Durante siete días, allí se dan cita bailarines, músicos y artesanos de decenas de comunidades de todo el Sáhara, con Níger como invitado de honor junto a grupos de Malí, Marruecos, Mauritania y Burkina Faso.
El programa combina conciertos, desfiles y carreras de camellos, en las que participan más de 400 dromedarios.
Los visitantes pueden además descubrir la artesanía local y probar la gastronomía regional, desde la leche de camella hasta los platos tradicionales.
Más allá de los espectáculos, los organizadores quieren poner en valor el patrimonio del desierto, el turismo y la cooperación entre los países del sur. Tras diez años, el festival se ha consolidado como un espacio de encuentro poco frecuente para las culturas saharianas y sus futuros compartidos.