La antigua enfermera oncológica que en enero asumió legalmente el cargo de arzobispa de Canterbury inició su ministerio público en una ceremonia a la que asistieron el príncipe Guillermo, la princesa Catalina y el presidente del Gobierno, Keir Starmer.
Celebrado en la festividad de la Anunciación, el oficio subrayó tanto la continuidad como el cambio para la Iglesia, cuyo líder ejerce además como figura simbólica de la Comunión Anglicana mundial, que agrupa a entre 85 y 100 millones de fieles.
Mullally, de 63 años, llega al cargo en un momento complejo. La Iglesia de Inglaterra sigue dividida por el liderazgo de las mujeres, las cuestiones de sexualidad y los fallos en la protección de menores y adultos vulnerables, mientras algunos grupos anglicanos conservadores han puesto abiertamente en duda la autoridad de Canterbury.
Nacida en Woking en 1962, se convirtió en la directora de enfermería más joven de Inglaterra con 37 años antes de formarse para el ministerio y ser nombrada posteriormente obispa de Londres en 2018. Su toma de posesión reflejó también la dimensión global de la Iglesia, con oraciones en varios idiomas y representantes de todo el mundo anglicano.