Ola de calor histórica en Francia: cómo los icónicos tejados de ensueño de París se convierten en trampas de calor.
Antes de que el calor se abatiera sobre la ciudad, Amelie Kenney podía presumir de haber encontrado casi una joya rara: un apartamento diminuto pero barato bajo los tejados, en París, con una vista envidiable desde su minúsculo balcón sobre los emblemáticos tejados grises de la capital francesa e incluso, si se inclinaba lo suficiente, hasta la basílica del Sagrado Corazón en lo alto de Montmartre.
Pero con una ola de calor histórica que convierte los apartamentos abuhardillados como el suyo en espacios potencialmente peligrosos para la salud, esta joven licenciada de 23 años ya no se siente especialmente privilegiada.
"Es la peor semana que hemos pasado en este apartamento", contaba esta semana mientras la capital y otras regiones de Europa se asfixiaban. "Por la tarde estamos literalmente cociéndonos y es imposible encontrar el más mínimo respiro".
Muchos edificios parisinos, tan pintorescos vistos desde fuera, se convierten en auténticas trampas de calor durante la ola de calor, cuando las temperaturas récord transforman las largas jornadas de verano y las cortas noches bochornosas en un auténtico combate.
Esto es especialmente cierto para quienes viven directamente bajo los tejados de París y a menudo no pueden permitirse alquilar un piso más grande, en una planta inferior, menos expuesta al sol directo.
París: el riesgo de muerte se multiplica por más de cuatro bajo los tejados
En caso de calor extremo, estas viviendas pueden volverse mortales. Un estudio sobre la ola de calor histórica de 2003, que habría provocado unos 15.000 fallecimientos relacionados con el calor, mostró que vivir en una de las llamadas "chambres de bonne" directamente bajo el tejado en París aumentaba el riesgo de muerte en más de cuatro veces, según un informe de la agencia francesa de salud pública publicado el año pasado.
Y los investigadores que analizaron los fallecimientos vinculados al calor en ciudades europeas para un estudio publicado en 2023 en la revista 'The Lancet Planetary Health' concluyeron que París presentaba los mayores riesgos de mortalidad asociados al calor entre las 30 capitales europeas estudiadas.
En torno a tres cuartas partes de las cubiertas parisinas están recubiertas de planchas de zinc, que conforman esos magníficos panoramas grises que desde hace décadas inspiran a artistas y cineastas. El saber hacer de los techadores de zinc parisinos está reconocido por la agencia cultural de la ONU, la UNESCO, como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. El zinc resiste a las inclemencias del tiempo, es maleable y reciclable. Pero, al ser un metal, absorbe y conduce el calor.
"A la gente le parecen encantadores los tejados de París. Hay todo un imaginario en torno a la chambre de bonne. Pero en realidad, si miramos quién vive en estos alojamientos, suelen ser estudiantes que pagan muchísimo por una habitación diminuta", explica Maider Olivier, de la Fundación Abbé Pierre por la vivienda de las personas desfavorecidas.
"No solo están extremadamente expuestos al calor, además es imposible crear una ventilación cruzada para evacuar el calor por la noche".
París: las normas de protección del patrimonio frenan la adaptación al calor extremo
En este sexto piso sin ascensor que Amelie Kenney comparte con su pareja, Francesca Pilia, también de 23 años, han conseguido encajar un escritorio, una cama de matrimonio y un pequeño piano eléctrico. La única ventana del apartamento, abierta en el tejado de zinc, está orientada al oeste, bajo el sol de mediodía hasta el anochecer. Comparten un alquiler de 735€ al mes.
"Era el sitio más barato", cuenta Kenney. "Me gusta que la ventana dé a la plaza. Puedo ver bodas casi todos los sábados por la mañana. Pero ahora pienso que, si pudiera gastar un poco más para vivir en otro sitio, lo haría".
Mientras que las oficinas, centros comerciales, cines y otros espacios modernos muy concurridos cuentan a menudo con aire acondicionado, los apartamentos privados rara vez lo tienen, en particular en el centro densamente poblado de París, con sus típicos edificios haussmannianos, llamados así por el urbanista del siglo XIX que transformó la ciudad, dotándola de amplias avenidas arboladas y de buena parte de su fisonomía arquitectónica.
Maider Olivier subraya que las normas urbanísticas destinadas a preservar el carácter de París, y en especial sus tejados emblemáticos, frenan los esfuerzos para adaptar las viviendas al calor extremo.
"A algunas personas no se les permite aislar su tejado ni instalar persianas para bloquear el sol y evitar que sus viviendas se recalienten, debido a las normativas que protegen los tejados", explica. "Pero esas mismas reglas que protegen los tejados de París no protegen a los habitantes que viven debajo".
Kenney, originaria de Australia, y Pilia, italiana, están acostumbradas al calor. Pero las temperaturas en París, con récords para un mes de junio que rozan los 40ºC durante el día y 25ºC por la noche, resultan agotadoras.
Han invertido en un pequeño ventilador eléctrico, se dan duchas frías, se refrescan con un paño húmedo, se hidratan y lidian con el dilema de dejar la ventana abierta o no.
"Me despierto y pienso: hace demasiado calor, tengo que abrir la ventana", cuenta Amelie Kenney. "Una hora después me despierto, pienso: hay demasiado ruido, tengo que cerrar la ventana. Es un ciclo muy, muy kafkiano".