba la vista por una pasta verde guisante fue horrible", dice. "No podía, en conciencia, organizar baños en los que la gente estuviera expuesta a bacterias, algas o a saber qué más". Las algas verdeazuladas pueden provocar vómitos, diarrea e irritaciones en la piel.

Las algas verdes bajan por el río Yar hasta el mar en la playa de Plage du Yar, en Plestin-le-Grèves.
Las algas verdes bajan por el río Yar hasta el mar en la playa de Plage du Yar, en Plestin-le-Grèves. Selene Magnolia Gatti

"Más animales que personas": los vertidos de estiércol envenenan las playas de Bretaña

Bretaña, en el noroeste de Francia, libra su propia batalla mortal: las algas lechuga de mar se han relacionado con hasta seis fallecimientos en playas de la región desde la década de 1980. Al descomponerse pueden producir sulfuro de hidrógeno, un gas letal que huele a huevo podrido y que, inhalado en grandes cantidades, puede obstruir las vías respiratorias y provocar acumulación de líquido en los pulmones.

Los vecinos no ocultan sus sospechas sobre la causa. Cerca de la localidad turística de Saint-Brieuc, alguien ha garabateado "les cochons" (los cerdos) sobre un cartel oficial que advierte del peligro y los síntomas de inhalar los gases tóxicos de las algas.

El activista medioambiental Yves-Marie Le Lay muestra la mascarilla que lleva cuando las algas alcanzan niveles peligrosos en la Plage du Fond de la Baie, en Locquirec, Bretaña.
El activista medioambiental Yves-Marie Le Lay muestra la mascarilla que lleva cuando las algas alcanzan niveles peligrosos en la Plage du Fond de la Baie, en Locquirec, Bretaña. Selene Magnolia Gatti

"Aquí hay muchos más animales que personas", afirma el escritor ambiental Yves-Marie Le Lay, que se pone una mascarilla de protección en su playa cuando la proliferación de algas alcanza niveles peligrosos. Aunque la península bretona apenas representa el 5% de la superficie de Francia, sus 6,8 millones de cerdos suponen el 58% de la cabaña porcina del país. "Tenemos un problema de estiércol, todo acaba en los ríos".

El Tribunal de Cuentas francés, la Cour des comptes, concluyó en 2021 que más del 90% del nitrógeno de las bahías afectadas procede de la agricultura.

El activista ecologista Fabrice Hamon mira con inquietud a los próximos meses. En su playa, la Plage de Penfoul, la presencia de E. coli obligó a imponer una prohibición parcial de baño en 2025. La sequía de este verano ha hecho que los nutrientes sobrantes, potencialmente nocivos, se acumulen en los suelos de los campos cercanos abonados con estiércol.

Fabrice Hamon utiliza un dispositivo para analizar el agua del río Foul y recoge muestras periódicas para comprobar la presencia de E. coli.
Fabrice Hamon utiliza un dispositivo para analizar el agua del río Foul y recoge muestras periódicas para comprobar la presencia de E. coli. Selene Magnolia Gatti

"Ahora mismo hay una acumulación de bacterias en los campos", explica Hamon. "Solo hace falta un chaparrón fuerte y, bingo. Es un veneno de acción lenta: poco a poco, los ecosistemas se van degradando por la acumulación de contaminación vinculada a la agricultura intensiva".

Hamon trabaja en un sistema para vigilar la presencia de estas bacterias en unos 20 ríos que desembocan en playas de la zona, de modo que turistas y bañistas puedan consultar las alertas a través de una aplicación llamada 'La Météo Bacterio' (la previsión bacteriana) (fuente en inglés).

En otros puntos de Europa, la ciudadanía puede comunicar la presencia de algas verdeazuladas mediante la aplicación 'Bloomin' Algae' (algas en floración) (fuente en inglés) del Centro de Ecología y Hidrología del Reino Unido. La aplicación está disponible en el Reino Unido, Bélgica, Grecia, Luxemburgo, Países Bajos y Noruega.

Los carteles de advertencia en la playa de Penfoul dicen: Bañarse solo en la zona recomendada para el baño, que está sometida a controles de calidad del agua por parte de la ARS (Agencia Regional de Salud).
Los carteles de advertencia en la playa de Penfoul dicen: Bañarse solo en la zona recomendada para el baño, que está sometida a controles de calidad del agua por parte de la ARS (Agencia Regional de Salud). Selene Magnolia Gatti

"El mar estaba muerto": las floraciones de algas en el Báltico se disparan con el calor récord

Proyectos de ciencia ciudadana como el de Hamon pueden resultar esenciales en la lucha contra la contaminación de las aguas europeas.

En el norte de Alemania, voluntarios coordinados por la sección de Schleswig-Holstein de la organización ecologista Bund für Umwelt und Naturschutz Deutschland (BUND) están recogiendo muestras de agua (fuente en inglés) dos veces al mes en ríos locales para ayudar a localizar los focos de contaminación y reducir la escorrentía de nutrientes hacia el mar Báltico.

Jürgen Leicher, vicepresidente del grupo, navega por estas aguas desde hace 40 años y asegura que las floraciones de algas de este año son las peores que ha visto.

Una gaviota hace frente a las olas con algas que llegan a la playa del mar Báltico en Haffkrug, Alemania, el domingo 28 de diciembre de 2025.
Una gaviota hace frente a las olas con algas que llegan a la playa del mar Báltico en Haffkrug, Alemania, el domingo 28 de diciembre de 2025. AP Photo/Michael Probst

En junio, las temperaturas batieron récords en Alemania durante tres días consecutivos, al rozar los 42°C. Imágenes de satélite del Báltico tomadas en agosto muestran enormes manchas de algas girando hacia la costa. Las algas crecen más rápido y permanecen más tiempo en aguas cálidas, ya que las temperaturas más elevadas les permiten alimentarse y reproducirse a mayor ritmo.

"Impresiona navegar cientos de millas sobre un mar sucio de color amarillo parduzco", describe Leicher. "En medio de todas esas algas, el mar estaba muerto. No se ven aves, ni mamíferos, ni peces. Está completamente vacío".

Para Isabel Seeger, experta en conservación marina de Deutsche Umwelthilfe, el origen del problema está claro: "Nuestro actual sistema agrícola, basado en un elevado consumo de fertilizantes y en los purines de la ganadería industrial, es la principal causa de la eutrofización del mar Báltico".

El organismo intergubernamental HELCOM estima que la agricultura es responsable de hasta el 90% del nitrógeno y hasta el 80% del fósforo presentes en las descargas difusas de nutrientes hacia el Báltico.

Pese a décadas de esfuerzos intergubernamentales para reducir la contaminación por nutrientes, como la imposición de límites estrictos al uso de fertilizantes agrícolas, el Báltico tiene dificultades para recuperarse de los daños ambientales agravados por el aumento de las temperaturas.

Cada año, cuando las algas mueren se hunden en el fondo marino arrastrando grandes cantidades de fósforo. Ese fósforo vuelve a liberarse al océano en años posteriores, en un peligroso círculo de retroalimentación que se acelera a medida que el mar se calienta.

En última instancia, los científicos sostienen que hay que reducir drásticamente la contaminación por nutrientes para frenar estas floraciones dañinas recurrentes, y eso pasa por transformar las prácticas agrícolas.

"La ciencia es clara respecto a lo que hay que hacer", afirma el profesor Friedhelm Taube, de la Universidad de Kiel (CAU), que pasó 12 años asesorando al Ministerio de Agricultura alemán.

Los gobiernos, añade, deben ayudar a los agricultores a utilizar menos fertilizantes ricos en nitratos, a sembrar cultivos trampa, como mezclas de gramíneas y trébol, que absorben parte del exceso de nutrientes del suelo antes de que lleguen a ríos, lagos y mares, y a reducir el número de animales en las explotaciones hasta una unidad de ganado por hectárea, un término técnico (fuente en inglés) que equivale a una sola vaca lechera o aproximadamente tres cerdos en las tierras disponibles, dice.

Para los activistas de Murcia, el dilema es igual de claro: "O destruimos el Mar Menor o transformamos el modelo agrícola", resume Luengo.

Investigación adicional de Joey Grostern

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