El calor extremo no solo está haciendo las ciudades menos habitables, también está redefiniendo quién puede permitirse vivir en cada zona.
Panaderías de masa madre, cafeterías de tercera ola y pequeños bares de vinos son desde hace décadas señales inequívocas de gentrificación que se extienden por las afueras de las ciudades europeas. Pero ahora ha surgido un nuevo factor que separa a ricos y pobres, y que va mucho más allá de la calidad de la bollería del barrio.
Los riesgos asociados al cambio climático, como las inundaciones, la erosión costera o el calor extremo, influyen cada vez más en el lugar donde la gente decide vivir. Esto da pie a la llamada "gentrificación climática", cuando los precios de la vivienda en los barrios más seguros suben por la llegada de residentes con mayor poder adquisitivo y expulsan a quienes tienen menos margen económico.
Un nuevo estudio realizado en Barcelona analiza este fenómeno y cartografía, en una plataforma de acceso abierto, qué zonas de la ciudad española son más vulnerables a la gentrificación climática.
Publicado en la revista 'Journal of City Climate Policy and Economy', el proyecto ClimateJusticeReady reúne indicadores ambientales, sociales y de vivienda para elaborar un índice de vulnerabilidad a la gentrificación climática.
Qué barrios están más expuestos a la gentrificación climática
Investigadores del Barcelona Lab for Urban Environmental Justice and Sustainability (BCNUEJ) del Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) recopilaron información sobre exposición al calor, acceso a espacios verdes, vulnerabilidad social, antigüedad de los edificios y equipamientos públicos en los 36 municipios del área metropolitana de Barcelona.
Sus resultados fueron contraintuitivos, los lugares más susceptibles a la gentrificación climática eran justo lo contrario de los asociados a las formas tradicionales de gentrificación.
Aunque en los centros urbanos consolidados los precios de la vivienda suelen ser elevados por la proximidad a nudos de transporte, comercios y restaurantes, se trata también de zonas muy construidas y densamente pobladas, lo que las hace más cálidas y más contaminadas.
Los barrios de la periferia urbana, en cambio, suelen ser más verdes, menos densamente poblados, menos contaminados, más frescos y, hasta ahora, más asequibles. También tienden a tener edificios de mayor calidad.
Las viviendas de estas zonas han escapado hasta ahora a la especulación y a la gentrificación impulsada por el comercio y el turismo que afecta a los barrios más céntricos, pero el estudio señala que podrían convertirse en el nuevo destino de quienes buscan huir del calor del centro.
"A medida que el cambio climático nos trae olas de calor más largas e intensas en viviendas que no están preparadas para soportarlas, las prioridades de la gente pueden cambiar", afirma Amalia Calderón Argelic, codirectora del proyecto.
"Zonas en las que la gentrificación hasta ahora ni siquiera entraba en la conversación pueden volverse ahora muy atractivas desde el punto de vista ambiental y del confort térmico."
La gentrificación climática puede agravar la desigualdad
Del mismo modo que los habitantes de muchas ciudades europeas han sido expulsados de los centros urbanos por los precios, pronto podrían encontrarse con nuevas barreras en la periferia si los fenómenos meteorológicos extremos empujan a los residentes más acomodados a mudarse a barrios más protegidos. Esto intensificaría un proceso que ya está en marcha.
Este verano, sucesivas olas de calor han golpeado a ciudades europeas, incluida Barcelona, con temperaturas récord. El calor extremo ya no es un episodio aislado, sino un rasgo cada vez más prolongado de los veranos europeos, advirtió recientemente el Servicio de Cambio Climático de Copernicus de la UE.
Las inundaciones costeras extremas también son mucho más frecuentes a medida que el cambio climático de origen humano eleva el nivel del mar, mientras que el aumento de las temperaturas provoca lluvias más intensas.
Las inversiones municipales en medidas de adaptación climática, como crear espacios verdes o restaurar cauces y riberas, pueden acabar encareciendo la vivienda en los barrios donde se realizan y expulsar a las poblaciones vulnerables que viven allí, advierten los investigadores del proyecto ClimateJusticeReady.
La gentrificación climática ya está en marcha en ciudades estadounidenses como Boston y Miami, donde las inundaciones frecuentes y el aumento del nivel del mar se han convertido en amenazas crecientes.
Sin políticas que se anticipen a este cambio, es probable que las mismas desigualdades que se observan en los centros urbanos se reproduzcan en nuevas zonas, añaden.
"El problema es que esto puede suceder en municipios que no están preparados para gestionar todo lo que puede implicar en términos de desigualdades sociales y desplazamientos", advierte Amalia Calderón Argelich.
El proyecto de Barcelona señala varios municipios de la periferia metropolitana como especialmente vulnerables a la gentrificación climática. Entre ellos figuran Badia del Vallès, Sant Adrià del Besòs, Castelldefels, Valldoreix y partes de Sant Boi de Llobregat y Torrelles de Llobregat.
Es uno de los primeros trabajos que analiza de forma sistemática este fenómeno en el Mediterráneo europeo, pero, a medida que se intensifican los episodios extremos debido a las emisiones provocadas por el ser humano, se trata de una tendencia que no hará sino crecer.