Mónaco recibió este sábado al papa León XIV en la primera visita de un pontífice al principado desde 1538, una estancia de un día que el papa aprovechó para instar a los residentes a poner la riqueza y la influencia al servicio del bien común.
Tras llegar en helicóptero desde Roma, fue recibido por el príncipe Alberto II y la princesa Charlene antes de dirigirse a la multitud desde el Palacio del Príncipe y celebrar más tarde una misa en el estadio Louis II.
La visita va más allá del ceremonial porque Mónaco, un Estado de apenas 2,08 kilómetros cuadrados, sigue siendo uno de los pocos países de Europa donde el catolicismo es la religión oficial. El viaje tuvo además un peso político y social para Mónaco, que alberga a unos 38.000 residentes y es conocido como un centro mundial de las finanzas, el turismo de lujo y la diplomacia.
El papa León llamó la atención sobre la creciente brecha entre ricos y pobres y vinculó la visibilidad internacional de Mónaco con la responsabilidad de promover la justicia y la paz. Su programa incluyó encuentros con la comunidad católica, con jóvenes y con catecúmenos, reflejo del esfuerzo del principado por proyectar una influencia moral más allá de su tamaño.
La visita tiene lugar mientras el Vaticano busca una voz pública más fuerte en una Europa marcada por la secularización, los conflictos y los debates éticos.