En la prefectura de Saitama, el maestro espadero Akihira Kawasaki, de 57 años, mantiene viva una tradición de siglos en la forja de katanas, mientras el renovado interés por las espadas japonesas atrae a una nueva generación de aficionados.
La cultura popular, desde el anime hasta los videojuegos, ha contribuido a que este oficio despierte cada vez más atención.
Pese a este resurgir, la profesión afronta dificultades, entre ellas una mano de obra envejecida y un exigente aprendizaje de cinco años, obligatorio por ley en Japón.
Kawasaki afirma que espera que sus espadas se contemplen no solo como productos, sino como obras de arte que reflejan fuerza y belleza.