En las playas del Parque Nacional de Pongara, a unos 30 minutos en barco desde Libreville, los conservacionistas patrullan cada día la arena para localizar los nidos, trasladar los huevos amenazados a viveros vallados y ayudar a las crías a iniciar el corto pero peligroso recorrido de diez metros hasta el mar. Este trabajo es crucial porque las tasas de supervivencia son excepcionalmente bajas, y los conservacionistas locales calculan que solo una tortuga de cada 1.000 llega a la edad adulta.
Cuatro especies, entre ellas las tortugas laúd, verde, carey y olivácea, anidan en Gabón de octubre a abril, lo que convierte al país en uno de los hábitats más importantes de África para las tortugas marinas. El reto se agrava por la subida del nivel del mar, los depredadores, la contaminación por plásticos, la pesca industrial y la caza furtiva a lo largo de los 900 kilómetros de costa de Gabón.
Los investigadores y los guardas del parque explican que las crías deben cruzar la arena por sus propios medios para fortalecer los músculos antes de entrar en el Atlántico. Pero las tareas de conservación están sometidas a una presión creciente, y los equipos locales advierten de que la reducción de fondos y los ecoguardas que no cobran pueden debilitar la vigilancia en uno de los periodos más críticos para la especie.