En la localidad de Astros, en el este del Peloponeso, un guardacostas murió al ser golpeado por una ola mientras pedía a los pescadores que abandonaran el puerto.
Horas más tarde, una mujer falleció en el municipio ateniense de Glyfada cuando las aguas de la inundación empujaron un coche contra ella.
Los vientos superaron los 100 kilómetros por hora en algunas zonas, lo que paralizó los ferries y obligó a cerrar colegios en Atenas y en partes del oeste y del sur. Los meteorólogos señalaron que zonas de la capital recibieron el equivalente a seis semanas de lluvia en un solo día.
Las autoridades instaron a evitar los desplazamientos, mientras el primer ministro Kyriakos Mitsotakis aplazó un viaje al extranjero y los equipos de emergencia se ocupaban de las carreteras inundadas y los daños.