Dos nuevos estudios asocian el consumo de algunos conservantes alimentarios comunes con un mayor riesgo de ciertos tipos de cáncer y de diabetes tipo 2, aunque los investigadores subrayan que se trata de estudios observacionales y que se necesita más investigación.
Los conservantes químicos presentes en algunos embutidos, frutos secos procesados, quesos y productos de chocolate podrían aumentar el riesgo de desarrollar determinados tipos de cáncer y diabetes de tipo 2, según concluyen dos importantes estudios publicados recientemente.
Las investigaciones, publicadas en las revistas 'BMJ' y 'Nature Communications', indican que un mayor consumo de ciertos aditivos conservantes se asocia con una incidencia de diabetes tipo 2 hasta un 47% superior y con un aumento de hasta el 32% en la incidencia de algunos tipos de cáncer, en comparación con un consumo más bajo.
"Este estudio aporta nuevas ideas para la futura reevaluación de la seguridad de estos aditivos alimentarios por parte de las agencias sanitarias, teniendo en cuenta el equilibrio entre beneficio y riesgo para la conservación de los alimentos y el cáncer", escribieron los autores del estudio centrado en el cáncer.
Conservantes y diabetes de tipo 2
Los conservantes forman parte de la familia de los aditivos alimentarios y son ampliamente utilizados por la industria alimentaria mundial para prolongar la vida útil de los productos.
Para el análisis de la diabetes, los investigadores agruparon los conservantes en dos categorías: no antioxidantes, que inhiben principalmente el crecimiento microbiano o ralentizan los procesos químicos que provocan el deterioro de los alimentos, y antioxidantes, que retrasan o previenen ese deterioro limitando la oxidación.
Una mayor ingesta de conservantes no antioxidantes se asoció con una incidencia un 49% mayor de diabetes de tipo 2. En el caso de los conservantes antioxidantes, la incidencia de la enfermedad fue un 40% más elevada entre los participantes con un consumo elevado.
Conservantes específicos relacionados con el cáncer
El estudio sobre el cáncer, además de analizar la ingesta total de conservantes, examinó 17 sustancias concretas. Aunque no se observó una relación entre el consumo total de conservantes y la incidencia global de cáncer, sí se identificaron asociaciones entre determinados conservantes y tipos específicos de cáncer.
Los investigadores hallaron que el sorbato de potasio, utilizado habitualmente en productos lácteos y de panadería para prevenir la proliferación de mohos y levaduras, se asociaba con una incidencia un 14% mayor de cáncer en general y con un riesgo un 26% mayor de cáncer de mama.
El nitrito sódico, un agente curante presente en el beicon, el jamón, las salchichas y otras carnes procesadas, se relacionó con una incidencia un 32% mayor de cáncer de próstata. Por su parte, el nitrato potásico, otro conservante curante, se asoció con un aumento del riesgo de cáncer general (13%) y de cáncer de mama (22%).
Las carnes procesadas, que contienen elevados niveles de aditivos químicos para prolongar su vida útil, ya han sido ampliamente documentadas por su relación con el cáncer colorrectal. En 2015, la Organización Mundial de la Salud clasificó las carnes procesadas, como el jamón, el tocino, el salami y las salchichas tipo Frankfurt, como carcinógenos del grupo 1.
Los acetatos, reguladores de la acidez y agentes aromatizantes de uso común, se asociaron con un aumento del 15% en el riesgo de cáncer general y del 25% en el riesgo de cáncer de mama.
Cómo se realizó el estudio
Los investigadores analizaron datos de la cohorte NutriNet-Santé, un amplio estudio francés con más de 100.000 participantes que completaron registros dietéticos periódicos durante una media de 7,5 años.
Entre 2009 y 2023, los voluntarios proporcionaron información sobre su historial médico, datos sociodemográficos, actividad física y otros aspectos relacionados con su estilo de vida y estado de salud.
También facilitaron de forma regular información detallada sobre su consumo alimentario mediante registros dietéticos repetidos de 24 horas, incluidos los nombres y marcas de productos industriales. Esto permitió a los investigadores, mediante el uso de bases de datos complementarias, estimar la exposición individual a distintos aditivos alimentarios.
Se necesita más investigación antes de hacer recomendaciones
Aunque los autores subrayan la necesidad de seguir investigando para comprender mejor estos vínculos, consideran que los nuevos datos respaldan una reevaluación de la normativa que regula el uso de conservantes por parte de la industria alimentaria, con el objetivo de mejorar la protección de los consumidores.
Se trata de un estudio observacional, por lo que no permite establecer una relación directa de causa y efecto. Los propios investigadores reconocen que no pueden descartar la influencia de otros factores no medidos en los resultados.
Mientras tanto, hacen un llamamiento a los fabricantes para que limiten el uso de conservantes innecesarios y respaldan las recomendaciones dirigidas a los consumidores para priorizar alimentos frescos y mínimamente procesados.
Expertos independientes, aunque reconocen el valor del estudio como base para futuras investigaciones, advierten del riesgo de extraer conclusiones causales prematuras.
"Cualquier petición de cambios en el comportamiento de los consumidores sería prematura, dada la incertidumbre que rodea al análisis de múltiples subgrupos y la posibilidad de errores falsos positivos", afirmó Gavin Stewart, lector de síntesis de pruebas interdisciplinarias de la Universidad de Newcastle, que no participó en el estudio.
Stewart añadió que, incluso si en el futuro se demostrara que evitar determinados alimentos en conserva resulta beneficioso para la salud, los costes asociados para algunos consumidores podrían contrarrestar esos beneficios.