El corazón de la Semana Santa se ha abierto este jueves con la celebración por parte del papa León XIV de la misa crismal en la basílica de San Pedro, en la que ha advertido contra el abuso de poder y la voluntad de dominio. Ante cardenales, obispos y centenares de sacerdotes, el pontífice ha bendecido los óleos que se utilizarán en todo Roma en bautismos, confirmaciones y en la unción de los enfermos, y ha instado a los católicos a elegir el servicio frente a la fuerza.
Más tarde ese mismo día, en Roma, en la archibasílica de San Juan de Letrán, presidió la tradicional misa de la Cena del Señor del Jueves Santo, en la que lavó y besó los pies de doce sacerdotes.
Su mensaje cobró un peso especial mientras los cristianos se preparan para la Pascua bajo la sombra de la guerra en Oriente Próximo y de una renovada inestabilidad mundial. Las liturgias del dos de abril, una en el Vaticano y otra en Roma, constituyen dos de las ceremonias más simbólicas del Jueves Santo y marcan la primera Semana Santa de León XIV como papa.
En su homilía afirmó que nada bueno puede surgir del "abuso de poder", ni en la vida religiosa ni en la pública, y describió el momento actual como una "hora oscura de la historia".
La misa crismal inaugura formalmente el Triduo Pascual, antes de los oficios del Viernes Santo en el Coliseo y de la Vigilia Pascual en la basílica de San Pedro, dos de los actos más seguidos del calendario cristiano.