Unos 30.000 fieles se congregaron frente al antiguo monumento mientras Leo, escoltado por portadores de antorchas, encabezaba la procesión de una hora desde el interior del anfiteatro hasta el monte Palatino. El gesto dio más peso a su primera Semana Santa como pontífice y situó el sufrimiento físico en el centro del mensaje de Pascua del Vaticano.
El Viacrucis recuerda las últimas horas de Jesucristo, desde la condena hasta el entierro, y sigue siendo uno de los actos más solemnes del calendario católico. En las últimas décadas, varios papas han delegado a menudo parte del rito, lo que hace que la decisión de Leo destaque tanto en el plano litúrgico como en el político.
Su procesión tuvo lugar mientras el Vaticano sigue pidiendo la paz en las zonas en conflicto, especialmente en Oriente Próximo. El programa de Pascua continúa ahora con la vigilia nocturna del Sábado Santo, en la que Leo bautizará a nuevos católicos, antes de la misa del domingo en la plaza de San Pedro y la tradicional bendición Urbi et Orbi.