En Jan Yunis, mujeres y niños hacen cola con sus ollas, a la espera de la comida cocinada que reparten las cocinas Tikkiyya, gestionadas por organizaciones benéficas, un ritual diario para muchas familias.
La comida sigue siendo escasa; los pasos fronterizos restringen la entrada de ayuda y los precios en los mercados locales resultan inasumibles para la mayoría. Los desplazados cuentan que apenas logran conseguir una comida al día, una dificultad que se agrava en Ramadán, cuando la demanda se dispara al atardecer.
Las condiciones de vida son cada vez más peligrosas. En Jan Yunis, un muro que se derrumbó aplastó varias tiendas donde se refugiaban familias desplazadas y causó la muerte de dos mujeres y un menor. Los supervivientes creyeron al principio que se trataba de un bombardeo.
La mayor parte de la población de Gaza depende ya de la ayuda humanitaria, en un contexto de destrucción generalizada, con más de 40 millones de toneladas de escombros que dificultan la vida diaria por la falta de suministros, los refugios precarios y una incertidumbre constante.