En la iglesia de un monasterio del sur de Alemania se exhiben desde hace siglos cuatro esqueletos ornamentados conocidos como "santos de las catacumbas", decorados con seda, oro y piedras preciosas.
Llevadas desde Roma en los siglos XVII y XVIII y consideradas mártires cristianas de los primeros tiempos, estas reliquias se concibieron para suscitar asombro y devoción durante la época barroca.
Hoy siguen siendo una atracción tan llamativa como a veces inquietante, que atrae a visitantes fascinados por su historia, su simbolismo y su elaborada puesta en escena.