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Lo (poco) que sabemos sobre el nuevo coronavirus y las (muchas) incógnitas

El nuevo coronavirus (en azul) surge de células cultivadas en laboratorio. El virus obtenido de un paciente estadounidense.
El nuevo coronavirus (en azul) surge de células cultivadas en laboratorio. El virus obtenido de un paciente estadounidense.   -   Derechos de autor  National Institutes of Health/ AFP
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Una de las dificultades en la lucha contra la pandemia que ha puesto el mundo patas arriba es que la ciencia no entiende muchos de los comportamientos del virus. Para descifrar lo que se sabe y lo que no entre la actual "infodemia", con un exceso de información inexacta, consultamos a Morgan Gaia, investigador sobre la co-evolución de los virus y las células", actualmente en Génoscope - CEA.

"En efecto, aunque conocemos esta familia de virus, las características específicas de las enfermedades humanas asociadas a la cepa del SARS-CoV2 (tiempo de incubación, etc.) requieren más tiempo y perspectiva para ser determinadas con precisión. Además, los estilos de vida, el clima y las medidas adoptadas por los gobiernos para frenar su propagación son parámetros que afectarán a estos datos" explica.

El conocimiento sobre el virus avanza cada día, pero también nos enfrentamos a una avalancha de publicaciones científicas preliminares que añaden más confusión que otra cosa para la prensa y el público.

Es el caso de la cloroquina, que ya se agota en las farmacias y todavía no está probada clínicamente. Otro estudio (muy criticado) apuntaba a que la contaminación por partículas finas podía ser un vehículo para la propagación del virus.

Intentamos reunir lo que sabemos con certeza y las incógnitas más importantes sobre el virus.

¿Qué se sabe sobre el nuevo coronavirus SARS-CoV-2?

Según Morgan Gaïa, muchas de las características son comunes a otros virus conocidos. Lo que hace que esta vez todo sea distinto es una combinación de factores.

Facilidad de contagio

Su principal característica es su facilidad para propagarse y contagiarse. "Se estima que, sin medidas de contención, una persona infectada contagiará a un promedio de 2 o 3 personas. También hay casos documentados de 'supercontagiadores', es decir, personas infectadas que, por razones que no se comprenden bien, contaminan un número mucho mayor de personas. Esto se ve facilitado por la falta de inmunidad de la población, al tratarse de un nuevo virus" explica Gaïa.

Cada vez más los científicos apuntan a que el secreto del éxito de su propagación es que es prácticamente "invisible" alno provocar síntomas en una gran parte de los casos (podría ser un 50% o más), o síntomas leves, idénticos a una gripe o un catarro común. Gaïa apunta que "aunque estos casos pueden ser aproximadamente un 50% menos contagiosos que los que tienen síntomas más avanzados, su gran número sería un importante contribuyente a la propagación".

Falta de preparación en muchos países

Esto, sumado a la lentitud en reaccionar de las autoridades y en consecuencia de los ciudadanos ha hecho que lleguemos a la actual situación, con un media humanidad encerrada para frenar su propagación.

"En Asia están mejor preparados porque han tenido otras epidemias y son más disciplinados a la hora de protegerse y aplicar medidas de aislamiento" comenta Gaïa.

Las epidemias siempre tienen un componente político y las autoridades dudan a la hora de aplicar medidas impopulares, que pueden causar pánico y / o dañar la economía. Estas dudas, de China a Estados Unidos, pasando por Europa, también son una clave de la situación actual.

Para la fulgurante propagación del virus Gaïa apunta a la globalización. El hecho de que haya aparecido en una ciudad de 11 millones de habitantes, hiperconectada por tierra mar y aire, la "fábrica del mundo", ha favorecido esta situación sin precedentes.

Desconocimiento sobre el virus

Otro problema ha sido la falta de conocimiento y de comunicación entre la ciencia, las autoridades, y el público. La comunidad científica china comienza a emerger, pero existen dudas sobre su adaptación a los estándares científicos internacionales y la influencia de las autoridades en las publicaciones. "Muchas de las investigaciones sólo se han publicado en chino" precisa Gaïa, y a menudo sin cifras estadísticas claras.

Así, en las primeras fases de la epidemia se ha insistido en la vigilancia de síntomas como la fiebre y la tos como una clave para aislarse y proteger al resto de la población, y ahora sabemos que era una pista falsa, que ha hecho perder varios meses debido a que no se tomó en cuenta a los portadores sin síntomas o con síntomas leves.

"Esto ilustra los riesgos de las epidemias rápidas: lo que podemos ver en las primeras etapas son los signos clínicos de los pacientes que están siendo tratados. Esta es la punta visible del iceberg, y sólo podemos intentar adivinar el tamaño de la parte invisible. Ante la emergencia, se han publicado muchos datos, algunos sin las informaciones que realmente nos permitirían compararlos entre sí y sacar a la luz los diferentes aspectos de una realidad más compleja" dice Gaïa.

No se ha creado en laboratorio

El investigador rechaza de plano las teorías de la conspiración sobre un virus "creado en laboratorio", recuerda que los virus tienen un papel regulador en la naturaleza, y que aunque el COVID-19 ha tomado por sorpresa a la mayoría de Gobiernos de todo el mundo, era de esperar que en algún momento se produjera una pandemia similar. "Los análisis de hecho confirman sin ambigüedad que se trata de un virus de origen natural".

Apunta a la pérdida de biodiversidad y nuestro impacto en el medio ambiente como uno de los desencadenantes. "Cuando reducimos la distancia entre el mundo natural y el humano, cuando dejamos tan poco espacio a las especies salvajes animales y vegetales, propiciamos que virus que son naturales para otras especies se transfieran al ser humanonuevos y situaciones como esta" explica el investigador.

"La biodiversidad no sólo se refiere a lo visible, sino también a los microorganismos y los virus. Los impactos que los desastres naturales o climáticos, o incluso el hombre por sí solo, pueden tener en esta biodiversidad tienen consecuencias más profundas de lo que a menudo se sospecha. Incluyendo la aparición de epidemias" señala Gaïa.

Efectos muy diversos en el cuerpo humano

Sabemos también que el virus es capaz de provocar un síndrome respiratorio agudo severo en las personas de edad avanzada e incluso la muerte. Pero no afecta sólo a los mayores. En Francia, se estima que el 50% de los pacientes en reanimación tienen menos de 60 años.

Cuando se produce la infección, es capaz de crear, además de neumonía, una tormenta de citoquinas, una reacción exagerada del sistema inmunológico capaz de afectar a la mayoría de órganos. La respuesta inmune del cuerpo es a menudo tan violenta que puede dañar tejidos sanos.

Se han dado casos de miocarditis fulminante.

La enfermedad afecta muy poco a los niños. Desarrollan menos síntomas y hay muy pocos casos de menores afectados por las formas graves - aunque sí hay casos - pero pueden estar infectados. Recientemente ha muerto una niña de 12 años en Bélgica y una adolescente de 16 en Francia.

Se desconocen los motivos por los que el virus puede provocar estas reacciones violentas en personas sanas pero se sospecha que son de orden genético.

Se considera que los menores contribuyen a la propagación de la enfermedad, por eso una de las primeras medidas en todo el mundo fue el cierre de centros educativos.

Se sabe que el nuevo coronavirus invade las células gracias a su capacidad de "hackear" el receptor ACE2.

Factores de riesgo

La edad es el factor determinante para desarrollar estados graves de la enfermedad y en el riesgo de fallecimiento. La mayoría de los casos graves y fallecidos son hombres. También parece comprobado que los pacientes con hipertensión, diabetes y enfermedades respiratorias crónicas y cardiovasculares son más propensos a sufrir más complicaciones del COVID-19. Se ha apuntado al grupo sanguíneo, en base a una investigación preliminar china. El grupo A sería más vulnerable.

¿Qué es lo que no se sabe sobre el nuevo coronavirus?

En el fondo, casi todo, a pesar del tsunami de información al que estamos expuestos cada día. Entre lo más importante para frenar la pandemia:

Las cifras reales de contagio y mortalidad

La mayoría de países, con pocas excepciones están muy limitados a la hora de realizar pruebas, aunque están intentando mejorar después del llamado de la Organización Mundial de la Salud.

También hay diferencias en la forma de contabilizar los casos y las muertes. Por ejemplo, en Francia sólo se contabilizan los fallecimientos en los hospitales: por lo tanto, todavía está por determinar una proporción desconocida en las residencias de ancianos. Morgan Gaïa precisa que "algunos países también carecen de recursos para centralizar sus datos, mientras que otros pueden carecer de transparencia".

Falta de pruebas

El hecho de que muchas personalidades políticas y del mundo de la cultura hayan anunciado que padecen el COVID-19, se debe a que tienen mayor facilidad de acceso a las pruebas. La capacidad limitada en la realización de tests, hace que hoy en día sea imposible conocer las cifras reales de la pandemia.

Sólo se podrían tener estimaciones más precisas con los análisis serológicos, que mostrarían la proporción de población que ya tiene anticuerpos del SARS-CoV-2.

Los países afectados están intentando multiplicar su capacidad de realizar tests rápidamente. Según Gaïa la capacidad y fiabilidad de las pruebas "también se ve afectada por la etapa de la infección en un paciente y la fuente de la muestra (nariz, lavados bronco-alveolares, etc.)".

Apunta a que nunca conoceremos su verdadero alcance. "No será posible hacer tests a toda la humanidad en un momento dado. Sólo podremos tener estimaciones y simulaciones".

La proporción de casos asintomáticos

Ignorados en un principio, cada vez más estudios apuntan a que la alta proporción de casos sin documentar (sin síntomas o con síntomas leves) ha favorecido la pandemia. La OMS estima que el 80% de las personas experimentarán síntomas leves.

Todo indica pues, que las cifras reales de contagio son mucho mayores que las oficiales, con lo cual la tasa de mortalidad real del virus es mucho menor.

Morgan Gaïa explica que la cuarentena "mundial" que vivimos tiene como objetivo preservar los sistemas sanitarios. "En términos sanitarios es una situación grave. La mortalidad no es extrema, pero sigue siendo más alta que la de la gripe, y el número de formas graves que requieren hospitalización también es significativo: cuando se compara con el número de personas infectadas, supera con creces la capacidad de tratamiento de los hospitales de la mayoría de los países. Y cuando un sistema de salud se ve saturado, la mortalidad aumenta" comenta.

La duración de contagio

La duración de contagio. La cuarentena de 14 días es una aproximación. No se sabe con certeza durante cuanto tiempo un enfermo es contagioso. Además, enfermos o no, todos podemos ser transmisores del virus en nuestras manos, calzado... De ahí la importancia de la cuarentena generalizada y la reducción del contacto social.

Estudios chinos han demostrado que en los pacientes el virus puede ser detectado (y por lo tanto potencialmente transmitido) durante 8 a 37 días, con un promedio de 20 días.

La forma de contagio

No se sabe exactamente cuanto puede "vivir" el virus al aire libre, en las distintas superficies. Tampoco si se transmite a través del aerosol, esto es, no sólo por la saliva, sino simplemente por la respiración de una persona infectada. "Sabemos que las principales vías de entrada son: la saliva y las excreciones nasales (tos, estornudos, ...), y el contacto de las manos entre una superficie contaminada. El hecho de que los aerosoles (habla, respiración) también estén implicados es hipotético, así como la importancia de esta ruta si se confirmara" dice Gaïa.

Se ha estimado que puede permanecer hasta 2-3 días en plástico y acero, 24 horas en cartón, potencialmente hasta 3 horas en aerosoles, pero sólo en condiciones de laboratorio. En el exterior, la supervivencia del virus depende de las condiciones ambientales. La humedad y el frío favorecen la supervivencia del virus.

Las consignas de lavarse las manos y evitar las aglomeraciones siguen siendo la barrera más eficaz.

La inmunidad de quienes han pasado la enfermedad

La inmunidad de la varicela dura toda la vida, la inmunidad a los catarros provocados por otros tipos de coronavirus es muy corta, así que nos podemos contagiar incluso varias veces en el mismo invierno. La gripe evoluciona cada temporada por lo que es necesario desarrollar nuevas vacunas. No se sabe en qué tipo de inmunidad se sitúa SARS2

En ocasiones, la reacción del sistema inmunitario puede ser tan fuerte que causa lesiones en los órganos.

El origen exacto

Las últimas investigaciones confirmarían que es de origen animal, no creado en un laboratorio. Una de las pistas es que proviene de los murciélagos y habría sido transmitido a los humanos por el pangolín, pero no hay certeza de ello. Los científicos sí consideran claro que se trata de una combinación de virus. "Se trata de un fenómeno natural: los virus circulan en una población en una 'especie depósito' (en el caso de los coronavirus, a menudo murciélagos, muy resistentes) y luego se transmite a una especie intermedia en la que se adapta, antes de ser transmitido a los humanos. En el caso del SARS-CoV2, las dudas se refieren principalmente a cuales son las especies intermedias.

Tratamiento y vacunas

No existe un tratamiento eficaz comprobado, a pesar del ruido en torno a la cloroquina, que está agotando los stocks de este medicamento antipalúdico, contra el lupus y enfermedades articulares. Laboratorios de todo el mundo trabajan en ensayos clínicos para encontrar un tratamiento y vacunas, que podrían llevar más de un año en ver la luz.

La estacionalidad

Aunque basándose en otros virus se espera que el verano y el calor frenen la pandemia en el hemisferio norte, no hay ninguna certeza. No se sabe si se convertirá en un virus endémico como la gripe o los catarros provocados por otros coronavirus. No se sabe si se propagará en olas sucesivas como ocurrió por ejemplo con la gripe española.