Los sensores portátiles de contaminación permiten vigilar espacios antes inaccesibles, desde andenes del metro hasta patios de colegios.
En la mayoría de los países, la contaminación del aire sigue siendo una de las mayores amenazas para la salud de la población. En Londres la situación ha mejorado, en gran medida gracias a normas de transporte más estrictas.
Un análisis independiente realizado por expertos del Imperial College London concluye que la Zona de Ultra Bajas Emisiones (ULEZ), que mantiene los vehículos más contaminantes fuera de circulación, ha reducido los niveles de contaminación por partículas finas (PM 2,5) en un 31 por ciento en la periferia de Londres y el dióxido de nitrógeno, el gas vinculado al tráfico que irrita los pulmones, en un 27 por ciento en toda la ciudad.
Pero la calidad del aire puede variar a lo largo del día, y lo mismo ocurre con el ozono, el polen y otros contaminantes.
Los sensores de calidad del aire llegan a nuevos lugares
Seguir estos vaivenes resulta cada vez más sencillo gracias a una nueva generación de sensores de calidad del aire, compactos y relativamente asequibles, aunque su precio sigue estando en las decenas de miles de euros.
La doctora Kayla Schulte es investigadora en tecnología social y ambiental en el Imperial College London. Su trabajo de campo se apoya en dispositivos como un medidor portátil de carbono negro, un sensor compacto que registra la contaminación por partículas procedente de la combustión de materiales como la madera o el carbón.
"Aquí en el Reino Unido tenemos niveles más bajos de carbono negro", explica a Euronews Earth. "Es sin duda un problema a escala mundial y contribuye a un número muy elevado de muertes".
Estos pequeños sensores, que ya se utilizan en toda la red de vigilancia "Breathe London" de la capital británica, pueden llegar donde los voluminosos equipos de referencia nunca han podido hacerlo.
"Contar con equipos pequeños y compactos como estos sensores cambia realmente dónde y cómo podemos vigilar la contaminación", afirma Schulte, señalando a colegas que ahora miden la calidad del aire en el interior del metro de Londres.
Su tamaño también facilita colocar los sensores justo donde más se necesitan, en las comunidades que soportan la mayor carga de contaminación. Y los desarrolladores de software pueden integrar las mediciones en sus propias aplicaciones y plataformas, de modo que la calidad del aire se convierte en algo que la ciudadanía puede consultar en su teléfono, esté donde esté en Londres.
Hacer que los datos sobre contaminación sean más claros y accesibles
Para Schulte este aspecto es clave, es importante que la ciudadanía vea realmente los datos que generan los sensores. "Determinados grupos de la sociedad tienen más probabilidades de interactuar con información sobre contaminación cuando cuidan de una persona que puede tener un problema de salud", explica. Pero muchas personas que podrían beneficiarse de datos en tiempo real simplemente nunca llegan a encontrarlos.
Parte del problema, sostiene, es cómo se publican esos datos. "La forma en que se presenta la información sobre contaminación del aire puede ser muy, muy compleja".
Su equipo trabaja directamente con las comunidades afectadas para corregirlo, organizando actividades escolares en las que el alumnado diseña sus propios paneles sobre contaminación y colaborando con residentes en el proyecto AWAIR, una serie de pantallas públicas de calidad del aire alimentadas por energía solar que ya se han instalado en varios barrios de Londres.
Se prevén nuevas instalaciones mientras los investigadores intentan reducir la distancia entre lo que los sensores pueden medir y lo que la ciudadanía puede realmente comprender.