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Más tóxico que el humo del coche, cómo atajar la contaminación de incendios en Europa

Humo se eleva al cielo durante un incendio en Martignas-sur-Jalles, en el suroeste de Francia, el martes 28 de julio de 2026.
Humo se eleva sobre Martignas-sur-Jalles durante un incendio, en plena ola de fuegos en el suroeste de Francia, martes 28 de julio de 2026. Derechos de autor  AP PhotoAP Photo/Caroline Blumberg
Derechos de autor AP PhotoAP Photo/Caroline Blumberg
Por Angela Symons con AFP
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Combinar la lucha contra la contaminación del aire y el cambio climático puede salvar vidas y impulsar las economías, según informes de la ONU

Los incendios forestales y las olas de calor impulsados por el cambio climático están agravando la contaminación del aire, con consecuencias dañinas para la naturaleza y la salud humana, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

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El calentamiento global está intensificando estos fenómenos, ya que liberan contaminantes microscópicos en el aire que amenazan con socavar los esfuerzos internacionales para mejorar la calidad del aire, advirtió el organismo de la ONU para el tiempo y el clima el lunes 7 de septiembre.

"Los incendios extremos van en aumento y provocan graves consecuencias para la salud debido a la elevada toxicidad del humo", señaló la OMM en un comunicado que acompaña su último Boletín anual sobre Calidad del Aire y Clima.

"Aunque las normativas en Europa y Norteamérica han reducido las emisiones industriales y del transporte de PM2,5, la exposición a las partículas PM2,5 relacionadas con los incendios ha aumentado."

Las partículas en suspensión PM2,5 están formadas por diminutas partículas y gotículas de menos de 2,5 micrómetros de diámetro, lo que supone un riesgo para la salud porque pueden penetrar profundamente en los pulmones y en el torrente sanguíneo. Se emiten en actividades industriales que utilizan combustibles fósiles, la agricultura, la calefacción doméstica y el transporte, además de en los incendios forestales y las tormentas de polvo.

El informe señala que es necesario reforzar la vigilancia de contaminantes atmosféricos como los aerosoles –entre ellos el carbono negro y los microplásticos–, las partículas finas y el ozono a nivel del suelo.

Estos contaminantes "no se controlan lo suficiente pese a estar muy extendidos y ser potencialmente perjudiciales para los ecosistemas", afirmó la OMM.

"[Necesitamos] políticas complementarias y coordinadas sobre calidad del aire y clima porque no se pueden abordar por separado".

Los grandes incendios forestales liberan humo tóxico

"La calidad del aire y el cambio climático no se pueden tratar por separado. Si uno empeora, el otro también", afirma Lorenzo Labrador, de la red de científicos Vigilancia de la Atmósfera Global de la OMM.

"En los lugares donde hay incendios forestales relativamente intensos encontramos mucha contaminación por partículas finas", añade.

Las micropartículas generadas por la combustión de la vegetación son "mucho más tóxicas" que las emitidas por otras fuentes, incluso que los tubos de escape de los coches, subraya.

Perjudican la salud de las personas y de la fauna que vive lejos del propio incendio, ya que el viento las transporta, pero su efecto tóxico no se tiene suficientemente en cuenta en las evaluaciones de calidad del aire, señala Labrador.

"Los modelos de riesgo convencionales basados en las concentraciones totales de PM2,5 pueden infravalorar hasta en un 93 % la mortalidad atribuible a los incendios forestales", advierte la OMM.

Un estudio citado en el Boletín de la OMM indica que los episodios extremos de humo de incendios se han triplicado en todo el mundo desde la década de 1990, y han contribuido a casi 100.000 muertes adicionales al año entre 2010 y 2018, aunque esta cifra podría ser inferior a la real.

Ozono y microplásticos agravan la contaminación del aire

Otra fuente de contaminación atmosférica que conlleva importantes riesgos para la salud es el ozono a nivel del suelo, que se acumula cuando suben las temperaturas, se estancan las condiciones atmosféricas y la radiación solar es intensa, como se ha visto durante las recientes olas de calor en China, Europa y el sudeste de Estados Unidos.

"Esta mayor exposición a la contaminación por ozono puede provocar decenas de miles de muertes prematuras adicionales", sobre todo por enfermedades respiratorias, advirtió la OMM.

Otro motivo de creciente preocupación son las partículas de aerosol, que también pueden viajar hasta océanos y continentes muy alejados de su origen.

Pueden alterar la forma en que la atmósfera refleja la luz solar, cambiar las propiedades químicas de la tierra y el agua y contaminar entornos que de otro modo serían limpios.

"Un ejemplo es la deposición de carbono negro –o hollín– sobre la nieve y el hielo, que reduce la cantidad de luz solar que reflejan estas superficies y, a su vez, puede acelerar el proceso de deshielo", explicó la OMM.

Otro ejemplo son los microplásticos, que se forman cuando los plásticos se degradan por la acción de la luz solar u otros factores y que se encuentran prácticamente en todas partes, en el aire, el suelo y los océanos.

Una simulación incluida en el Boletín de la OMM estima que hay "51 millones de toneladas en tierra y 22 millones de toneladas en el océano –que a su vez son una fuente de microplásticos para la atmósfera".

"A medida que sigue aumentando la producción de plástico y, sobre todo, la mala gestión de los residuos plásticos", el seguimiento de las trayectorias en el aire que transportan los microplásticos desde su origen y los depositan en entornos remotos será "crucial", señala el informe.

El beneficio económico de abordar juntos el cambio climático y la contaminación del aire

Otro informe, publicado el 7 de septiembre por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Coalición por el Clima y el Aire Limpio (CCAC), subraya los beneficios económicos de abordar el cambio climático y la contaminación del aire como un problema conjunto.

Concluye que cada 1 dólar (0,86€) invertido en medidas para el clima y el aire limpio puede generar un retorno de 15 dólares (12,92€). Es más que abordar el clima y el aire limpio por separado e incluye tanto beneficios económicos de mercado como no de mercado, repartidos entre los sistemas de salud, la productividad y los daños climáticos evitados.

"Durante demasiado tiempo hemos tratado la acción climática como un coste que había que gestionar y la contaminación del aire como la consecuencia desafortunada del desarrollo", afirma Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA. "Este informe demuestra lo contrario, el aire limpio es un motor clave del desarrollo, la salud, la alimentación y la seguridad energética, y de la estabilidad del clima, un activo en el que debemos invertir".

Centrado en las emisiones de seis sectores –los sistemas energéticos y de combustibles fósiles, la industria, el transporte, la agricultura y los sistemas alimentarios, la cocina y la calefacción residenciales y la gestión de residuos–, el informe plantea medidas que, de aquí a 2050, podrían reducir a la mitad las emisiones mundiales de dióxido de carbono y evitar 144 millones de muertes prematuras relacionadas con la contaminación del aire.

Entre las 25 medidas propuestas figuran el impulso de las energías renovables, la eficiencia energética, los vehículos eléctricos, combustibles marítimos con bajo contenido en azufre, un uso más eficiente de los fertilizantes, una mejor gestión de las aguas residuales y la reducción progresiva de los HFC.

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